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Resumen de ponencia
De territorios afectados a territorios afectivizados: Marcaciones afectivas del territorio en la experiencia del Movimiento de Resistencia Pacifica de La Puya, Guatemala.

Grupo de Trabajo CLACSO: Cuerpos, territorios y feminismos

*Jonatan Mariano Rodas Gómez



En una ocasión una amiga y activista social publicó en su muro de facebook la pregunta “¿Qué es el territorio para ustedes?” Tita respondió lo siguiente: “para mi es la calle transitada todos los días, las quebradas, zanjones, mi casa, la casa de mis papás, las y los vecinos, los niños que salen a jugar todas las tardes a los callejones, los árboles de los alrededores, las aves, las tierras donde se siembra maíz y frijol, esas tierras que nos han dado de comer desde el tiempo de nuestros ancestros, cada piedra, cada flor, cada recuerdo que allí tenemos, en fin el territorio somos todas y todos y es por eso que se defiende de los invasores que sólo vienen a destruir”. Tiempo después le pregunté a Tita qué como sabía todo eso, es decir, cómo había llegado a aquella comprensión de que todos esos lugares y vivencias que mencionaba en su comentario eran el territorio. “Lo supe el día que me enteré que querían destruirlo”, respondió.
Tita es integrante de un grupo de pobladores organizados en un movimiento de resistencia antiminera en Guatemala, en la región central del país. Este movimiento denominado Resistencia Pacífica de La Puya surgió públicamente en marzo del año 2012 cuando un grupo de mujeres y hombres pobladores de las aldeas aledañas al área donde se pretendía instalar un proyecto de minero de extracción de oro, se opusieron al ingreso de la maquinaria. Pese a las incursiones de las fuerzas de seguridad del Estado y de la empresa, los pobladores permanecieron en el área y se organizaron para montar un campamento frente a la puerta de ingreso a la mina para evitar que la empresa continúe sus operaciones.
El propósito de esta ponencia es compartir una parte de la experiencia de ese grupo relacionada con las formas en que comprenden, sienten y viven el territorio, en el contexto de la instalación del proyecto minero. Uno de los aspectos relevantes de esa experiencia ha sido el proceso de (re) afectivización de ese territorio, a partir de la conciencia de la amenaza que representa la instalación del proyecto minero en el área, como bien lo expresó Tita.
Más que una estrategia o un “repertorio de acción” política, esta afectivización remite al plano de la experiencia, es decir, a la forma en que las personas que se involucran en procesos organizativos en defensa del territorio, viven y sienten de manera encarnada la experiencia de la resistencia. En el caso concreto del territorio, diversas formas de sentir se manifiestan en el recorrido diario hacia las tareas cotidianas, en el camino hacia el campamento de resistencia, en la permanencia en el turno de vigilancia frente a la mina y en las conversaciones acerca de la multiplicidad de seres que habitan aquellos lugares y, en última instancia, las inquietudes abiertas acerca del espacio que antes no se interrogaba y en la rememoración de épocas pasadas. Estas vivencias afectivas van recreando nuevas formas de vivir y sentir esos espacios. El recuerdo y la narración cumplen un papel determinante en este proceso de afectivización del territorio. A través de los recorridos cotidianos afloran episodios vividos a lo largo de la vida: lugares donde se jugaba, personas que se visitaba, cosas que se hacían en un ambiente que ahora corre el riesgo de ser borrado. La narración al evocarlos los reinventa y descubre (o recupera) vínculos que parecían olvidados y que ahora entre la nostalgia, el sentido pragmático y la inquietud de la amenaza, son marcados afectivamente dándoles un sentido que llama a la urgencia de su defensa.
En un plano más teórico estas experiencias se inscriben dentro de una reflexión acerca de las “contiendas de sentimientos” (Besserer, 2014) que se producen frente a las maneras hegemónicas de sentir y desear elaboradas por la actual fase de despojo capitalista. Argumento que para comprender esas contiendas es pertinente hacerlo desde una economía política de los afectos que contribuya a analizar dónde y cómo se producen, sus dinámicas de circulación, acumulación y relaciones con el poder.




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* Rodas Gómez
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Integrante del Sistema de Centros Públicos de Investigación de CONACyT - CIESAS. México D.F., México