La proliferación mediática, la explosión de nuevas tecnologías y el surgimiento de las redes sociales en diferentes partes del mundo, han provocado la inserción de múltiples fuentes de información; escenario del que no se encuentran exentas las cuestiones relativas al género. Al respecto, ha de decirse que – a efectos de este documento - el género no alude exclusivamente de la categoría mujer, sino que incluye a las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, considerados todos y todas a partir de las estructuras patriarcales como la otredad, diferente, no conforme a los patrones culturales históricamente establecidos.
En consonancia, dado que el sistema patriarcal ha legitimado estructuras que se ajustan al ideal del ser humano – entiéndase el varón, blanco, burgués, heterosexual, sin discapacidad, en edad reproductiva – soportadas a través de múltiples estructuras como la familia, la educación, el estado e incluso el derecho, se han manifestado casi de manera naturalizada respuestas violentas en aquellos casos en los cuales las personas no responden a dichos paradigmas, produciendo formas de discriminación que atraviesan la raza, la etnia, la condición social, el género, etc. Así las cosas, hoy por hoy las cuestiones relativas a la subvaloración del género y las violencias basadas en género han ocupado las agendas públicas de muchos países, entre ellos Colombia, que a través de múltiples mecanismos, políticas públicas e instrumentos legales, han procurado contener los hechos victimizantes que se surten contra las mujeres, personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, en razón de su identidad y significación en las esferas sociales. No obstante, y a pesar de múltiples esfuerzos, en Colombia los hechos violentos continúan en crecimiento, en gran parte porque se ha constituido en un tema arraigado a la cultura que debe ser revisado y reajustado desde las bases y en el cual, el Estado tiene una de las responsabilidades más álgidas en materia de prevención y atención.
Pues bien, en el marco de esos hechos de victimización, los medios masivos de comunicación han jugado un papel preponderante, no solo porque ostentan la posibilidad de informar de manera verídica el trasfondo de los hechos, sino porque a través del lenguaje y/o procesos discursivos, están en la capacidad legitima o no, de producir respuestas a gran escala, de modificar o discutir patrones de conducta o bien, de reforzar estereotipos de género que contribuyen a la jerarquización de la masculinidad hegemónica y heterosexual, por encima de las orientaciones sexuales e identidades de género diversas y de la feminidad propiamente dicha.
Ergo, resulta interesante verificar la forma como los medios de comunicación abordan los hechos victimizantes en los cuales se involucran mujeres, personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, habida cuenta de su potestad de retratar la realidad respecto a la forma como se presentan los hechos o bien, de imponer cargas desproporcionadas a las víctimas en razón de su condición que se ha considerado, errónea o justificadamente, como especial. El abordaje de esa discusión, se propone realizar a través de los informes de prensa presentados en los principales medios masivos de comunicación del orden nacional en Colombia, y de manera específica en el Departamento de Nariño, considerando que en no pocos casos, titulares como “mata a su pareja por infiel”, retratan crudas realidades que revelan estereotipos de género que desvían la atención de los ciudadanos sin entrever la complejidad de las problemáticas de género.
Así, información como la descrita pueden actuar a favor o en contra de la protección de los derechos de las víctimas, sean mujeres, personas con orientaciones sexuales o identidades de género diversas, por lo que cabe verificar si a través de procesos discursos como estos, se reproducen ciclos de violencia en razón del género o por el contrario, se contribuye a la reivindicación de derechos y la protección efectiva del Estado.