Esta ponencia está orientada al propósito de reflexionar y discutir alrededor de los procesos de formación política en la escuela formal, cuyo abordaje se realizará a partir del planteamiento de una innovadora propuesta pedagógica para la formación de sujetos políticos, la cual reformula profundamente varios supuestos y postulados de la manera en que se ha asimilado tradicionalmente la formación política/ciudadana en las escuelas formales. Dicha propuesta obedece a un esfuerzo personal por sugerir unos derroteros pedagógicos, epistemológicos y normativos, que proporcionen herramientas a los educadores interesados en la formación de sujetos políticos, bien sea que se desempeñen en el campo de la educación formal y regulada, o lo hagan en espacios de educación informal o popular (movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, entre otros).
La propuesta pedagógica de formación política que se plantea y cuya naturaleza se detallará más adelante, se alimenta de aportes e inferencias obtenidas desde información recopilada y registrada durante una experiencia pedagógica e investigativa llevada a cabo en una institución educativa del sector oficial en la ciudad de Bogotá, la cual supuso llevar un proceso de intervención profunda con un grupo de estudiantes al interior del plantel educativo, con duración de ocho meses en los cuales se desarrolló un proceso de enseñanza de la política, en el marco de la asignatura escolar de ciencias sociales. Paralelamente, la propuesta se alimentó de aportes de carácter teórico e interpretativo de autores especializados en ejes como subjetivación política, formación política o ciudadana, política, y micropolítica escolar.
Ahora bien, ¿por qué resulta importante y más que eso, innovador poner en cuestión el espectro de la formación política? Para dar respuesta a ello, permítase partir desde la siguiente hipótesis: la escuela es percibida como una institución social sobre la cual se suele descargar (por motivos históricos y culturales), la responsabilidad de formar integralmente a las generaciones jóvenes. Empero, vale cuestionarse a consciencia si tamaña responsabilidad está al alcance de sus capacidades, atributos y perspectivas, o sea, de su tradición. Con respecto a su tradición como institución, es evidente el modo en que enfoca la formación política o ciudadana desde el estricto disciplinamiento del comportamiento de los jóvenes, como orden al cual considera deben amoldarse aquellos. En ese caso, podría afirmarse que para la escuela, la formación política o ciudadana tendría ese atributo de “política” debido a su carácter más bien, biopolítico, es decir, como regulación de la vida social a partir del control que proporcionan diferentes dispositivos de disciplinamiento (Díaz, Salamanca y Carmona, 2012) que abocan en el control absoluto de las vidas y los cuerpos de los aprendices. Allí se cuentan dispositivos tales como los registros de infracciones al reglamento escolar cometidas por los estudiantes, los instrumentos de sanción, la prohibición de vestir determinadas prendas, la restricción de circular por ciertos espacios de las instalaciones del colegio, en suma, todas las técnicas para regular de manera heterónoma, el comportamiento de los estudiantes.
Sin embargo, resulta curioso cómo lo anterior representa una profunda contradicción frente a la pretensión escolar de formar jóvenes en valores democráticos, potenciar su pensamiento crítico y disponerlos a la participación activa, tal como lo mencionan varios cuerpos normativos sobre la educación formal en Colombia (artículo quinto de la Ley General de Educación 115 de 1994, artículos 40 y 41 de la Constitución Política de Colombia de 1991, entre otros). En contraposición, se plantea un enfoque más próximo a dichas pretensiones (formar en valores democráticos, con base en el pensamiento crítico y la participación activa), el cual caracteriza a la propuesta de formación política a la que se refirió al inicio: esta reformula ese enfoque biopolítico para anteponer el agenciamiento político como base de su estructura: esto supone pasar de la concepción del joven como mero objeto de control, a sujeto caracterizado por el ejercicio de capacidades y derechos inherentes, tales como la formulación de juicios críticos y fundamentados, pero sobre todo, de proponer, intervenir y actuar sobre su propio contexto (Martínez y Cubides, 2012) es decir, de apropiarse y aprehender los espacios en que como jóvenes se desenvuelven y comprender sus respectivas dinámicas a fondo.
Como se puede apreciar, hay una reformulación en la misma base de esta propuesta de formación política, haciendo del agenciamiento político de los jóvenes el núcleo de aquella, lo cual implica asumir a los estudiantes como sujetos que participan activamente de su propio desarrollo académico, social e individual, y no como meros autómatas que se inserten en las estructuras sociales establecidas sin siquiera comprenderlas. Otro de los aspectos destacados donde se evidencia el esfuerzo por reformular la formación política en la propuesta pedagógica que se plantea, se halla en las unidades temáticas que la componen: los derechos, la (compleja) vida en sociedad, la teleología, entre otras. Unidades temáticas como las mencionadas, reflejan un esfuerzo por concebir unas líneas que contribuyan a la construcción de subjetividades políticas, en contraposición a la formación política o ciudadana que tradicionalmente se ha impartido en las escuelas formales, puesto que en estas últimas se han establecido ejes temáticos que hacen de la política más un objeto de estudio poco contextualizado para los estudiantes (donde se les pide memorizar datos como cuáles son los tres poderes del Estado y recitar algunos artículos de la Constitución Política nacional, entre otros) , que un campo que preste un apoyo genuino a la formación de subjetividades.
En síntesis, se pone a disposición de maestros, investigadores, padres de familia y diseñadores de políticas educativas, una propuesta que contribuye al desarrollo integral de los jóvenes, prestando un apoyo para un proyecto de sociedad más digna, cohesionada y autoconsciente. Para redondear, recordemos unas palabras de Foucault con respecto al reto del pensamiento que atraviesan las sociedades, para quien, más que ocuparse de descubrir lo que somos ahora, el objetivo fundamental es “[…] rechazar lo que somos. Tenemos que imaginar y construir lo que podríamos ser para librarnos de este tipo de "doble atadura" política, que consiste en la simultánea individualización y totalización de las estructuras del poder moderno” (1988, p. 11).
Referencias.
CONGRESO DE COLOMBIA (8 de Febrero de 1994). Ley general de educación (Ley 115 de 1994). Recuperado de https://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-85906_archivo_pdf.pdf
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA (1991). Edición especial preparada por la Corte Constitucional. Recuperado de http://www.corteconstitucional.gov.co/inicio/Constitucion%20politica%20de%20Colombia.pdf
DÍAZ, A., SALAMANCA, L. & CARMONA, O. (2012). Biopolítica, subjetividad política y “Falsos Positivos”. En, Piedrahita, C., Díaz, A. y Vommaro, P. (Comp.): Subjetividades políticas: desafíos y debates latinoamericanos. Bogotá. Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
FOUCAULT, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana de Sociología. Vol. 50, N. 3. (Julio-Septiembre), pp. 3-20.
MARTÍNEZ, M. & CUBIDES, J. (2012). Acercamientos al uso de la categoría de ‘subjetividad política’ en procesos investigativos. En C. Piedrahita, A. Díaz y P. Vommaro, (Comp.): Subjetividades políticas: desafíos y debates latinoamericanos. Bogotá. Universidad Distrital Francisco José de Caldas