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Resumen de ponencia
Narraciones de vida de ex militares argentinos condenados por crímenes de lesa humanidad (1976-2018)

*Analía Goldentul



Las trayectorias personales y profesionales de aquellos miembros de las FF.AA y de Seguridad que cometieron crímenes de Lesa Humanidad en la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983) constituyen una temática escasamente explorada dentro del campo de los estudios sobre el pasado reciente. La literatura existente sobre los agentes de represión se ha centrado principalmente en el rol que tuvieron los altos mandos de las FF.AA en la planificación y ejecución del terrorismo de estado. En cambio, pocos estudios se han detenido en el accionar de aquellos oficiales ubicados en los escalafones más bajos de la organización militar. En esta dirección, son múltiples los aspectos que quedan aún por conocer: ¿Qué sentidos le asignaron los cuadros inferiores a los crímenes que cometieron? ¿Existieron distintos niveles de conocimiento y de convencimiento al interior de la oficialidad joven? ¿Sus concepciones de violencia y del “enemigo interno” difirieron de las sostenidas por los altos mandos? ¿Cuáles fueron sus trayectorias de vida personales y profesionales? ¿Cómo se pensaron y posicionaron en el espacio social antes, durante y después del terrorismo de Estado?
Estos interrogantes acompañaron mi proceso de inmersión en el trabajo de campo. Pese a ciertas conjeturas propias y ajenas sobre un entorno que suponía de difícil acceso, en agosto de 2015 pude establecer contacto con un ex teniente coronel condenado y concertar mi primera entrevista. Las visitas al pabellón IV del Complejo Penitenciario II: Marcos Paz –llamado por el personal penitenciario el “pabellón lesa”– me permitieron entablar relación no sólo con mí entrevistado sino también con otros ex militares y sus familiares.
Lejos de ser un universo celosamente hermético y libre de fisuras, quedaron evidenciadas en el trabajo de campo una serie de tensiones y rivalidades entre los militares, policías y civiles condenados con relación a diversos temas. En base a las casi diez entrevistas realizadas a mi primer entrevistado, el ex Tnt. Coronel Aníbal Guevara Molina*, pude advertir que los dos puntos neurálgicos que son fuente de conflictos o rispideces internas se vinculan, en primer lugar, al grado o intensidad con que los agentes de represión reivindican la “lucha contra la subversión”. Y en segundo lugar, a los límites que se fijan para establecer lo que se puede decir o reconocer públicamente. Ambos aspectos suelen estar ligados: los que defienden con convicción la “guerra” y los métodos empleados tienden a abroquelarse en un “pacto de silencio”** y aquellos que reconocen que se cometieron “errores” plantean que solo hablando o mostrando gestos de colaboración con las demandas de verdad se podrá finalmente cerrar el pasado y avanzar en la senda de la “reconciliación”. Esta división entre “duros” y “blandos”, de larga duración en las FF.AA (Rouquié, 1983) y con características específicas durante el terrorismo de Estado (Martin, 2010) vuelve a recrearse al interior de los penales a partir de nuevas categorías. De acuerdo a Guevara y otros entrevistados, los “blandos” son los “pideperdoneros” –así los llaman los de la línea dura– mientras que los “duros” son rotulados por los moderados como los “talibanes”. Estas divisiones, diferencias políticas y modos heterogéneos de interpretar el pasado y el presente, se pudieron advertir en las narraciones de vida de un conjunto de ex militares condenados por crímenes de Lesa Humanidad.
Esta ponencia se centra en el análisis de estos relatos, haciendo foco en tres dimensiones principales: a) la reconstrucción biográfica que hicieron de sí mismos (orígenes de clase, familia, motivaciones en el ingreso a la carrera militar) b) las representaciones o sentidos que elaboraron del terrorismo de Estado y de su participación en él y c) las miradas que han adoptado sobre los procesos judiciales y la actualidad política (fundamentalmente, el kirchnerismo y el ascenso de Cambiemos al poder).
Desde una perspectiva histórica y etnográfica, el trabajo adoptará como fuente de análisis un conjunto de entrevistas semi-estructuradas a ex miembros de las FF.AA condenados por crímenes de Lesa Humanidad, realizadas entre 2015 y 2018, como también un conjunto de notas y observaciones escritas durante el trabajo de campo de la investigación. A pesar de que la coincidencia entre el sujeto de la experiencia y el sujeto de la narración está perdida, consideramos a las narraciones de vida como relatos situados en una temporalidad porosa entre el pasado y el presente. Ello nos permite inscribir este trabajo en un período de mediana duración que comienza en 1976 y que se prolonga hasta la actualidad más reciente.

*Entre 1976 y 1977 Aníbal Guevara Molina se desempeñó como teniente primero en la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza. En 2010 el Tribunal Oral Federal II de Mendoza lo sentenció a cadena perpetua luego de que se comprobara su participación en cuatro desapariciones forzadas y en una sesión de tortura.

**En este punto es necesario aclarar que el acto de hablar no siempre implica romper el “pacto de silencio”. Muchas de las figuras que son representativas de la “línea dura”, como Alfredo Astiz, Luciano Benjamín Menéndez o Miguel Etchecolatz, han hecho declaraciones públicas sin romper el “pacto de silencio”, en tanto no aportaron datos o información sustantiva sobre aquellas verdades socialmente esperadas: fundamentalmente, la localización de los cuerpos de los desaparecidos y el destino de más de cuatrocientos nietos que aún desconocen su identidad.






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* Goldentul
Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe - IEALC/UBA. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina