Después de la crisis económica de 2001-2002, el panorama socioeconómico de Santiago del Estero en el Noroeste Argentino ha cambiado notablemente. A pesar de que el crecimiento económico de la provincia ha comenzado a estancarse en los últimos dos o tres años, desde 2005 se ha disminuido la pobreza, los ingresos mensuales por cápita han crecido y la infraestructura urbana y rural se ha desarrollado a una velocidad sin precedentes. También ha crecido lo que (sobre todo) en términos económicos se entiende como la clase media.
El presente trabajo parte de la pregunta: ¿cómo uno llega a identificarse como “emprendedor” y qué procesos socio-individuos acompañan y respaldan la construcción de esta identidad? Tomando en cuenta las particularidades demográficas y modelos culturales de Santiago del Estero, enfocaremos específicamente en el concepto de la mentalidad emprendedora como una parte elemental en los cambios identitarios de la clase ascendiente. Analizaremos cómo el ethos neoliberal de hoy en día fomenta la emprendeduría como una ideología basada en aspiraciones al éxito personal y miedo a un “desplazamiento” o descenso social. Sugeriremos que entre el optimismo y temor se abre espacio para una nueva clase media cuya trayectoria está íntimamente ligada al paisaje económico que le rodea; cuya idea y modelos de ‘ser de clase media’ reflejan las tendencias globales en base a realidades e idiosincrasias locales; y cuyos origines familiares se encuentran en las márgenes socioeconómicas y étnico-raciales de la sociedad Santiagueña.
Propondremos que el ethos neoliberal de hoy en día está produciendo un nuevo sujeto emprendedor. En esta ponencia el concepto del neoliberalismo no significa simplemente una forma de economía política e ideologías de mercado libre. En cambio, nos referiremos al neoliberalismo que produce nuevas relaciones sociales, nuevas formas de entender y vernos a nosotros mismos; nuevos campos sociales en los que tiende regir la competencia y flexibilidad, pero también la constante aspiración de hacerse el dueño de uno mismo y después superarse. El neoliberalismo en ese sentido se puede entender, como sugieren Christian Laval y Pierre Dardot, como una lógica mundial, o un nuevo orden global cuyo principal agente es la persona que se anima a emprender.
Especificamente, la ponencia habla de los procesos de emprendeduría en Santiago del Estero, en el Noroeste Argentino. Mientras este nuevo emprendedor sigue los modelos globales que marcan el emprendimiento social y económico, sus prácticas de producción y consumo también están íntimamente ligadas al contexto local en el que ocurren. El emprendedor, que en el contexto Santiagueño sale de las márgenes ‘otreadas’ de la sociedad, del mundo de los morochos, negros y las cabecitas negras, basa su emprendimiento en aspiraciones de ascender en la escalera socioeconómica, y de poder, tal vez por primera vez, realizar sueños que antes le hubieran sido inalcanzables. Pero esta carrera hacia nuevos horizontes de esperanza también está acompañada por la amenaza de perder el estatus y posición socioeconómica alcanzados. La vulnerabilidad de estas nuevas clases aspirantes se arraiga en siglos de racialización, marginalización, y en su papel histórico como los ‘inconvenientes pero necesarios’ en la sociedad santiagueña.
Entre estos dos extremos del espectro de movilidad socioeconómica, la emprendeduría se reinventa no sólo como un desempeño empresarial, sino como una mentalidad, una manera de conceptualizar el mundo. Así, la emprendeduría se convierte en una especie de imperativo social, capaz de re-estructurar las antiguamente rígidas jerarquías de prestigio que han gobernado el panorama social en Santiago.
El nuevo emprendedor no es solamente un comerciante o empresario. Es el que quiere y planea viajar a destinos más allá de Disneylandia, Miami o Mar del Plata. Es el innovador ético, como lo llama Ezequiel Adamovsky; el especialista en algo y consciente de sus derechos como trabajador. Es el cooperante, militante o el deportista que hace ejercicio en un gimnasio. En ese sentido, la emprendeduría se ha convertido en una forma de ser. Y al ser así, también se ha convertido en una lógica moral con la que se organiza y estructura la sociedad según los que se animan y los que no.
Al hablar del neoliberalismo, esta ponencia no se refiere a la economía política e ideologías de mercado libre. En cambio, se refiere al neoliberalismo que produce nuevas relaciones sociales, nuevas formas de entender y vernos a nosotros mismos; nuevos campos sociales en los que tiende regir la competencia y flexibilidad, pero también la constante aspiración de hacerse el dueño de uno mismo y después superarse. El neoliberalismo en ese sentido se puede entender, como sugieren Christian Laval y Pierre Dardot, como una lógica mundial, o un nuevo orden global cuyo principal agente es la persona que se anima a emprender.