Resumen de ponencia
Emergencia Social de Cristianos Evangélicos en Latinoamérica y la Revitalización del Pensamiento Político en Occidente
Grupo de Trabajo CLACSO: Teología, ética y política
*Pablo Alberto Ruiz Coronel
Desde momento en que se puede señalar al ser humano viviendo en comunidad podemos aseverar que ahí se ha dado un conflicto de convivencia que ha conllevado una acción de respuesta que ha ido del aspecto individual hasta el colectivo. Tales acciones han ido cargadas de demandas en respuesta a conflictos de intereses, de los más irrelevantes hasta los más complejos. El resultado vendría a configurarse en una serie de explosiones colectivas de episodios breves y rara vez organizadas que dejarían ver también largos o cortos periodos de pasividad comunitaria.
Toda vez que se consolida el Renacimiento y se encuba la Ilustración en el siglo XVIII; empezó a gestarse tanto en Europa como en América, particularmente en Norteamérica, un repertorio nuevo y más general de acción colectiva afirma Sidney Tarrow (1994:13). Al contrario que las viejas formas, que expresaban directamente los agravios inmediatos de la gente contra sus antagonistas dentro de su comunidad básica, el nuevo repertorio era de carácter nacional, autónomo y modular. Tarrow dice que el mismo podía ser usado por una variedad de actores sociales en nombre de distintas exigencias y servir de puente entre ellos para fortalecer su posición y reflejar exigencias más amplias y productivas. Inclusive las formas heredadas como la petición, progresivamente se transformaron pasando de ser herramientas en manos de individuos que buscaban obtener la gracia de sus superiores a una forma de acción colectiva de masas. (14)
La política se torna frecuentemente contenciosa con periodos de estabilidad y calma. Sin embargo, es la movilización de diversos grupos sociales alrededor de demandas políticas, tanto fuera como dentro de los espacios propios de las instituciones, que deberían prever y atender sus demandas, se convierten en el axioma de la actividad pública de grandes grupos sociales. Por ello el estudio de la política contenciosa y los movimientos sociales es decisivo para el entendimiento de la dinámica del cambio político. Esto se desenvuelve desde la innovación institucional y las políticas de reforma al régimen de transición e incluso a las revoluciones sociales. Este es también un campo interdisciplinario donde las ciencias políticas, la sociología, antropología y la historia frecuentemente se interceptan y se enriquecen unas a otras.
La complejidad como la especificidad histórica de los movimientos se comprende mejor, dice Tarrow, si se empieza por examinar el desarrollo del movimiento social nacional. Su estudio gravita en información obtenida fundamentalmente sobre Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos de Norteamérica. Nosotros observaremos el desarrollo de los movimientos en la intersección de tres amplios procesos sociopolíticos desarrollados y explicados por Tarrow como son: el desarrollo de formas modulares de acción colectiva; el crecimiento de las redes sociales y los medios de comunicación a nivel nacional, además de la consolidación de la estructura de oportunidades políticas del Estado moderno. (16)
Queremos indagar en la Dinámica de la Contienda Política según McAdam, Tarrow y Tilly en su relevancia latinoamericana sobre los procesos políticos de las últimas décadas -principalmente en el periodo de la vuelta a la democracia- en el aspecto religioso dentro del ámbito Evangélico/Protestante. Con ello -el planteamiento de la Teoría de Acción Colectiva Contenciosa y su revisión contextual- queremos indagar particularmente en las características y procesos de la acción colectiva continua y la acción colectiva momentánea y como éstas se han desarrollado en contextos particularmente religiosos que reclaman reivindicaciones políticas en América Latina.
El entender que el Cristianismo iniciando hace veintiún siglos como un movimiento apolítico terminara influyendo en la revitalización del pensamiento político en Occidente, para Sheldon Wollin debe visto desde un plano heterodoxo. Exige dejar de lado la aproximación dialéctica binaria entre la tesis política y la antítesis religiosa. Wollin piensa que la contribución del pensamiento cristiano reside, no tanto en la actitud al orden político, como al religioso mismo. El intento de los primeros cristianos por comprender su propia vida grupal proporcionó una nueva y muy necesaria fuente de ideas al pensamiento político occidental. Propuso un ideal de comunidad nueva y vigorosa que convocaba a los hombres a una vida de participación significativa. (107)
La ausencia de significación social e individual va convirtiendo a occidente en un espacio público vacío, sin un sentido visible. Esa incapacidad de ofrecer algo, de generar representaciones colectivas creativas no afecta únicamente al interior de occidente (...) Ese es el marco estricto donde deben comprenderse fenómenos como el ascenso de los integrismos religiosos y el rebrotar de los nacionalismos.
Es indudable que éste hecho de la actualidad en lo referente a los fundamentalismos religiosos o políticos los podemos observar a través de la historia Occidental haciendo uso de los nihilismos políticos o existencialismos sociales. Por ello, ante el planteamiento creativo e innovador dentro del pensamiento comunitario-político dado en el seno de la cristiandad primitiva, consideramos altamente la mayéutica de Castoriadis en el siguiente planteamiento: ¿Cuál es la fuente de todo lo que se instituye o se crea? La respuesta está en el concepto que él mismo acuña como imaginario radical. (Liozaga; 88) Castoriadis invita re-pensar la sociedad en todos sus aspectos sociales, políticos y religiosos. Para nuestro caso será en el inicio de la era cristiana dentro de la estructura política romana y la del aparecimiento político del cristianismo evangélico en Latinoamérica dentro de la modularidad de acción colectiva contenciosa que propone S. Tarrow.