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Resumen de ponencia
Derechos del Niño, Sistema Judicial y Divorcio Destructivo de los Padres, Una Mirada Sistémica.

*Pamela Andrea Catalán Barker



Derechos del Niño, Sistema Judicial y Divorcio Destructivo de los Padres, Una Mirada Sistémica.
Pamela Catalán Barker
Universidad Arturo Prat
Iquique
Chile.

Cientos de familias transitan, mensualmente, por los diferentes Tribunales de Familia del país en busca de resoluciones que encuadren aspectos relacionados a los hijos comunes y que no han logrado ser acordados de otra manera.
Esta intervención del Sistema Judicial, la mayoría de las veces basta para resolver las dimensiones del ejercicio parental puestas en controversia. Sin embargo, existe un porcentaje de familias que se encuentran inmersas en los conflictos no resueltos y/o actuales, que se trasladan a los hijos comunes bajo su cuidado, los que paulatinamente se convierten en “trofeos de batalla” de sus padres en la disputa judicial, lo que implica muchas veces una vulneración de sus derechos.
La invisibilidad con que opera esta dinámica en el Sistema Judicial y sus redes de intervención, aporta a la cronificación e intensificación del conflicto familiar judicializado.
Esta ponencia pretende visibilizar y generar una mirada sistémica de las variables intervinientes en este complejo fenómeno psico-socio-jurídico, incluyendo el marco jurídico, los contextos institucionales y normativas a través de la que emerge el conflicto post-conyugal de los padres que cursan procesos de separación o divorcio destructivo y de despliega en Tribunales de Familia.


Las separaciones y divorcios conyugales son procesos familiares frecuentes, observados en la cotidianeidad de las relaciones en nuestra sociedad contemporánea. Una aproximación cuantitativa al fenómeno a nivel nacional desarrollado por el Instituto Nacional de Estadísticas, señala un promedio aproximado de 60.000 divorcios anuales en Chile entre el período 2010-2014 .
Estos procesos de separación, desde un punto de vista psicosocial, pueden concluir en la reorganización y complejización del sistema familiar, donde se redibujan nuevos límites, se definen nuevas pertenencias y se redistribuyen las interacciones entre los miembros de la familia . En la década de los ´80, Goldsmith, desarrolla conceptualmente el proceso de separación conyugal como una posible etapa del ciclo de vida familiar y no como una ruptura de la familia, como se había considerado hasta ese período (Goldsmith, 1982).
Sin embargo, el tránsito a una nueva organización familiar puede convertirse en un camino pedregoso y, en algunos casos, prácticamente intransitable. Un número importante de familias en proceso de separación se ven atrapadas en un conflicto interminable por el Cuidado Personal y la Relación Directa y Regular entre otras batallas judiciales respecto a sus hijos.
Estos últimos casos, son caracterizados desde la terapia familiar como complejos Procesos de Divorcio/Separación Destructiva.
En este proceso de separación destructiva, los padres (pareja exconyugal) , se encuentran inmersos en las problemáticas y conflictos no resueltos de la separación, por lo que no logran co-construir condiciones de cuidado y protección hacia sus hijos, necesarios en este proceso. Así, en esta dinámica contenciosa de los padres, los hijos son incorporados al conflicto a través de fenómenos relacionales tales como triangulación del conflicto , conflictos de lealtades , doble vínculo , entre otros. Todos ellos suelen ir en desmedro de los propios derechos del niño y se manifiesta en el paulatino rechazo del hijo al padre no custodio, sin que exista una justificación plausible para dicho rechazo .
En Chile, Cáceres y Manhey en su artículo publicado el 2006 conceptualizan el Divorcio Destructivo como “procesos que se caracterizan por la presencia de un conflicto post-conyugal intenso, no resuelto, que se traduce en peleas y tensiones que involucran a los propios hijos y a terceros (familia extensa, amigos o profesionales que les prestan ayuda)” , donde predomina un estilo de relación basado en el conflicto.
Las consecuencias de esta dinámica de conflicto en los niños y adolescentes se manifiestan en una gran gama de sintomatología y problemáticas psico-sociales, derivadas de una disminución de las funciones parentales de los padres en este contexto de disputa. Un estudio realizado por Montenegro (2002) advierte que las consecuencias de aquellos conflictos centrados en los hijos, son un importante predictor de problemas conductuales en los niños, así como el precedente de una mayor incidencia de depresión y otras problemáticas psico-emocionales en la edad adulta.
De modo directo, el conflicto conyugal afecta a lactantes y pre-escolares de un modo emocional y relacional que se visualiza en trastornos de apego y ansiedad. En niños y adolescentes, las consecuencias de esta dinámica conflictiva se observa en trastornos conductuales, agresión, conductas delictuales, depresión, angustia y aislamiento. Se describe, asimismo, frecuentes los sentimientos de culpa, vergüenza, temor por el conflicto, así como la alteración de las relaciones diádicas padre-hijo, madre-hijo entre otras consecuencias negativas en el desarrollo social y emocional de estos niños y adolescentes .
De acuerdo a Caceres, Manhey y Raies (2004), la pérdida del vínculo con uno de los padres tiene un impacto profundo en la vida de estos hijos, especialmente en los más pequeños que se encuentran en proceso de formación de identidad y, dado el narcisismo propio de esa etapa, tienden a experimentar con culpa la pérdida del progenitor. Esta pérdida genera lo que estas autoras denominan “amputación psíquica” del niño, que conlleva graves consecuencias para el desarrollo de la personalidad.
Por otra parte, es necesario precisar que además de la elevada complejidad de esta dinámica de conflicto a nivel familiar, se debe tener en cuenta que estos procesos de divorcio destructivo desbordan el ámbito exclusivamente doméstico.
Así, este proceso se configura como una compleja red de interacciones que incorpora al Sistema Judicial en su desarrollo, es decir, la incorporación de acciones judiciales, así como el involucramiento de agentes de su red, tal como peritos, abogados, terapeutas y otros, y que se expresa principalmente en causas de Custodia o de Relación Directa y Regular que, de acuerdo al anuario estadístico del Poder Judicial del 2011, corresponden en conjunto a un 19% de las causas que ingresaron a distintos Tribunales de Familia del país, ese año.
Ignacio Bolaños (2000), en su tesis doctoral plantea que en la medida que el Sistema Judicial se hace parte de este proceso destructivo, éste adquiere una connotación Jurídico-Familiar y, con ello, es posible establecer que no es posible comprender este fenómeno fuera de dicho contexto judicial, ni su estudio puede circunscribirse a solo uno de esos ámbitos.
Las intervenciones terapéuticas que se realizan a estas familias que cursan procesos de separación destructiva, son producto de las derivaciones que realiza el Tribunal de Familia a su red de instituciones. Dicha derivación se encuentra asociada comúnmente a solicitudes de procesos de re-vinculación paterno/materno-filial o fortalecimiento de habilidades parentales.
En virtud de la gravedad de esta problemática, en España y Argentina se han implementado programas en el ámbito público destinados a la intervención de familias que cursan procesos de divorcio destructivo, aconsejando una mirada integradora de las intervenciones realizadas en estos procesos de separación, al considerarlo como un fenómeno jurídico-familiar. (Bolaños, 2000).
Sin embargo, en nuestro país no cuenta con programas específicos para este proceso que cursan algunas familias. Ello, porque las políticas públicas referidas a este sistema social en nuestro país, tiene una forma individualizada y desarticulada y, como consecuencia, surgen programas públicos que intervienen un aspecto específico o un miembro particular de las familias. Dichos programas, muchas veces carecen de coordinación y coherencia entre sí (Arriagada 2005), posibilitando la invisibilización y el consecuente debilitamiento de las estructuras familiares en el país. En los programas actuales, tal como el presentado en este trabajo, la familia es considerada como entorno en la observación desde los lineamientos técnicos que los guían, encontrándose fuera del foco de observación.
Lo anterior, redunda en la invisibilización del proceso destructivo en la separación de los padres, con el consecuente riesgo de daño y vulneración de los derechos del niño, litigios continuos, la inexistencia de lineamientos y modelos de intervención que permitan a los profesionales hacer frente a esta problemática familiar, Intervenciones insuficientes, impertinentes o incongruentes entre los diversos agentes interventores por la falta de lineamientos pertinentes, que redunda en la cronificación y ampliación del conflicto, generando graves daños a los hijos involucrados.
La característica de complejidad de este proceso jurídico-familiar, hace que la investigación centrada en el sistema terapéutico propia de la psicología clínica, sea insuficiente para dar cuenta de este fenómeno y su proceso de intervención. Los aportes de la teoría de sistemas sociales de Niklas Luhmann, permite hacer visible dicha complejidad, permitiendo evidenciar la red de relaciones implicadas en ella, la definición de sus contextos locales y la posibilidad de observar la observación de los integrantes respecto a su intervención, en las definiciones propias que hace el sistema de sus acciones para su autorregulación. Así, de este puente sistémico entre la sociología y la psicología, se esperan rendimientos fructíferos en la comprensión de fenómenos sociales de alta complejidad como el presentado.




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* Catalán Barker
Universidad Arturo Prat UAP. Iquique, Chile