1.- INTRODUCCION
Este trabajo busca analizar la forma en que los medios periodísticos argentinos presentan las noticias sobre violencia contra los niños y adolescentes. En momentos en que se planea presentar un proyecto para bajar la edad de punibilidad de 16 a 14 años según palabras del propio ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, no es casual la forma en que los medios abordan las noticias sobre violencia a niños. En las páginas que siguen, tomaremos dos casos como muestra para observar cómo se redactan las noticias que retratan niños, niñas y adolescentes en situaciones de violencia.
Algo es claro, es necesario redoblar los esfuerzos para llevar a la práctica los derechos de los niños y adolescentes en Argentina. Actualmente, la normativa de rango constitucional y legal vigente en nuestro país consagra un umbral de protección bastante decente para este grupo de personas especialmente vulnerable. Hago referencia por supuesto a la Convención sobre los Derechos del Niño, sumada a la ley 26.061 de Protección Integral. Con una sola excepción: el régimen de responsabilidad penal. Aún se mantiene una norma que está a punto de cumplir cuatro décadas, la ley 22.278, sancionada en 1980. Dicha regulación, aunque reemplazó a la nefasta “Ley Agote”, hoy no resulta adecuada o suficiente a los tiempos que corren y a la progresividad creciente de derechos de los niños.
Más grave aún es advertir que también los niños son objeto de afectación en sus derechos más básicos por el propio Estado, encarnado en la policía y los tribunales. Ahora bien, el acrecentamiento de las respuestas violentas por parte de las autoridades policíacas, no es nuevo en la historia argentina. Lo que sí es novedoso en nuestro país, es el apoyo a esas actitudes por parte de un Estado democrático de Derecho. En cuanto a la intervención del sistema judicial durante la vida de los niños y adolescentes, suele ser impotente en la mayoría de los casos para desactivar los conflictos familiares y prevenir la violación de sus derechos humanos básicos. En el peor de los casos, la judicialización burocrática hace desfilar a toda la familia una y otra vez, ante empleados públicos que se encuentran atestados de casos similares.
Frente a la situación deficiente de la normativa sobre responsabilidad penal de los niños y adolescentes y la actuación ineficaz o directamente criminal del Estado, la opinión pública es moldeada por los medios periodísticos masivos. Principalmente a través de la televisión y en menor medida por los periódicos, aunque su órbita de influencia todavía se puede sentir por la presencia diaria en internet. Gracias a la red, hoy es posible que millones de personas expresen su opinión y la misma sea conocida al instante en todo el mundo.
Según el diario Clarín por ejemplo, en virtud de una encuesta privada que abarca a 2000 personas, el 68% habría estado de acuerdo en bajar la edad de punibilidad a los 14 años porque sería una buena medida para “disminuir la inseguridad”. Evidentemente, este tipo de estudios estadísticos publicados sin ninguna posibilidad de cotejo por los lectores, busca instalar la idea de hacer aceptable el proyecto oficial mostrando un supuesto consenso popular. Ello se observa con el titular de la noticia que afirma “Siete de cada diez aprueban bajar la edad de imputabilidad a los menores”, sin advertir que se trata de una muestra poblacional de 2000 personas.
En el contexto reseñado, uno no puede hacer menos que preguntarse: ¿cuál es el objetivo de una noticia? ¿Es informar de un hecho o formar opinión? ¿Existe una publicación objetiva o siempre se filtra la intención de su emisor? En un mundo donde hay excesiva información disponible en cada momento, se hace indispensable conocer el perfil editorial de cada medio para decidir concienzudamente qué opinamos.
En el humilde espacio de este trabajo, intentaremos observar algunas de las implicancias sociales y políticas del tratamiento de las noticias sobre niños y adolescentes en contextos de violencia. Espero poder realizar un aporte interesante para la discusión en el plenario de esta Octava Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, siendo justamente éste el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico.