Los movimientos sociales constituyen una expresión del disenso frente al ejercicio del poder, donde en últimas buscan la transformación de una realidad. En ese orden de ideas, este grupo de personas al realizar acciones colectivas se legitiman como actores políticos que pueden resultar en ser determinantes dentro de un contexto específico. Dicho de otra manera, los movimientos sociales son una manifestación de las personas en torno a una situación que requiere de atención por parte del Estado, ya sea para que le dé solución o, por el contrario, para que se transforme en realidades palpables. En ese sentido, dichas agrupaciones convergen como actores colectivos de gran importancia que en últimas buscan un cambio (Monferrer Tomas, 2006). Así, estas organizaciones han sido testigo de los hitos históricos del mundo occidental y de la crisis de la modernidad que se niega a aceptar la tradición puramente liberal (Pardo, 1997).
Este tipo de colectivo se ha configurado como un actor político-no gubernamental distinto de las organizaciones no gubernamentales que buscan ir más allá de la democracia representativa, dado que la construcción de una identidad colectiva supone las acciones presentes, pasadas o futuras tendientes a visibilizar una realidad que ignora o no puede contener un Estado (Weber citado en Arnaut, 2010). Sin embargo, dichas acciones que pueden ser vistas como la reunión de varias voluntades individuales que pueden terminar deslindándose del ideario de un movimiento social, si el mismo no puede perdurar en el tiempo (Diani, 1992).
Teniendo en cuenta la anterior premisa se entiende que los movimientos sociales actúan como un margen de acción distinto al de un partido político, dado que pueden ejercer presión directa en un gobierno, mientras “el movimiento sea sostenible en el tiempo” (Monferrer Tomás, 2006, p.382). De esta manera, existen varios tipos de movimientos sociales -de acuerdo con la naturaleza de la manifestación y al fin para que fue creado- encontrando entre ellos los de carácter sociopolítico, donde se pueden clasificar aquellos que aparecieron con ocasión al resultado del plebiscito del 2 octubre de 2016. Ahora bien, en este caso, los movimientos sociales representan una complejidad atendiendo que el país se encuentra en un contexto posterior al de un conflicto, de allí que devenga la necesidad de analizar qué son y cuál es su papel en la historia colombiana, siendo específico el proceso de paz celebrado entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos Calderón y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Ejército del Pueblo- (FARC-EP).
Lo anterior se sustenta en que la realidad latinoamericana ha dejado del lado el paradigma de considerarse el tercer mundo arraigado en los vestigios de la guerra fría, que busca llegar a parecerse a Europa o Estados Unidos, sino que, en aras de construir una identidad propia, cuestiona el statu quo y presiona a sus Estados para que las realidades sociales, políticas y económicas devengan en una transformación (Santana Rodríguez, 1989). Por tal motivo, el proceso de paz representó un cambio en la sociedad colombiana que dio origen a varios movimientos sociales que dedican su esfuerzo en defender ante los opositores del proceso, una oportunidad para cerrar un proceso histórico y empezar un nuevo comienzo en Colombia.
En ese orden de ideas, dichos movimientos se legitimaron como actores políticos determinantes para que el Gobierno Nacional continuara con el proceso de paz y replanteara los aspectos considerables por los cuales el plebiscito fue votado de forma adversa. Así las cosas, la presente ponencia abordará los movimientos sociales como concepto, para luego dar paso al estudio de la legitimidad política y cómo dichos grupos se legitimaron durante este periodo, para finalizar con la presentación de una línea del tiempo en la que se evidencia a actores políticos que gozando de legitimidad contribuyeron a que se firmara el acuerdo final.
A nivel conceptual surgen disyuntivas en cuanto a la delimitación de la categoría movimiento social, resulta ser complejo, esto teniendo como causa que las manifestaciones de las personas no se circunscriben en la rigurosidad de la norma o de las demás fuentes del derecho, pero si se ampara en ella para que no vicien de legalidad. En ese orden de ideas, es menester construir una categoría conceptual que permita entender que la legitimidad de los movimientos sociales no está condicionada a las normas.
Por lo anterior, el presente trabajo tiene como objetivo principal presentar los principales elementos que componen el devenir de los movimientos sociales y, en especial, los que han surgido con ocasión al proceso de paz con la guerrilla de las FARC-EP, vislumbrando a partir de allí la necesidad de lograr la transformación de los paradigmas políticos, sociales y jurídicos deben tener legitimidad que vaya más allá de la que otorga la ley. Todo lo anterior dentro del contexto que plantea la democracia deliberativa.
Para lograrlo, se partirá con la construcción de los movimientos sociales como expresión de las democracias occidentales, en especial la deliberativa (Habermas, 2001). A partir de allí, se desarrollará la relación que presenta los movimientos sociales frente a una democracia deliberativa, para que, acto seguido, se construya el concepto de legitimidad política. Teniendo en cuenta estos elementos, se mostrará como los movimientos que surgieron con ocasión al proceso de paz, desde la firma del primer acuerdo, el paso por el no, la lucha para que no decayera el acuerdo y la segunda firma, adquirieron al final legitimidad como actores políticos determinantes, dentro de la democracia colombiana.
Atendiendo los objetivos trazados, es preciso partir desde el paradigma cualitativo de la investigación, en la medida que dado a que se presenta el resultado de una investigación básica, no es posible cuantificar o explicar científicamente el origen de los movimientos sociales (Cerda Gutiérrez, 2013). En ese orden de ideas, se utilizará el método hermenéutico como herramienta para interpretar los conceptos generales y a partir de allí, construir un concepto colectivo que sea acorde con el que se plantea en el escrito. Esa comprensión implicará en cierta medida, distanciarse -si es preciso- para encontrar el concepto de legitimidad esperado (Rojas Crotte, 2011).