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Resumen de ponencia
Geografías originarias: asedio a las ecologías nuestroamericanas de combate

*Valeria Consuelo De Pina Ravest



Geografías originarias: asedio a las ecologías nuestroamericanas de combate

La ponencia busca rastrear en el pensamiento geográfico nuestroamericano las nociones espaciales de algunos pueblos originarios, ello será fundamental para la concepción de las ecologías que emprende la lucha por la materia en nuestro continente. Las ecologías de combate parten del asedio como arte para desconocer lo conocido, se fundan en una concepción del espacio que va más allá de las propuestas funcionalistas, estructuralistas, economicistas.
José Martí será una morada necesaria para estas ecologías que se erigen y nombran desde Nuestra América. Martí da pautas metodológicas y temáticas de relevancia; además, invoca toda la fuerza intelectual para llevar a cabo el plan de la independencia de Cuba y así inaugurar la de toda la América. Con y desde Martí se plantea la necesidad de renombrar y reconceptualizar al sujeto social que ejerce las ecologías de combate y cómo éste conceptualiza al espacio. Así, la ponencia dará atisbos sobre la gesta continental por la materia, el territorio, el tiempo y los sueños.
Las ecologías de combate hacen referencia a la relación esencial entre el todo y las partes para develar la verdad del fenómeno y su arquitectónica, la forma de los procesos del concepto. Martí desde el transpensamiento hace una reflexión de la totalidad, es una reflexión en otro, es decir, piensa al pensamiento consigo mismo.
Las ecologías de combate llaman a ver a la realidad desde la totalidad, ahora más que nunca necesario, pues la “civilización de la pólvora y el vapor [como lo dice Mario Payeras] ignora que la realidad está hecha de fragmentos unidos por un mismo hilo”. En el pensamiento judeo-cristiano hay una oposición tajante entre alma y cuerpo, entre espíritu y materia. En el racionalismo positivista, con la preponderancia de la ley del valor, se rompe la unidad esencial entre los seres humanos y su medio ambiente. Por ello, la urgente y necesaria reivindicación de la conceptualización y práctica del espacio en los pueblos originarios.
Las ecologías de combate ven la necesidad de hacerle frente al embate colonial, a la rapiña que emprende contra nuestros recursos. Se ha configurado un neoextractivismo en América Latina que “rompe las capas del suelo, arranca el oro vivo”, como reza la canción del Trío Lonqui (Chile) “Oro blanco y oro negro”, donde se hace un llamado a la lucha por el territorio, lugar donde existe la posibilidad de la realización de nuestros sueños. Por ello, hay que seguir cantando con el Trío Lonqui: “hasta cuándo soportar, pues vámonos despertando”.
Desde Martí reconstruiremos la idea de totalidad que diversos hombres, superando sus individualidades, han emprendido la lucha por la materia. Martí no sólo habla de las pautas metodológicas, en él dicha necesidad surge de una toma de postura y de un reconocimiento de lo nuestro. Es así que las geografías originarias son el fundamento de las ecologías de combate que están por fundarse.
Martí, de sustancia nuestroamericanista, hilvana en todo el hilo de su obra un hondo sentido anticolonialista. Embiste en diversas formas expresivas lo que desde la conquista cierne sobre nuestros pueblos, un hondo sentido de desprestigio a todo lo referente a nuestra cultura, asumida por siglos en una supuesta superioridad europea, cara ideológica de la cruenta empresa colonial. Dirigirá su pluma contra los lugares comunes con los que el eurocentrismo se erigirá para la dominación cultural: la inferioridad de la naturaleza americana, la inferioridad de los indios americanos, la negación de las culturas prehispánicas. Sus palabras revelan el cuidado con el que hay que tratar cualquier premisa proveniente del colonialismo: “el hábito noble de examen destruye el hábito servil de creencia; la pregunta curiosa sigue al dogma, y el dogma, que vive de autoridad, muere de crítica” (Martí).
Martí opta por el pensamiento crítico, combate creencias, dogmas, argumentos de autoridad. La crítica la ejerce de forma teórica, es decir, “hacia la figura de la especulación, desentrañando el mecanismo del razonamiento implícito en una estructura de conciencia, independientemente de la técnica de argumentación, perteneciente a la forma del discurso” (Iglesias). Con el texto de Nils Castro “Cultura nacional….” advertimos cómo el colonialismo erige una cara cultural-ideológica de gran fuerza que ayuda a justificar sus cometidos entre los pueblos que oprime. Pero sabemos que en Martí la crítica a los postulados teóricos colonialistas va acompañada de una acción.
El cubano no es hombre de letras únicamente, desenmascara preceptos, crea conocimientos, propone una guía para la acción contra los colonialismos, acción que trasciende al facto, acción que es actividad pues el sujeto crea y genera inteligencia frente a hechos concretos. La visión martiana es de aliento histórico y acción revolucionaria, anticolonialista, encaminada a la liberación definitiva de América Latina. A diferencia de contemporáneos suyos como Faustino Sarmiento y Justo Sierra, que veían en el vecino del Norte el modelo de libertad al que debían aspirar los pueblos latinoamericanos, él denunciaba al imperialismo norteamericano.
Martí nos da la materia con que fundar categorías nuevas, nuestroamericanas, nos exhorta desde su contemporaneidad a “no aplicar teorías ajenas, sino descubrir las propias. No estorbar a su país con abstracciones, sino inquirir la manera de hacer prácticas las útiles” (Martí). “La idea nueva se abre paso, y deja en el ara de la patria agradecida un libro inmortal; hermoso, augusto: los Códigos patrios” (Martí). Los códigos patrios no sólo son los del derecho, son códigos que se nutren de pensamiento nuestroamericano para entender con pautas propias nuestro acontecer histórico-espacial y nuestra cultura. Los códigos patrios le permiten discurrir en lo propio, el plan de lucha. Abogamos por una geografía que ayude a crearlos, que relacione los códigos patrios con las formas del cronotopo nuestroamericano.
Para no estar con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron se devela la genealogía donde hemos de buscar la savia de las raíces nuestroamericanas. Para reconstruir la epistemología de nuestra latitud debemos retomar e incorporar pensamiento y lucha nuestroamericana. Así como lo canta Atahualpa Yupanqui en “Camino del indio”, el camino que junta el valle con las estrellas: “cantando en el cerro, llorando en el río”.
La genealogía inicia con Netzahualcóyotl Acolmiztli y sigue con Tlacatécatl Temilotzin, Paracamoni, Tamanaco, Aricabuto, Anacaona, Hatuey, Pontiac, Tecumseh, Caupolicán, Lautaro, José Gabriel Condorcanqui. Son nombres que podemos advertir en la historia de la lucha por la materia y los territorios, pero también están todos esos pueblos que han participado de ello y que han sido relegados de la historia y su pensamiento ha sido soterrado y exterminado. Desde el norte comenzando con los inuits de la tundra ártica; en la costa del noroeste de América tenemos a los tlingit, haida, kwakiutl, nutka; en el oeste a los pomo, yurok y hupa; en el sureste norteamericano a los pueblo, hopis, návajo, zuñis; en los bosques orientales y del norte de América a los iroqueses, algonquinos, atapascanos. En Mesoamérica a los tarascos, mexicas, mayas, mixtecos, zapotecos, xochimilcas, tzotziles, tzeltales. En Sudamérica a los incas, araucanos, muiscas, paracas, icas, nazcas, mochicas, chimúes, quichuas, aymaras, mapuches, patagones, diaguitas, collas, rapanuis, yaganes, yamanas, onas, pampas, tehuelches, abacuanes y todos los que no mencionamos. En el texto, haremos un recuento de las concepciones espaciales de ellos y sus aportes a la conceptualización de las ecologías de combate.
La ponencia es el resultado y sistematización de los seminarios, pláticas y discusiones que por más de nueve años se han dado al interior del Seminario Mario Payeras (UNAM) y del primer seminario titulado “Ecologías de combate” impulsado por la Máquina Mixbaál (UACh).




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* De Pina Ravest
Centro de Investigaciones sobre América Latina. Universidad Nacional Autónoma de México - CIALC/UNAM. México D.F., México