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Resumen de ponencia
Conversar, perdonar y transformar la sociedad. Recorrido por los caminos de la comunicación entre excombatientes y víctimas de la guerra en Colombia.

*Alba Shirley Tamayo Arango
*Juan David Guerra Cano
*Katherinne Arenas López



La guerra ha marcado de manera directa la experiencia de vida de sinnúmero de colombianos y colombianas. La presencia de actores armados en los paisajes rurales fue convirtiéndose, desde los años sesenta cuando se crearon los primeros grupos guerrilleros, en parte de la vida cotidiana de muchas regiones del país. En consecuencia, al finalizar los años ochenta se recrudece y complejiza la guerra, que toca a las ciudades, con la emergencia del narcotráfico y con la irrupción formal (y hasta legal) del paramilitarismo: conjunto de grupos armados tolerados y apoyados por distintas fuerzas a instituciones del Estado (García, Revelo & Uprimmy, 2010), orientados por un ideal contrainsurgente.
En este escenario, la población civil, no combatiente, recibió en buena medida los impactos de las acciones armadas. Y los daños ocasionados fueron materiales, pero también psicológicos, emocionales, sociales, culturales, morales y políticos. El dolor se instaló en la vida de la gente a raíz de las masacres, las muertes selectivas, la violencia sexual, la desaparición forzada, la persecución, el secuestro, el reclutamiento forzado, la tortura, el desplazamiento, el desarraigo y el despojo. Y al dolor se sumó la indolencia, la impunidad y la negación de derechos; situaciones que han redundado en la creación de condiciones para la reproducción de la violencia, fundada en venganzas, retaliaciones, odios, rencores y búsqueda de justicia por mano propia. Como bien señala el Informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, “El carácter invasivo de la violencia y su larga duración han actuado paradójicamente en detrimento del reconocimiento de las particularidades de sus actores y sus lógicas específicas, así como de sus víctimas” (GMH,2013,13).

La verdad: vía para el reconocimiento entre víctimas y victimarios
A pesar de que movimientos sociales de víctimas venían, desde finales de los años noventa, haciendo públicos el horror y los daños sufridos, es la Ley de Justicia y Paz en 2005 (aprobada para facilitar la desmovilización de paramilitares), la que primero evidencia y da prueba de verdad y reconocimiento a la voz de las víctimas, en sus denuncias sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos. Las voces de víctimas y victimarios se encontraron en estos procesos que permitieron “develar muchas verdades sobre lo que aconteció con las víctimas, los perpetradores y las alianzas criminales. Así mismo, se han conocido atroces métodos empleados por los actores armados y miles de familias han podido hallar los cuerpos de seres amados buscados hasta el cansancio” (GMH, 2013,24).
Si bien las versiones libres dentro de los procesos judiciales han sido los escenarios oficiales de encuentro entre perpetradores y víctimas, es claro que no han sido suficientes para la declaración de todas las verdades respecto a los hechos dolosos. Es por esto que organizaciones de víctimas, como es el caso de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, integrada por mujeres, en su mayoría campesinas desplazadas y despojadas de sus bienes, se dieron a la tarea de generar otros espacios y otros procesos de comunicación para buscar la verdad sobre sus familiares desaparecidos. La visita a las cárceles demandaba el diálogo directo con los excombatientes -no ya a través de una pantalla establecida como medio por el poder judicial-. La elocuente presencia de esa alteridad tanto tiempo pensada fuera de lo humano impactó a las Madres de la Candelaria, quienes confiesan que en principio sólo querían escuchar la verdad y nada más. No obstante, el contacto con aquellos hombres debió repetirse muchas veces y en cada uno de ellos hubo que establecer un diálogo directo, frente a frente, para lograr la anhelada verdad. Situación esta que tuvo como consecuencia derivas de la conversación hacia la proximidad.

Comunicarse para la reconciliación y el perdón
En este contexto, surge la pregunta que conduce la investigación en curso; orientada hacia las narraciones que nos llevan a conocer los procesos de comunicación que propician los trabajos de relación con el Otro, en principio opuesto y lejano, y la elaboración del perdón posibilitando la reconciliación.
Nuestra aproximación a los procesos de comunicación vinculados al perdón y la reconciliación entre mujeres víctimas y hombres excombatientes parte de un conocimiento previo, que ha posibilitado saber de algunas transformaciones en la vida de los sujetos. De un lado, las mujeres de las Madres de la Candelaria han construido una subjetividad política en torno a la categoría de víctima, a partir de su pertenencia al movimiento social. De otro, hombres excombatientes se unieron en la cárcel en torno a la idea de reorientar sus vidas fuera de la violencia y formaron la Fundación Aulas de Paz, donde participa un número significativo de excombatientes del desmovilizado Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), generando así una subjetividad política en torno a la pedagogía para la paz.
De la confluencia de estos dos mundos, que al principio parecían distantes y distintos, surgieron narraciones que crearon vínculos, mutaron los prejuicios de ambos lados y mostraron la necesidad de ayudarse mutuamente para crecer. La conversación constituye en esta experiencia un pilar fundamental para reflexionar sobre los propios significados, construir significados comunes y resolver las diferencias mediante el entrelazamiento de lo racional y lo emocional (Maturana, 1992). Se gestan así procesos que tienen su raíz en la esfera personal, íntima, de las personas, pero que trascienden y se convierten en asuntos de connotación colectiva, pública y por ende, de una naturaleza transformadora. Uno de ellos, el perdón.
Trascendiendo el perdón no auténtico, desnaturalizado, que en palabras de Derrida (2003) es aquel perdón político que exhiben y otorgan los Estados, que se pone al servicio del interés y el cálculo estratégico para esquivar el derecho e introducir amnistías, indultos y procesos de paz que rompen con el curso ordinario de la justicia de un país, nos aproximamos en esta investigación, por el contrario, al perdón que surge desde los sujetos situados en polos opuestos de la guerra: víctimas y victimarios. Perdón como acontecimiento liberador (Jankélevitch, 1999).
En las voces de las Madres de la Candelaria este perdón resuena como una verdad incuestionable, al ser construida desde el trabajo conjunto con la alteridad más radical: el otro que ha sido deshumanizado por los imaginarios y las narraciones de la guerra. Cuando los hombres de la Fundación Aulas de Paz hablan, desvirtúan prejuicios establecidos, que impiden a los sujetos fluir en sociedad, su voz transforma sentimientos de odio generalizado y anclados para inmovilizar posibilidades de cambio social.
La confluencia en la conversación de actores opuestos en el contexto de la guerra, incita a quien los escucha a reflexionar sobre la necesidad de introducir en la cotidianidad el lenguaje del perdón auténtico,siguiendo a Derrida, aquel perdón capaz de perdonar lo imperdonable y capaz de inducir la confesión de lo inconfesable.


Bibliografía

GMH. ¡basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2013/bastaYa/basta-ya-memorias-guerra-dignidad-new-9-agosto.pdf

Jankélevitch, V (1999). El Perdón. Barcelona, Seix Barral.

Maturana, H. (1992) El Sentido de la Humano. http://escuelainternacionaldecoaching.com/downloads/BibliotecaEIC/Humberto%20Maturana%20-%20El%20Sentido%20de%20lo%20Humano.pdf





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* Tamayo Arango
Universidad de Antioquia-UdeA. Medellín, Colombia

* Guerra Cano
Universidad de Antioquia-UdeA. Medellín, Colombia

* Arenas López
Universidad de Antioquia-UdeA. Medellín, Colombia