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Resumen de ponencia
La investigación social: una apuesta práxica, ética y política

*Alfonso Insuasty Rodríguez
*Eulalia Borja Bedoya



La investigación social: una apuesta práxica, ética y política

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez y Eulalia Borja Bedoya (Universidad de San Buenaventura, Medellín – Colombia)

Palabras claves: Investigación activa; Praxis; Investigadores comprometidos; Investigación política; Apuesta ética

La ciencia y la vocación científica e investigativa, se ha convertido según expone Fals Borda (1981) en un fetiche y una construcción idealizada de los sujetos de ciencia – investigadores –, que la asumen como agente externo capaz de orientar y determinar las dinámicas sociales de una sociedad en particular. Este sociólogo, propone una noción de ciencia diferente, donde se le asuma como “un producto cultural del intelecto humano, producto que responde a necesidades colectivas concretas – incluyendo las consideradas artísticas, sobrenaturales y extracientíficas – y también a objetivos determinados por clases sociales que aparecen dominantes en ciertos periodos históricos” (p.68).
En su noción de ciencia, el sujeto inmerso que investiga, tiene condicionantes subjetivos, políticos y sociales, que orientan y definen la aplicación de reglas, métodos y técnicas en los procesos de construcción e investigación científica. Fals Borda (Ibídem) logra incluso, dar cuenta de la vulnerabilidad de la ciencia y su determinación elitista, política e ideológica, de cara a la disputa por la construcción de conocimiento científico.

La comunidad de científicos occidentales especializados que hoy pretende monopolizar lo que es la ciencia y dictaminar sobre lo que es o no científico. Este nivel tiene claras consecuencias en el mantenimiento del statu quo político y económico que se resuelve alrededor del sistema capitalista e industrial dominante. En estas condiciones, la producción del conocimiento a este nivel se dirige obviamente a mantener y fortalecer este sistema (p.69)

Para Torres Restrepo (2001) las ciencias sociales en América latina lograron adaptarse a las dinámicas de la ciencia positiva, objetiva y empírica, desde la década de los sesenta, sin embargo, ésta no logró ser indiferente y tampoco pudo “aislarse de un ambiente local concreto. (…)Menos aún en el caso de una ciencia social, donde los estudios de nuestra realidad comenzaron a multiplicarse” (p.134). La objetividad, por ejemplo, comenzó a ser una categoría esencial y en disputa para la comprensión del desarrollo de las ciencias sociales en América Latina, pues según este autor, desarrollos como los de la sociología no fueron ajenos a esta lógica

Son demasiados los chascos que nos ha dado la sociología teórica, nominalista y objetiva, tan propicia a nuestro genio latino, como para que no tengamos desconfianza en los enfoques que hagamos de nuestra realidad social. Nuestra sociedad se presenta como un hervidero de problemas inmediatos de toda índole, en los cuales nos vemos forzosamente implicados con nuestra afectividad, con nuestra inteligencia, con toda nuestra persona. (p.136)

En este contexto de objetividad, método científico, imparcialidad y demás, investigadores como Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo y Alfredo Molano Bravo, generaron y enfrentaron estas grandes discusiones como investigadores sociales, optando por la separación de dicha neutralidad y objetividad e inclinándose al trabajo con y para el pueblo colombiano, donde la ciencias sociales aprehenden de la ciencia y la cultura de los pueblos. (Fals Borda, 2008)

Lo anterior, nos pone como reflexión, el hecho de que debe existir siempre en el sujeto que investiga, la pregunta del para qué, cómo y para quiénes se construye ciencia y conocimiento, pues lo político debe transversalizar cada una de sus apuestas investigativas. De manera particular, Fals Borda (2008) expone que en el marco de sus procesos investigativos, su intención política siempre fue

Informar y enseñar sobre las realidades encontradas a través de investigaciones interdisciplinarias en el terreno, con el fin de llevar a los lectores, a las masas y a sus dirigentes a actitudes y actividades capaces de cambiar la injusta estructura social existente, especialmente en los campos. (p.6)

Las prácticas políticas, organizativas y sociales terminan siendo aliadas de la teoría, las metodologías y construcciones de conocimiento científico, para construir una praxis particular, pues “buscan combinar el conocimiento con la eficacia en la transformación social” (Fals Borda, 1984, p.4). Esta praxis se caracteriza por superar lo que Torres Restrepo (2001) denomina “cobardía disfrazada de objetividad” (p.136) pues el sujeto investigador se moviliza y compromete con las realidades sociales y comunidades que estudia y genera escenarios de coexistencia de técnicas, métodos y diversos conocimientos – científicos y populares – sin que se tejan relaciones de subordinación e inferioridad entre lo académico y lo comunitario.

Para Molano (2014) la praxis permite generar conexiones entre lo particular y lo general – lo general y lo particular, él por ejemplo, logra hilar las historias locales – aparentemente irrelevantes – con grandes acontecimientos de la historia nacional. Particularmente, en una de sus investigaciones logra retomar los relatos de numerosos colonos, sus biografías individuales, no solo para dar cuenta de un proceso organizativo y político, sino también, para que través de la sistematización de los relatos de vida, se lograra contribuir de manera significativa a la historia de la colonización del país (s.f)
Esta apuesta ética del sujeto que investiga y logra poner su saber, en función de realidades concretas, con sujetos colectivos, permite superar la relación sujeto – objeto existente en las ciencias positivas, para Fals Borda (1984) “aquella relación debe convertirse en sujeto/sujeto. Precisamente la quiebra del binomio asimétrico es la esencia del concepto de participación (p.62)
Torres Restrepo (2001) en su apuesta práxica, invita al mismo tiempo, a no desviar la atención en problemas intrascendentes, más bien a centrarse en la delimitación de problemas de investigaciones reales, donde los sujetos inmersos se vinculen académica, social y políticamente con los fenómenos, comunidades y problemáticas, para lograr escenarios de transformación.

La praxis (…) es ante todo política, la problemática de la investigación-acción lleva necesariamente a calificar relaciones entre los investigadores y las bases populares o sus organismos con los cuales se desarrolla la labor política. Este es un aspecto fundamental del método de investigación, porque, como queda dicho, el propósito de éste es producir conocimiento que tenga relevancia para la práctica social y política: no se estudia nada porque sí. (Fals Borda, 1978, p. 16)

La arremetida neoliberal en América latina y su incidencia en los escenarios académicos, científicos y universitarios, no solo proclaman o promueven un tipo de desarrollo económico, político y social, sino que como expone Ghiso (2017) también un nuevo tipo de investigador y educador, pues con su rol

Se enmascaran las situaciones de exclusión, donde la vida y la sobrevivencia son negadas para muchos pueblos; a la vez que se encubren las condiciones de opresión, ocultando así, cómo la dignidad humana de amplios sectores de población es sistemáticamente clausurada. La problemática que viven las personas, sus necesidades y carencias parecen reducirse a vanos discursos, que no cuestionan, ni asumen las realidades concretas en donde estas tendrían que entenderse y resolverse. La negación de la sobrevivencia y la clausura de la dignidad y autonomía de las personas sólo pueden ser mantenidas por mecanismos de represión, control social y de restricciones en el conocimiento, la información y la participación política. (p.11)

A la par, la desigualdad social, la exclusión, la opresión histórica no solo se silencia, oculta o maquilla mediante la instrumentalización de la ciencia y sus investigadores, sino que, además, el mismo sistema existente, posibilita las condiciones de negación de “la vida y la sobrevivencia, resquebrajando identidades y solidaridades en amplios sectores de la población. La ley del más fuerte, del sálvese el que pueda, del es problema suyo, se enraíza en la vida cotidiana de personas y grupos para poder cooptarla, controlarla y neutralizar toda esperanza, creatividad, indignación y atisbo de resistencia.” (Ibidem)

Son cómplices, quienes no asumen la investigación y a las ciencias sociales como apuesta ética y política, quienes no comprenden que los científicos sociales no pueden permitirse ser útiles o legitimar mediante su accionar, la vulneración de comunidades, sus derechos y reivindicaciones en el marco de sus procesos investigativos, por el contrario, estos deben estar puestos al servicio de dichas comunidades.

La ciencia social es política, y la apuesta debe ser que las prácticas éticas y la toma de postura de los sujetos investigadores, sean el centro de todo proceso investigativo y las formas de comunicar la misma.

Referencias bibliográficas

Fals Borda, O. (1978). El problema de cómo investigar la realidad para transformarla por la praxis. Ediciones tercer mundo. Bogotá.
Fals Borda, O. (octubre de 2008). “Carta a Pedro Santana “Me queda la angustia de la continuidad””. En Revista Foro. (65), pp. 5-10.
Fals Borda, O. (1980). “La ciencia y el pueblo. Nuevas reflexiones” En Asociación Colombiana de Sociología La sociología en Colombia. Balances y perspectivas.
Fals Borda, O. (1985) Conocimiento y poder popular. Bogotá: Siglo XXI Editores
Ghiso, A, M. (2017) Reflexiones de un educador freiriano. Revista Kavilando. Vol 9 (1). Pp. 9-18
Molano, A. (2014) Selva adentro. Bogotá: Penguin Random House
Torres, C. (2001) El problema de la estructuración de una auténtica sociología latinoamericana. Revista Colombiana de Sociología. Vol VI (2) Pp. 133-139 Disponible en: www.bdigital.unal.edu.co/16203/1/11080-26460-1-PB.pdf




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* Insuasty Rodríguez
Universidad de San Buenaventura, Medellín - USBMed. Medellín, Colombia

* Borja Bedoya
Universidad de San Buenaventura, Medellín - USBMed. Medellín, Colombia