Los barrios populares se constituyen como el indeseado efecto de una forma de neoliberalismo. Estos barrios, villas miserias, favelas, son los que, desde la política pública, pero también desde la academia, se pretenden “urbanizar”, “desarrollar”, con diferentes grados de participación por parte de estas instituciones. En cierto sentido, buscan estas instituciones suplir la ausencia de iniciativa capitalista de quienes habitan ese espacio para sumarse a las bondades de la vida social de la urbe, capitalista, cosmopolita y democrática. En la ciudad de Corrientes, en el barrio Ongay, el Estado intervino activamente en la urbanización con el Programa de Mejoramientos Barriales (PROMEBA), propiciando una nueva cuadrícula en la organización de las casas, abriendo calles, re-ubicando a las personas en casas de madera, y finalmente construyendo tres Centros de Promoción Comunitarias (CPC). El Centro de Estudios Sociales (CES) comienza a trabajar invitado por un proyecto de Promoción del Desarrollo Territorial y Social (PDTS) del CONICET. La propuesta era generar actividades de manera rápida para el CPC del Ongay, como también propiciar espacios de generación de ferias de artesanos. Al “abordar” la cuestión de la economía social, comenzamos con una suerte de mapeo de las actividades productivas del barrio y una convocatoria para artesanas del barrio. En esa convocatoria se congregaron las mujeres del barrio que hacían manualidades, y en las charlas sucesivas, comencé a notar diferentes tipos de relaciones y trayectorias que se enlazaban de modos también diversos con las políticas públicas, con las instituciones estatales, con los intermediarios, y entre las mismas mujeres.
En esta ponencia, presentaré algunas primeras pistas sobre dos mujeres, Lali, integrante de una cooperativa del Ellas Hacen, peronista por definición, y de Yamila , quien trabaja con la política, además de ser contar con una beca de la Secretaría de Desarrollo Humano de la Provincia de Corrientes. Estas prácticas se configuran desde diferentes acepciones de lo que la política es, lo que el Estado representa y lo que hace. Ambas, sin embargo, resuelven sus “necesidades” a partir de una interacción con el Estado, con diversas formas que asume la acción estatal. Esta trama compleja entre el Estado y el Mercado, es lo que nos habilitará a pensar y reflexionar esta dupla indagando en las configuraciones emergentes desde el punto de vista situado de las prácticas de estas mujeres del Barrio Ongay, de la Provincia de Corrientes. Partimos de una mirada etnográfica, inscripta en un proceso de investigación más amplio, que enfoca en las formas que adopta esta relación en las prácticas y los discursos.
Se considera necesario poner de relieve algunos aspectos de este estado múltiple que “aparece” en el barrio, y comenzar a sentar algunas bases para una posterior conceptualización exhaustiva. En este intento, faltarán articulaciones entre los presupuestos más generales, y las prácticas y discursos más particulares, sin embargo, confío en que se podrán intuir algunas relaciones, que serán trabajadas en la tesis, y en posteriores análisis. La primera ponencia donde planteo estas líneas, fue: “A mi me gusta hacer, pero no vender”. Un primer acercamiento a las prácticas económicas de mujeres del Ongay”, presentadas en la Reunión de Antropologías del Mercosur de diciembre del 2017. El desafío con esta, es dar un paso más, abordando la relación que se establece entre el estado y la construcción de la economía mientras se enraíza en seres sociales, con historias, con trayectorias, con predisposiciones específicas, para generar efectos particulares, y que sobre todo, manifiestan una potencia de vida.
De este análisis emerge que las relaciones entre ambas instituciones son múltiples, porosas, situadas en cuerpos específicos y contingentes. El Estado presente es uno heterogéneo, define “desde arriba” lo qué va a pasar, establece reglas de juego vía las normativas, las políticas públicas, la distribución de ingreso que facilita, pero éstas son resignificadas, aunadas a experiencias, historias, formas de comprender y de usar de las mismas mujeres. Lejos de ser estático, el Estado se redefine en la interacción, donde las mujeres de un sector popular, lejos de ser sujetos pasivos, son personas que interactúan, generan vínculos, y potencian usos y prácticas concretas de trabajo y de relación social.