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Resumen de ponencia
Lecciones Perdidas: Criticidad y cientificidad en la teoría social

*Colen Carlos Grant



A grandes rasgos podemos definir que la cientificidad, en todos los campos del saber, de la cultura occidental abarca un periodo que se extiende desde mediados del Siglo XIX hasta el primer cuarto del Siglo XX. Estas siete u ocho décadas permiten la llegada al cenit de un entramado de conocimientos, cuyos aspectos teórico/filosófico se fueron incubando en la cultura griega y condicionaron el desarrollo del conocimiento durante los siglos que conocemos como Edad Media europea. Tanto la tarea de Hegel como la de Marx y Engels consistió en el esfuerzo titánico para poner a punto este trasfondo extraordinario del legado filosófico/cultural de los griegos, en el contexto de la acelerada modernidad que transita Europa con sus torbellinos productivos, sociales y culturales.

Uno de los problemas más serios que se le presentó a los historiadores del materialismo, tanto como del idealismo del Siglo XIX, está cifrado en las dificultades para comprender la relación idealismo materialismo en tanto la materia, en la concepción que nos llega –vía Marx/Hegel- de los griegos, no es la que concibe el materialismo francés newtoniano, como la del resto de la Europa culta sino una entidad indeterminada cuyos fenómenos abren un nuevo cuadro físico/filosófico del mundo, que tendrá su remate en la teoría de la relatividad.

El llamado pensamiento crítico -que influye en la teoría social- como el estereotipo cientificista de raíz anglosajona que predomina en las ciencias duras tienen su origen en el colapso histórico de la matriz causal/determinista, que había guiado tanto a la ciencia como a la teoría social en su versión revolucionaria. Este colapso se produce en la tercera década del Siglo XX, en un proceso paralelo que sepulta esta matriz causal/determinista e impone los principios de la incertidumbre y el escepticismo. La deriva (con Horkheimer/Adorno) de la Escuela de Frankfort y el pensamiento crítico es a la teoría social lo que el cientificismo/positivismo lógico y Popper/Lakatos representan para la ideología y la filosofía liberal en las ciencias naturales, cuyo estereotipo encumbra la cultura anglosajona, hasta la llegada de Kuhn en la década del 60. Kuhn restituye –con su idea de paradigmas- el modo historicista del desarrollo tanto de las ciencias naturales como de la teoría social: es en la tesis cardinal de la ERC donde define el paralelo genético entre las revoluciones políticas y las revoluciones científicas “La Estructura de las Revoluciones Científicas” (Kuhn [1962] 1996).

Sorprende observar que los logros más notables de las ciencias contemporáneas ligadas a la producción estén guiados por parámetros causal/deterministas y que la teoría social se disuelva en una infinita fragmentación de sus concepciones teóricas y prácticas, alejadas de su ‘objeto’ real de estudio. Qué muestra puede superar el desciframiento del “Code Genético”, con su preciso mecanismo celular, que permite entender e intervenir sobre el desarrollo de la vida en todas sus formas, o la química sintética, que supera cualquier pensamiento de ciencia ficción, con las posibilidades que abre en el trabajo con sustancias, o la nanotecnología de los tejidos, etc. etc..

Todos los fenómenos de la vida social y de la naturaleza obedecen a leyes rigurosas causales deterministas. De otra manera no podrían existir las reglas rigurosas que deben obedecer quienes quieren internase en el universo de la música, de la pintura o de la danza. ¿Hay algo más etéreo e inasible que la música? Y sin embargo desde Pitágoras a nuestros días, las leyes funcionales que hacen a la relación entre sus notas deben regirse por precisas leyes funcionales. Algo parecido podrías decirse de las leyes funcionales que hacen al ejercicio de la danza o sobre las que imperan en el mundo de la pintura…

Toda forma que crea la naturaleza o la cultura queda encerrada en rigurosas leyes funcionales. No sabemos por qué la materia se comporta de esa manera, cuando produce las flores, la piedra o la tersa piel del bebé, pero no nos queda ninguna duda -tras el estudio de la historia del desarrollo de las formas históricas inorgánicas, naturales y culturales- que es el modo como se desenvuelve la producción natural y social de la existencia humana. Sólo en el ‘locus’ del intelectual volcado al universo sociológico las formas pierden toda regularidad y pueden guiarse por la imaginación del indagador de moda. Aunque la forma de los estados se conoce desde sus orígenes y se ha podido rastrear su curso, desarrollo y transformación, el intelectual volcado a lo social (sea politólogo-sociólogo-antropólogo…) no puede prever el desenlace transformador del Estado del cual es su contemporáneo e, obviamente, incidir en esa transformación.

El sesgo extraordinariamente holista de la ponencia responde al carácter panorámico de los estudios de posgrado del autor, cuya intención es trazar una semblanza, mapeo del curso epistemológico, que nos trae a los problemas teóricos más candentes de nuestra contemporaneidad.

La ciencia es un fenómeno internacional desde sus orígenes. En el Siglo XXI este carácter adquiere preponderancia global en todas sus formas porque es inconcebible la vida de la especie en el planeta (que ha superado los siete mil millones de habitantes) sin la ciencia y la tecnología modernas. Las facetas degradantes de la actividad científico/tecnológica no surgen de la ciencia y la tecnología per se sino de los intereses mercantiles multinacionales que sacrifican la salud humana, el medio ambiente y a todos los seres vivos del planeta en el altar de la tasa de ganancia. No es casual que sea en los bancos, y en su expresión financiera desquiciada, en donde se refleje de modo más aguda la crisis sistémica.

El modo causal/determinista -en general- aparece reñido con el espíritu de la filosofía e historia contemporánea de la ciencia, sobre todo en Argentina donde no se ha vivido el fenómeno de la revolución kuhniana y predomina un formato tradicional. Este divorcio de la ciencia real con las formas tradicionales de la filosofía e historia de las ciencias (sobre todo de raíz anglosajona) se puede apreciar en las definiciones que emplea Kuhn para caracterizar el modo en que operan los miembros de una comunidad científica:

“nos gustaría describir esta investigación como una tentativa tenaz y ferviente de obligar a la naturaleza a entrar en los cuadros conceptuales proporcionados por la educación profesional” (Kuhn [1962] 1996: 26).

Este es el talante sobresaliente –según Kuhn- del modo de obrar de los protagonistas del desarrollo científico. Podemos asociar esta definición teórica de Kuhn a la manera de obrar y pensar del científico más destacado del Siglo XX, como lo fue Albert Einstein:

Pero el científico está imbuido del sentimiento de la causalidad universal. Para él, el futuro es algo tan inevitable y determinado como el pasado (…) su sentimiento adquiere la forma de un asombro extasiado (…) ante la armonía de la ley natural (…) todo el pensamiento y todas las acciones de los seres humanos no son más que un reflejo insignificante (Einstein [1924-1944] 2010: 57).

El autor de la presente ponencia es consciente de las dificultades que presenta una disertación, que adopta como perspectiva un ángulo, que contraría la moda académica contemporánea. Pero sabe –también- que la actividad científica, como toda otra actividad intelectual humana, pudo avanzar sólo derribando obstáculos.




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* Grant
Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires - FCS-UBA. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina