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Resumen de ponencia
Consideraciones respecto a las formas de violencia en el agronegocio. Un análisis desde la experiencia reciente del Chaco Argentino.

*David Hernán Luna



Es esencial volver a definir con precisión los conceptos que utilizamos, porque conceptos tan basta e insistentemente usado para definir y describir procesos, como en este caso, el concepto de violencia, corren el riesgo de adquirir vida propia y de entenderse de forma diferente por cada uno que lo usa. La violencia puede tornarse una noción tan común y obvia dentro de la literatura de las ciencias sociales, que en lugar de permitirnos conocer y reflexionar sobre los procesos, se convierta en un obstáculo para la indagación empírica y epistemológica, sobre todo cuando reviste un plano tan profundamente ético para muchos sectores. Es por ello que en esta presentación vamos especificar la idea de violencia sobre la que consideramos valido trabajar para generar un entramado conceptual que potencie la comprensión de los procesos actuales vinculados específicamente con el escenario agrario.
Del mismo modo, cabe distinguir que nuestro punto de partida asume la condición dominante del paradigma de los agronegocios en la etapa actual para el escenario rural en el contexto social de América Latina y el Caribe, y que por ello, aunque de manera sucinta, también vamos a especificar la concepción de los agronegocios sobre los que estamos trabajando, sobre todo, para dar sustento a la radiografía de la violencia en el agro que intentamos exponer.
Para entender el fenómeno de los agronegocios hay que considerar de entrada que el mismo está inscripto en un campo de lucha, su propia definición está en una órbita de constante tensión. Hay dos lecturas posibles de exponer brevemente: Por un lado, desde la perspectiva de los sujeto sociales que lo encarnan y representan, el agroneogicos es la denominación del sistema global de producción rural actual, cuyo modo de operación se basa en el entramado dependiente de distintos campos de conocimiento científico e innovación (robótica, electrónica, metalmecánica, biotecnología, microbiología, nanotecnología, etc.), regidos bajo una serie de presupuestos cargados de imaginarios filantrópicos, como el de alimentar al mundo, sacar adelante un país y hacerlo además de un modo ecológicamente sustentable. Por otro lado, desde ciertos espacios académicos y sociales, se plantea la crítica al agronegocio, para estos actores, éste significa una etapa de dominación territorial específicamente agraria pero no sólo agraria, de carácter extractivo de los recursos naturales y las fuerzas de trabajo, fuertemente contaminante del ambiente y avasallante sobre las formas de vida y reproducción social no subordinas a su dominio. Es decir, que cuanto menos, hay un antagonismo en la base de representación de lo que hoy denominamos agronegocios, una contradicción sin resolver en un plano de la política pero con grandes consecuencias sociales directas, continuas y actuales.
Una mirada simplista de la historia podría afirmar que la etapa actual de los agronegocios se diferencia de etapas anteriores por implicar un nivel más de sofisticación de la técnica sobre el agro, y que en cierto punto lo es, pero desde una mirada topológica poniendo en el centro del análisis las continuidades de algunas formas propias del devenir agrario, podemos arribar a análisis más profundos de acontecimiento constitutivos de este proceso y que por acción u omisión pasan casi desapercibidos. Esa es la intención que motiva el trabajo sobre la violencia en el agro, la idea de volver a pensar la violencia en el tejido social del agro.
Una pregunta que nos hacemos es ¿la violencia resulta inherente a los agronegocios? La violencia es una constante no solo en los procesos agrarios, sino en la determinación de las relaciones sociales, donde quiera que estas se desarrollen. Pero no siempre es la misma, ni tampoco hay una sola forma mediante la cual se manifiesta. La violencia es polisémica. Es constante, directa, asumida, proclamando y bestial, como ella se expresa sin necesidad de evidenciarla en los asesinatos recientes de dirigentes sociales y activistas ambientales o en la militarización de espacios agrarios en defensa de inversiones privadas, como la expulsión de comunidades bajo la definición de propiedad privada, como la explotación de recursos naturales y la afectación de procesos de soberanías alimentarias, energéticas y ambientales que ocurren en la actualidad, pero también la violencia es inmanente, proteica, ingénita y constitutiva de los procesos sociales agrarios, se encuentra encarnada en cada elemento de un orden, la omisión de políticas públicas para comunidades rurales, la elección de los trazados de rutas, vías y encadenamiento estratégicos para beneficiar al capital agrario, la irregularidad con que se controla los sistemas de empleo en el agra, la contaminación de fuentes de agua y sobre las poblaciones, la venta ilegal de tierras que habilita procesos de concentración sin igual, pero además, también hay una violencia intersticial, implícita y subcutánea en el agronegocio, un acontecimiento que se da en el plano extenso de la subjetividad, una operación del orden simbólico actuando permanentemente como sustrato que hace posible la radicalidad de algunos cambios estructurales, un ejemplo para pensar esta forma de violencia puede encontrarse en lo que la LI llamó aquiescencia, refiriendo a situaciones donde campesinos y productores son expulsados de sus tierras y despojaos por el capital pero no engendran modos de resistencia, por lo menos implícitos, a tal punto que pueden llegar a construir dentro de su propia consciencia justificaciones de su propio despojo.
Nos apartamos de mirar el hecho violento (manifiesto y explícito) como algo aislado, como una anomalía en el desarrollo de una sociedad que se supone ordenada, que es lo común en el tratamiento cotidiano; para considerar que la violencia y los cambios que ésta produce son constitutivos de la dinámica social. Lo que se puede caracterizar como violencia no es ya un hecho, cosa o situación; sino un componente, operado en el proceso de génesis, consolidación, transformación y destrucción de relaciones sociales (Rozé, 2015). Rescatando de este modo el carácter potencial, activo y productivo de la violencia. Que adopta distintas particularidades según las relaciones preexistentes en el territorio en que opera; transformando, destruyendo y creando nuevas relaciones sociales.
La paradoja de la violencia es intrínseca al agronegocio, al mismo tiempo que despliega un conjunto de prácticas productivas, bajo lemas de sustentabilidad, integración técnica y humanitaria, erradicación del hambre, genera procesos de despojo social y aniquilamiento de biodiversidad. Por esta paradoja es que consideramos necesario volver a pensar la violencia inherente al espacio rural. Volver a revisar las continuidades y rupturas para entender las claves del actual paradigma global.
Para ello expondremos una sistematización y tipificación de formas de violencia identificadas en la órbita de los agroneogicos en el contexto del Chaco Argentino durante lo que va de las primeras dos décadas del siglo XXI para abonar a un campo de reflexión necesario e imprescindible.




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* Luna
Centro de Estudios Avanzados . Universidad Nacional de Córdoba - CEA/UNC. Córdoba, Argentina