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Resumen de ponencia
Memoria y violencia en el pasado reciente mexicano: el caso del movimiento estudiantil de 1968

Grupo de Trabajo CLACSO: Violencia y migraciones forzadas

*Erandi Mejia Arregui



Sobre el pasado reciente mexicano existen pocos trabajos académicos. Sin embargo, desde hace algún tiempo el campo comienza a expandirse dentro de la academia mexicana: temas como violencia, memoria, represión, movimientos sociales, disidencia política y democracia en México se han vuelto problemas de interés para el quehacer de distintas disciplinas sociales. Sumando al abordaje de nuevos temas de investigación desde la disciplina histórica, esta ponencia tiene por objetivo analizar cómo se ha construido la memoria de la violencia desde los testimonios de los actores protagonistas del movimiento estudiantil mexicano de 1968.

Como ya es conocido, y siendo muy breve en el recuento de los acontecimientos, el movimiento estudiantil mexicano surgió a raíz de una riña entre estudiantes de dos colegios de la capital donde intervino el cuerpo de granaderos de la Policía capitalina. Por esta intervención se organizó una marcha de protesta que también fue reprimida con violencia y por las fuerzas del orden. Mientras el hostigamiento crecía, los estudiantes se organizaban. En pocas semanas lograron paralizar a los principales centros educación media y superior, crearon el Consejo Nacional de Huelga y establecieron un pliego petitorio con 6 demandas. Al gobierno le exigieron diálogo público. La tensión se extendió por semanas, mientras los estudiantes sostenían la huelga y las movilizaciones en las calles, el gobierno reprimía. El 18 de septiembre el Ejército mexicano invadió las instalaciones de la Ciudad Universitaria y tomó centenares de estudiantes presos. A las pocas semanas, durante la realización de un mitin estudiantil en la Plaza de Tlatelolco, el Ejército combinado con otros cuerpos policiales, disparó contra los estudiantes. Ese día, bajo el mando de un grupo paramilitar –el Batallón Olimpia- se detuvieron a todos los voceros del Consejo Nacional de Huelga que se encontraban en el lugar. Se estima que se detuvo a más de 1,500 personas y el número fatal de víctimas se convirtió en uno de los misterios más grandes de la historia reciente mexicana. Sin embargo, y a pesar de la contundencia de la operación estatal, los estudiantes prolongaron la huelga hasta diciembre. De octubre del ’68 a finales de enero del ’69 fueron aprehendidos muchos voceros del Consejo, el movimiento, no logró sostenerse y, mediante un comunicado publicado el 4 de diciembre de 1968 se dio por terminada la huelga y se disolvió el Consejo. A principios del siguiente año se dictó formal a 68 personas –la mayoría estudiantes y profesores pertenecientes al CNH-.

El impacto de lo sucedido no se hizo esperar. El 2 de noviembre de 1968 con motivo del día de muertos aparecieron ofrendas florales en la Plaza de Tlatelolco. Una década después, en 1978, se inauguraron las conmemoraciones anuales, así, cada año al grito de “2 de octubre no se olvida” una parte de la sociedad mexicana se junta para conmemorar al movimiento estudiantil. En gran medida la persistencia de esta memoria se debe a que muchos actores del movimiento nunca han dejado de tener un lugar privilegiado dentro del espacio público. Aquellos que formaron parte del CNH, que estuvieron presos, que sufrieron en carne propia la violencia de aquellos días son los responsables de motorizar la memoria año con año.
En sus investigaciones sobre las memorias públicas del ’68, Eugenia Allier ha encontrado cuestiones interesantes. Para empezar, propone que coexisten dos memorias divergentes que parecen no contradecirse: el elogio y la denuncia. Mientras que la memoria del elogio hace hincapié en interpretar al movimiento estudiantil mexicano como el antecedente histórico del largo proceso de democratización en México; la memoria de la denuncia tiene su eje en el recuerdo de la violencia y la represión experimentados por los actores durante las movilizaciones estudiantiles.
Aparentemente ambas memorias conviven en el espacio público; no obstante de su relación surge una tensión fundamental, ¿puede una obstruir los objetivos de la otra? Es decir, es posible que la memoria de la denuncia cumpla con sus objetivos en la búsqueda de justicia y lucha por la impunidad si al mismo tiempo que se recuerda la represión se acepta que los sucesos del ’68 fueron el precedente inmediato de una lucha pacífica por la democratización de la política mexicana en el siglo pasado. No pareciera posible, y sin embargo, sucede. ¿Cómo es posible?
A lo largo de este texto intentaremos analizar cómo se ha construido la memoria de la denuncia, cuáles son los elementos que la componen, desde dónde se enuncia el testimonio que recuerda los actos represivos de aquellos años y, por último, como es la relación con la memoria del elogio, aquella que hace del movimiento estudiantil uno de los bastiones de la lucha por la democracia. ¿Qué sucede en esta compleja relación?
Es importante señalar que para cumplir los objetivos que proponemos utilizaremos la conocida producción testimonial de varios miembros del movimiento. Aunque el paso del tiempo ha transformado sus memorias, como en todo relato, el recuerdo sobre la violencia permanece. Con algunas modificaciones sobre los sentidos de la violencia es importante analizar estos textos. Primero, porque nos permitirá cuestionar sobre los sentidos del testimonio a lo largo del tiempo y cuál es la relación con el recuerdo sobre la represión. ¿Cómo se denominan los actores? ¿Qué recuerdan? ¿Qué significado le dan a sus recuerdos? ¿Cuál es la relación violencia-democracia? Sobre ello ahondaremos en este análisis.




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* Mejia Arregui
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación- Universidad Nacional de La Plata FaHCE- UNLP. La Plata, Argentina