Hay una dimensión parametral sobre la que descansa la construcción del saber y el conocimiento en las aulas, escuelas y comunidades de muchos de nuestros pueblos en América Latina, que nos convoca a dilucidar si nuestra labor cotidiana como profesores, en este momento crucial de la lucha a pensamiento, pueden romper esa dinámica.
Reformas educativas van y vienen dictadas desde centros de mando insensibles, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que decretadas en su interés de mercado tratan de construir las condiciones para la conformación de un ser mucho más que dócil, que se conforme con las aspiraciones de un éxito superfluo e inmediato. De la misma manera, intentan conformar un pensamiento en los escolares, que lejos de rescatar lo más sano de sus ancestros y de su afán comunitario, venden el conocimiento y el saber cual si fuera una mercancía, que dicen, será garantía para el mejor postor.
Esa pedagogía sumisa que se alienta desde esos parámetros nos tiene entrampados en muchos de los frentes de lucha social: unas comunidades enfrentan con toda su energía su derecho milenario a educar a su hijas e hijos como ellos creen que pueden hacer una vida buena o un buen vivir; mientras, en otras muchas comunidades, se sigue vendiendo el progreso y el desarrollo como una de las apuestas más valiosas para el reconocimiento de “ser alguien en la vida”.
Ante esta problemática se pueden orientar dos procesos que hemos decidido estudiar: a) cómo el estado dependiente y neoliberal, en nuestros países, sigue esos dictámenes foráneos y cuida en lograr sus aspiraciones de mercado; y por el otro lado, b) la oportunidad de acercar las experiencias que tenemos en América Latina al hacer educación o formación propia desde la territorialidad de nuestros pueblos.
Nuestro andar que trata de hacer palabra verdadera, convocando a una praxis buena, se ha inclinado por la segunda vertiente de la problemática, porque creemos que nos ha permitido asomarnos a otras formas, muy otras, para enfrentar esa hegemonía totalizante que intenta educar a nuestras comunidades sobre la base de una colonización permanente y una discriminación constante; que daña el ser y el pensar de nuestras hijas y de nuestros hijos y hasta de nosotros mismos.
Además, nos hemos dado cuenta que haciendo la ruptura de esta colonización del saber y del pensar se puede reflexionar, ya no sólo cómo se hace desde arriba y contra nosotros este proceso de dominación, sino cómo nos ponemos de acuerdo, independientemente de la altitud y latitud desde la que hacemos el acto educativo, para herir de muerte a la hidra capitalista como sistema y a las formas unidireccionales con las que las instituciones educativas de nuestros países se orientan sin ética ni política, en eso que ellas mismas llaman educación.
Consideramos que andar cultivando así la palabra nos ayuda a juntarnos en colectivo para pensar, pensarnos y proponer la sabiduría por delante; de esta manera podemos acercar nuestros procesos de lucha y experiencias en la construcción de otro tipo de pedagogía que sea insumisa o mejor dicho, que como espiral de conocimiento al que todas y todos podemos aspirar, ayude a proponer y no imponer, como dicen los compañeros zapatistas del sureste mexicano, como uno de los principios esenciales para construir un mundo donde muchos mundos sean posibles, no invisibilizados ni olvidados ni mucho menos destruidos.
Es así como, en círculos de la palabra, surgió la propuesta de desarrollar el Campamento Intercultural Latinoamericano (CIL), en sus dos ediciones, México (2016) y Colombia (2017), que como praxis buena nos ha permitido conocer y re-conocer formas propias con pedagogías muy otras, que nada tienen que ver con las formas que imperan en los ámbitos escolares de nuestros pueblos, para la formación de seres sentipensantes de manera colectiva. Donde hemos experimentado como la historia, por ejemplo, juega un papel muy importante en la descolonización del ser y del pensar. Donde el sentir, como base espiritual, puede ayudar al quehacer educativo de carácter intercultural.
Esta experiencia se ha centrado a nivel universitario, que tiene su inspiración en las prácticas interculturales que hemos tenido en varias comunidades de México y América Latina, desde la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Hagamos pues posible amanecer la palabra en este encuentro que, como kankurua, nos permita practicar flor y canto para orientar otra forma de hacer educación y por lo tanto de pedagogías muy otras.