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Resumen de ponencia
El Allende de Miguel Littin. La sustitución de la historia por el mito

Grupo de Trabajo CLACSO: Arte y política

*Claudio Salinas
*Hans Stange Marcus



El género histórico no ha logrado calar del todo en el cine chileno de ficción, en ninguna época. A diferencia de lo que ocurre en otras cinematografías latinoamericanas, o en los cines europeos y norteamericanos, el cine chileno de ficción no ha logrado establecer las convenciones de un género histórico con el que relatar el devenir del propio pasado nacional (al contrario de lo que ocurre en el documental chileno, constituido en una suerte de contrahistoria en medio de las políticas de desmemoria de las décadas recientes, pero esto es tema de otro estudio). En tal sentido, a las ficciones cinematográficas chilenas no se les puede interrogar respecto de cuestiones centrales reconocidas en la literatura sobre cine-historia, a saber: el estatuto de las reconstrucciones históricas, la apropiación de determinados discursos históricos en los filmes, el papel que el cine juega en el establecimiento de los imaginarios sociales nacionales, etc.

¿Qué hacen entonces las películas chilenas con la historia? En trabajos anteriores hemos propuesto que, en lugar de reconstruir un género histórico, los cineastas chilenos han desarrollado una serie de estrategias narrativas para incorporar los discursos históricos en sus filmes, estrategias por las cuales lo histórico es muchas veces fragmentado, deformado, o utilizado como excusa para representar otros problemas de la discursividad social contemporánea a las realizaciones cinematográficas.

En particular, hemos identificado tres principales estrategias de representación de lo histórico: 1. El uso de acontecimientos del pasado para ilustrar problemas contingentes o temas de la época, que al ser resituados en una época diferente adquieren un carácter transhistórico y naturalizado (p. ej. un filme sobre el aborto –tema hoy en boga en el debate público nacional– que relata la historia de un aborto a comienzos del s. XX); 2. La reconstrucción de la memoria de grupos sociales específicos presentadas como si fuera un relato histórico, lo que resulta en el reforzamiento de un discurso identitario o mítico, o en la imposición de una memoria oficial como si fuera la imagen histórica del pasado (p. ej. un filme que recrea las circunstancias de una dictadura pasada tal y como la figuran las políticas culturales del grupo actualmente en el poder); y 3. El uso de los gestos, ambientes, personajes (pero también de los temas, estéticas y acontecimientos) del pasado para acrecentar la espectacularidad e interés de ciertos filmes que, por su constitución, perfectamente podrían no ser históricos (p. ej. un melodrama que acrecienta su atractivo ambientándose en la época victoriana, sin que esta situación histórica tenga un peso preponderante en la trama o en la propuesta estética del filme).

La consecuencia más relevante de estas estrategias de representación es que el discurso histórico se encuentra, en la práctica, expulsado de la representación cinematográfica de ficción chilena. En su lugar, las estrategias hilvanan componentes del imaginario sobre el pasado con elementos funcionales del filme con arreglo a las condiciones sociopolíticas presentes, de manera que las películas restituyan un orden social epocal por medio de “lo histórico”. En otras palabras, lo que entendemos por representación histórica en el cine chileno de ficción es, en realidad, una forma de imaginar el orden social actual.

Muchas películas recientes pueden atestiguar tal hipótesis: Machuca (Andrés Wood, 2004), Sub Terra (Marcelo Ferrari, 2003), Mi mejor enemigo (Alex Bowen, 2005), Dawson, Isla 10 (Miguel Littin, 2009), Post mortem (Pablo Larraín, 2010). Hemos seleccionado para nuestro análisis el filme Allende en su laberinto (2014), del reconocido cineasta chileno Miguel Littin, pues propone una estrategia narrativa en la cual la representación histórica de la muerte de Salvador Allende es conmutada por la escenificación de un mito político, desplazando la construcción histórica del personaje hacia las consideraciones emotivas, memorísticas y nostálgicas, cuyo sentido último es la consagración, en el campo de la imaginación, de la derrota ocurrida en el campo de la política.





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* Salinas
Instituto de Comunicación e Imagen. Universidad de Chile. ICEU FAU. Santiago, Chile

* Stange Marcus
Instituto de Comunicación e Imagen. Universidad de Chile. ICEU FAU. Santiago, Chile