La obligatoriedad de la escuela secundaria que plantea la Ley de Educación Nacional N° 26.206, sancionada en el año 2006, sumado a las transformaciones sociales estructurales acontecidas en las últimas décadas, torna necesario asumir problemáticas que -si bien no son nuevas para el nivel- emergen en la actualidad con nuevos y variados sentidos que interrogan a las instituciones educativas y sus actores. En este marco, desde hace poco más de una década la problemática de la violencia, la conflictividad y la convivencia en el ámbito escolar se ha instalado como un tema de debate público en nuestra sociedad.
En la órbita de las políticas gubernamentales, a nivel nacional destacamos la creación, por parte del Ministerio de Educación, del Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas y el Programa Nacional de Convivencia Escolar. La sanción en el año 2013 de la Ley para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativa, N° 26.892, supone un nuevo impulso que busca apuntalar las políticas antes mencionadas y avanzar en la legitimación e institucionalización de prácticas de mediación escolar que contribuyan a la resolución pacífica de conflictos. Uno de los productos de esta normativa fue la elaboración en 2014 de la Guía Federal de orientaciones para la Intervención Educativa en situaciones complejas relacionadas con la vida escolar destinada a brindar herramientas pedagógicas a docentes para enfrentar situaciones conflictivas.
Sin embargo, a partir de 2015, con la asunción de un nuevo gobierno de diferentes signo político al anterior, observamos una reconfiguración sustancial de las políticas que se venían realizando. La Coordinación de Programas para la Inclusión Democrática en las Escuelas del antiguo Ministerio de Educación fue desarticulada junto con otros programas como por ejemplo el Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas. Otros programas nacionales como el de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia y el de Mediación Escolar pasaron a estar bajo la órbita de un área denominada Educación Inclusiva que forma parte de la actual Secretaría de Gestión Educativa. De este modo, el tema de la convivencia escolar dejó de ser abordado desde una perspectiva de inclusión ampliada y de democratización de la escuela para pasar a un ámbito de atención a la diversidad con públicos focalizados junto a otras problemáticas como la prevención de adicciones y la inclusión de alumnos con discapacidad. Entre los nuevos lineamientos de esta área destacamos la habilitación de una línea telefónica llamada “Convivencia escolar”, a través de la cual las familias, estudiantes, docentes y miembros de la comunidad pueden informar situaciones problemáticas que se desarrollan en el ámbito educativo.
Desde el campo de las ciencias sociales, dicha problemática ha sido abordada desde dos aristas, que si bien son diferentes están articuladas: por un lado, las investigaciones centradas en los conflictos y situaciones de violencia y, por el otro, aquellos estudios que indagan las transgresiones y los regímenes de convivencia.
El primer grupo, supone un deslizamiento conceptual desde enfoques ligados al estudio de la indisciplina hacia otros que aluden a la violencia como categoría analítica. Aquí enmarcamos las investigaciones que se apoyan en un sentido amplio del término “violencia” y analizan un conjunto de conflictos y microvictimizaciones desde las percepciones de estudiantes, docentes y directivos de las escuelas. El segundo grupo, expresa el pasaje de los estudios sobre las regulaciones disciplinarias hacia el paradigma de la convivencia. Sus indagaciones se centran, desde un análisis normativo, en las mutaciones y modos de funcionamiento de las reglamentaciones escolares así como también en las conductas de estudiantes que trasgreden dichas normas.
Los relevamientos a nivel nacional llevados a cabo por el Observatorio Argentino de Violencias en las Escuelas, constatan que si bien a lo largo de un periodo de 5 años (entre 2005 y 2010) disminuyó el porcentaje de estudiantes secundarios que percibe que hay “violencia” en sus escuelas, también se redujo el porcentaje de alumnos que se siente “bien tratado” por sus compañeros. Tomando como puntapié inicial los datos de las tendencias contrapuestas que evidencian los relevamientos nacionales, en mi tesis doctoral analicé las percepciones que construyen los jóvenes estudiantes en torno a las violencias en el ámbito escolar, a partir de un trabajo de campo realizado entre 2012 y 2014 en dos escuelas secundarias de gestión estatal del Conurbano Bonaerense, en Argentina. Allí identifiqué que sus percepciones sobre la violencia eran múltiples, móviles y ambivalentes, variando según la dinámica de la trama relacional con sus pares. Es decir, están en mayor medida permeadas por la calidad de los vínculos que construyen con sus compañeros y por los escenarios en los cuales se desarrollan, que por el tipo de práctica per se y/o la concepción a priori que tuvieran sobre la violencia.
A través del análisis del relato de los estudiantes, encontramos tres aspectos por los cuales en ciertas circunstancias, prácticas similares podían ser percibidas como parte de un trato amistoso y, en otras ocasiones ser vividas como “violentas”. Los jóvenes evaluaban: a) la intencionalidad de provocar daño, b) la consideración de que el otro pueda sentirse herido y, c) el nivel de confianza entre los involucrados. Este último aspecto era el eje estructurador de las interpretaciones que hacían sobre la intencionalidad y la consideración hacia el otro. Como advierte Pablo Di Leo, la confianza ocupa un lugar fundamental en el proceso de construcción de las experiencias escolares de los estudiantes. A partir de diversos rituales de sociabilidad, que se despliegan tanto dentro como fuera de la institución, ellos consolidan la confianza con sus pares. En nuestro caso, cuanto más profunda era la confianza, se observaba un mayor umbral de tolerancia respecto a prácticas que en otros escenarios y con otros actores eran tipificadas como “violentas”.
Asimismo, hemos observado que la sociodinámica de los conflictos entre los estudiantes en el ámbito escolar se entrelaza con otros espacios físicos y virtuales de sociabilidad juvenil. En consecuencia, para trabajar sobre la resolución de conflictos y elaborar estrategias de convivencia es necesario tener en cuenta que los estudiantes habitan la escuela secundaria no solo en carácter de alumnos cuya meta es adquirir saberes, sino también como jóvenes que buscan darle sentido social a sus vidas. Aquí se nos abre un nuevo interrogante sobre cómo la conflictividad y las estrategias de convivencia atraviesan las situaciones de enseñanza y aprendizaje dentro del espacio áulico.
Las investigaciones antes referenciadas que abordan la problemática de los conflictos y la violencia en las escuelas, provenientes en su mayoría del campo de la sociología y la antropología, dan cuenta de sus diferentes manifestaciones, las condiciones socioculturales en las cuales se producen y, las percepciones de los diversos actores de la comunidad educativa; así como también describen los mecanismos institucionales que utilizan las escuelas para su intervención. Sin embargo, no se indaga la relación de esta problemática con las situaciones de enseñanza y aprendizaje en el espacio áulico. La investigación de Gabriel Noel ha sido una de las pocas que ha trabajado sobre la conflictividad en torno a las estrategias didácticas desde la perspectiva de los docentes pero en escuelas primarias.
Desde el campo de la didáctica y la pedagogía existe un cúmulo de investigaciones valiosas que abordan las relaciones interpersonales al interior del aula, predominantemente desde una perspectiva psicoeducativa ya sea en su versión cognitiva o constructivista. No obstante, la cuestión del conflicto y la convivencia está presente como una dimensión tangencial a otras problemáticas que son objeto de estudio, a saber: la motivación y el rendimiento escolar de los alumnos, la dinámica de las actividades y las estrategias de enseñanza de los docentes, la relación con el saber, entre otros temas.
Dentro de este campo destacamos la investigación de Marta Souto quien ha analizado, desde una perspectiva psicosociológica las formaciones grupales en las clases escolares de educación secundaria que giran en torno a la violencia. La dinámica de las clases en este tipo de formaciones grupales se estructura en torno a subgrupos que se contraponen al acto pedagógico y buscan imponer al curso su forma de vivir la escuela y, otros subgrupos que se apoyan en la fuerza, aunque debilitada, de la institución educativa y se oponen a ellos o quedan fuera de las luchas libradas como actores indiferentes. El dominio de la clase por parte de los docentes se produce únicamente a través del aumento de desempeños autoritarios y/o mediantes formas de ficción pedagógica. Esto último propicia un vacío pedagógico donde la enseñanza ocupa un lugar formal y la situación de clase se transforma en una interacción simulada compartida entre un “como si” enseño y un como si” aprendo. Allí, predominan vínculos de rebeldía y negación hacia la cultura escolar.
En este marco, en nuestra investigación nos proponemos, desde una perspectiva sociopedagógica, indagar, por un lado, los conflictos que se producen entre los estudiantes y entre éstos y los docentes y, por otro lado, las estrategias de convivencia que desarrollan los últimos; tomando como unidad de análisis las clases escolares sin descuidar las condiciones sociales e institucionales y las experiencias subjetivas de los actores. Así, buscamos caracterizar las situaciones de enseñanza y aprendizaje en el espacio áulico a partir de los vínculos que construyen estudiantes y docentes de escuelas secundarias.