La aproximación a la equidad en educación debe ser compleja, pues no existe un consenso sobre qué quiere decir equidad. Tradiconalmente la sociología solo se ha ocupado de la desigualdad de oportunidades educativas, entendiendo de forma implícita que en ella subyace la fuente de la falta de equidad educativa. Esta aproximación se orienta en el sentido de suponer que ni el origen social ni otros atributos sociales, como el género o la petencia a minorías, deben influir en el éxito educativo. Esta aproximación coincide con la lectura neomarxista de autores como J. Roemer, o más heterodoxos, como P. Bourdieu. Pero es una aproximación conceptualmente limitada, si tenemos en cuenta la complejidad del debate sobre equidad en filosofía política, especialmente tras la obra de J. Rawls.
Este trabajo se propone repasar diversas corrientes de filosofía política para elaborar indicadores que puedan evaluar las diferentes concepciones de equidad y su aplicación en educación. Estas propuestas son evaluadas a partir de los datos de pruebas internacionales estandarizadas, como las pruebas PISA. Esto a su vez exige una conceptualización crítica de qué es lo que realmente miden estas pruebas y su relación con el sistema educativo, pues la estandarización y su aplicación sin consideración a las particularidades nacionales puede introducir serias limitaciones en su capacidad de medir atributos relevantes de los sistemas educativos.
Además de la aproximación neomarxista de Roemer, medida como influencia del origen social en el resultado educativo, se propone un indicador para la propuesta de J. Rawls: la resilencia. Con este indicador se mide el porcentaje de alumnado de bajo origen social que obtiene buenos resultados educativos, como operacionalización de su principio de la diferencia, que busca mejorar a los que están en peor posición social. También se tendrá en cuenta la equidad neoliberal de M. Friedman, como es el diseño insistucional del sistema educativo que se aporxima a un cuasi mercado (libertad de las familias para elegir centro educativo, competición entre los centros por el alumnado y pruebas externas a los centros educativos de carácter público, para compararlas). Otra aproximación es la que tiene en cuenta la igualdad de condiciones, de forma que la desigualdad de resultados solo obedezca a preferencias individuales ante el estudio, según Dworkin. Una visión marxista más tradicional, con el énfasis en la igualdad de resultados se tendrá en cuenta, así como la aproximación utilitarista, preocupada por el nivel medio de bienestar de la sociedad. La perspectiva de género se tiene en cuenta comparando diferencias entre chichas y chicos, así como la cuestión de las identidades se puede aproximar observando los resultados entre personas de origen del país y de origen inmigrante o pertencientes a minorías.
Todos estos indicadores se emplearán para reflexionar sobre la relación empírica entre las diversas aproximaciones filosóficas a la equidad, y si la diferencia conceptual implica grandes diferencias empíricas al comparar países, o por el contrario, los países que resultan bien en un indicador de equidad tienden a situarse bien en el resto, o en una familia de indicadores. Además, se procederá a un análisis más detallado de las paritularidadres educativas y societales, para comprender mejor los diferentes niveles de equidad observados en los diferentes países, con especial atención a América Latina y España.
A diferencia de las aproximaciones econométricas, como la de Woessman, que simplifican las diferencias entre países a parámetros, procuramos una comprensión densa y profunda de las diferencias entre países, donde la comparación cuantitativa es solo una primera aproximación al conocimiento de los sistemas educativos, que debe ser seguida de una comprensión más profunda de sus instituciones educativas, así como de las prácitcas educativas, que puede cargar de significados sociales diferentes prácticas sociales aparentemente similares, debido a a variaciones societales (como las relaciones familiares o la imbricación entre escuela y trabajo).
La perspectiva comparada, por tanto, no consistiría tanto en una visión sistemática de las diferencias cuantitativas entre países, sino en captar adecuadamente las lógicas sociales y los equlibrios entre las relaciones de cooperación y conflicto entre los diversos agentes educativos (estudiantes, profesorado, familias, empresarios…) en contexto de diversas relaciones sociales (instituciones educativas y laborales, pugnas por las políticas educativas, etc.), en línea con las propuestas de Stephen L. Morgan. Si queremos mejorar la equidad educativa, no se debe hacer tanto “copiando” lo que se hace en los países con más equidad educativa, sino entendiendo de forma integrada las relaciones entre educación y el resto del sistema social, para así saber en qué puntos es más fácil lograr reformas efectivas dadas las características de cada país.