La ubicación laboral de hombres y mujeres en distintas ocupaciones e industrias es una realidad que domina los mercados de trabajo de México y la frontera norte no es la excepción. Es tal la diferencia, que hay actividades económicas que concentran a los sexos de forma preferente. Cifras de la Encuesta Nacional de Empleo y Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo para los años 2000 a 2010 muestran que dada la distribución de hombres y mujeres en las estructuras laborales ciertos sectores económicos y ocupaciones se consideren masculinizadas o feminizadas, dando lugar al fenómeno de segregación ocupacional por sexo (Kuri y Grijalva, 2016). Este fenómeno se relaciona de manera concurrente con diferencia en los ingresos derivados del trabajo entre hombres y mujeres.
La incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo en la frontera norte de México comenzó de manera intensiva en la Industria Maquiladora de Exportación (IME) dada la expansión de las fábricas y la especialización productiva de los años setenta (de la O, 2006), aunque en la última década la incorporación ha sido principalmente en otros sectores (servicios –sociales y diversos– y comercio) debido a una desfeminización del sector industrial, especialmente el manufacturero (Grijalva y Zúñiga, 2009). A pesar de la incorporación masiva de las mujeres al trabajo asalariado, el salario promedio que perciben continúan siendo distinto al de los hombres, y aunque la brecha ha disminuido con el tiempo, ésta permanece (Rendón y Salas 2000; Guzmán 2001; Grijalva 2004a; Calónico y Ñopo 2008).
La brecha salarial suele vincularse con la desigual distribución y concentración de hombres y mujeres en los mercados de trabajo, pero también se le relaciona con características propias de cada individuo, características de la empresa, la misma ocupación o factores que solo pueden explicarse por la discriminación. Estudios recientes encuentran como factores que explican fundamentalmente las brechas salariales entre hombres y mujeres las características relacionadas con la productividad del trabajador (Martínez y Acevedo, 2004), tasas de rendimiento de la educación según área de estudio profesional (Rodríguez y Camberos, 2007), discriminación salarial (Mendoza y García, 2009), segregación en los puestos de trabajo (Rendón y Salas, 2000).
Al considerar asociadas la segregación ocupacional y las diferencias salariales por sexo a la desigualdad entre hombres y mujeres, el presente trabajo se plantea las siguientes preguntas: ¿Cuál fue el comportamiento de la brecha salarial entre hombres y mujeres durante la primera década del siglo XXI en la frontera norte de México? ¿Qué magnitud de la brecha es explicada por discriminación? ¿Cuál es la relación que existe entre la feminización de las ocupaciones y los salarios que perciben los hombres y las mujeres que se ocupan en ellas? Para responder a dichas preguntas, se proponen los siguientes objetivos: medir la brecha salarial y la diferencia en los salarios que no pueden explicarse por características determinantes del capital humano o potenciales de la demanda laboral y estimar de forma separada la contribución de la feminización laboral en la diferencia salarial entre hombres y mujeres asalariados en la frontera norte de México entre los años 2000 y 2010, para lo cual se contrastará la hipótesis de concentración de Bergmann, (1974), según la cual, el incremento de la oferta de trabajo femenino en algunas ocupaciones, conduce a la disminución de los salarios de los trabajadores que se ocupan en ellas.
La metodología para medir las variables que explican la desigualdad salarial entre hombres y mujeres se basa en los modelos de funciones mincerianas de ingresos personales (Mincer, 1974); la composición por género de las ocupaciones está medida a través de la variable FEM, que representa la proporción de mujeres asalariadas en las ocupaciones con un nivel de desagregación de 3 dígitos siguiendo la Clasificación Mexicana de Ocupaciones, CMO. Por último, se realiza la descomposición de las diferencias salariales por sexo a través del método de Oaxaca-Blinder (1973), con el fin de medir la parte justificada o explicada de la diferencia salarial y la parte no explicada de la diferencia o atribuida a la discriminación. Como fuente de información se utilizaron las bases de datos de las Encuestas Nacional de Empleo (ENE) y de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI para los años 2000 y 2010
Los primeros resultados arrojaron que la brecha salarial global en promedio en los 11 años de estudio fue del 5.3% a favor de los hombres, y mostró una disminución en el periodo al pasar de 10.2% en el año 2000 a 2.3% en 2010. Sin embargo, consideramos que esta disminución está asociada a una paulatina depreciación del salario de los hombres más que a una revaloración del salario de las mujeres. Mediante la estimación de regresiones sobre el ln salario medio para hombre y mujeres por separado, se evidenció la existencia de desigualdad salarial. La muestra para hombres siempre presentó un salario superior al percibido por la muestra para mujeres.