El presente trabajo se enmarca en una reflexión más amplia, en vistas a realizar la tesis de Doctorado, en torno al impacto de la crisis económica internacional de 2008 en la acumulación de capital en Argentina. Debemos hacer notar que la mayor parte de los análisis que abordan el sector externo y la inserción internacional de Argentina se concentran en la descripción fenoménica de la mediación con la economía mundial, es decir, de la balanza de pagos a partir de diferentes indicadores y aperturas como ser por producto, por sector, por grandes rubros, por intensidad tecnológica, por destino, entre otras. Este enfoque metodológico nacional-centrado deriva, en regla general, de los aportes (invaluables, por cierto) que realizó el estructuralismo latinoamericano (Prebisch, 1949; Pinto, 1970; Ferrer, 1963, entre otros). Sin embargo, no ha sido suficientemente desarrollado otro enfoque que nos interesa considerar aquí como punto de partida: las características de la acumulación del capital a escala mundial, con sus continuidades y transformaciones, en la cual se inserta efectivamente la economía argentina. Consideramos que este punto no puede ser soslayado en una formación social dependiente (Marini, 1973) en la cual la inserción internacional no resulta exclusivamente de orientaciones endógenas, sino que por el contrario, tiene una gravitación central el devenir del sistema económico mundial.
Por lo tanto, el presente trabajo se coloca en el nivel de análisis de la unidad mundial del modo de producción capitalista. Si bien el capitalismo como modo de producción basado en la explotación mantiene su esencia en diferentes épocas, la forma en que los capitalistas logran llevar adelante la enajenación de los productos de los trabajadores y apropiarse del plusvalor sufre variaciones: el capitalismo tiene sus leyes de reproducción y transformación. La distinción más clásica de las etapas del capitalismo la realizó Lenin -y autores como Cueva (1977) la tomaron para su análisis de América Latina- señalando tres etapas: una comercial, otra industrial y la “superior” -y última- imperialista (que se habría iniciado en la Primera Guerra Mundial). Sin ninguna duda son las crisis económicas quienes median entre las diferentes etapas por sintetizar las contradicciones entre capital y trabajo que impiden impulsar la acumulación. Existe un consenso en las ciencias sociales en torno a que las crisis de 1873, 1929 y 1973 -más allá de las causas que cada investigador/a impute- representan puntos de quiebre en la relación social capital. Asimismo, el análisis centro-periferia inaugurado por la CEPAL realiza un importante aporte al indicar que el sistema capitalista está conformado por jerarquías (dadas por las diferencias de productividades, el PBI, etc.) móviles por lo que se torna imprescindible considerar quién y cómo ejerce ese espacio jerárquico a la hora de periodizar -idea luego rescatada por Gunder Frank para analizar la dependencia (1968) y Wallerstein para conceptualizar el moderno sistema mundial(1998)-: Inglaterra como primer centro del capitalismo mundialmente constituido, seguido por Estados Unidos. De esta manera, a cada etapa del modo de producción capitalista corresponde una determinada forma de articulación del centro con la periferia que permite la reproducción del capitalismo a nivel mundial.
A partir de este doble criterio (formas de extracción de plusvalor y jerarquía del sistema mundial) podemos pensar al Neoliberalismo como una etapa caracterizada por la acumulación flexible (Harvey, 1990) tanto en cuanto a la deslocalización productiva como a las condiciones de producción de la fuerza de trabajo (flexibilización laboral, sin protección social), siendo Estados Unidos el eje articulador de la acumulación a escala mundial (centro). A su vez, cada etapa se compone por diferentes fases (Katz, 2003). En este sentido, en el presente trabajo nos proponemos dar cuenta de las transformaciones en la economía capitalista a nivel mundial a partir del 2008. Dado que entendemos que los procesos sociales -en general- y el capitalismo -en particular- se fundan en un doble movimiento entre el cambio y la continuidad, para llevar a cabo el objetivo propuesto buscaremos identificar en lo novedoso una serie de procesos profundos que se desenvolvieron en el seno del capitalismo y que permanecen –bajo la forma de lo temporal y contingente- en el presente. De la dialéctica entre cambio y continuidad pretendemos evaluar si la crisis internacional de 2008 cristaliza un metamorfosis neoliberal -es decir, una nueva fase dentro de la misma etapa- o si por el contrario implica el desenlace de una etapa del capitalismo y la apertura de una nueva.
En vistas a comprender la crisis del 2008 en un primer apartado de la ponencia expondremos las características centrales del neoliberalismo. Durante el neoliberalismo, Estados Unidos permaneció en la cúspide de la jerarquía mundial dirigiendo el proceso de acumulación de capital a nivel mundial, aunque asumió un renovado rol articulador respecto del que tuvo en la etapa anterior (usualmente denominada fordismo). Sin que se produzca un cambio de eje gravitacional del sistema mundial, las políticas de liberalización comercial y deslocalización productiva configuraron una nueva relación entre el centro y la periferia. Por lo tanto la propia exposición de la etapa neoliberal nos lleva a poner la vista sobre los territorios donde descentralizó la producción industrial, específicamente en China desde 1978.
En un segundo apartado nos centraremos en la crisis internacional comenzando por su prehistoria, entendiendo por ésta el primer quiebre que sufre la economía estadounidense en 2001 durante la “crisis de las .com” y la consumación de una serie de transformaciones en la economía china que tienen un hito en su ingreso a la OMC durante el mismo año. Mostraremos que los años sucesivos -hasta la crisis del 2008- conforman un interregno donde se ponen en marcha dos procesos: a. China hace valer la fortaleza de su aparato productivo convirtiéndose en una alternativa frente a la crisis de Estados Unidos; y b. parte de la periferia comienza un proceso de adaptación productiva coherente con la contundente influencia de lo que emerge como “nuevo centro” (China). Por último, expondremos algunas de las principales interpretaciones en torno a la crisis internacional (Aglietta, 2007; robinson, 2009; Chesnais, 2009, harvey, 2012; Arrighi, 2008; Brenner, 2008; Lapavitsas, 2009; Krugman, 2009; Stiglitz, 2010; Gambina, 2013; Katz, 2008; Astarita, 2010), con el objetivo de realizar una lectura crítica que nos guíe a la hora de evaluar las tendencias de la economía mundial desde el 2008 y hasta el 2015
En un último apartado de la ponencia nos proponemos analizar las tendencias de la economía mundial desde el 2008. Podríamos centrar la controversia en dos puntos que dificultan el consenso en torno a la significación de la crisis subprime: a. En torno al modo de producir, que la crisis no trajo aparejada una ola proteccionista que disolviera la globalización sino que por el contrario la internacionalización del capital dio un nuevo salto de calidad (Oguz, 2015) expandiendo las cadenas globales de valor -que otrora eran características de los grandes capitales (Barkin, 1981)- los capitales de todos los tamaños y todos los sectores; y b. En cuanto a quién ocupa el centro del sistema (la máxima jerarquía), que no se ha producido una guerra donde China resulte victoriosa, sino que por el contrario, la interdependencia entre ambas economías hace difícil prever una una salida bélica a la confrontación (Katz, 2014). Mientras, Estados Unidos mantiene -sin duda alguna- una gran influencia en la economía mundial y China ha desacelerado su crecimiento desde 2013.
Si bien el proceso post-crisis aún permanece abierto y hasta indeterminado, en las conclusiones evaluaremos las tendencias expuestas a lo largo de los tres apartados sopesando los dos criterios que nos permitían definir las etapas del sistema capitalista mundial. Creemos que allí podemos encontrar la clave para comprender al 2008 como el desenlace del neoliberalismo y la inauguración de un nueva etapa del sistema capitalista mundial cuyas características demarcatorias -con rupturas y continuidades- aún se están definiendo.