La intencionalidad de Axel Honneth en patologías de la razón es reformular la teoría crítica de la escuela de Frankfurt a partir de la lucha por el reconocimiento, para llevar a cabo este primer objetivo hace una recapitulación de todo lo acontecido con la teoría crítica alrededor de la primera y segunda generación de la Escuela de Frankfurt con las producciones teóricas de Max Horkheimer, Theodor Adorno y Jurgen Habermas para finalmente replantear y contrarrestar las pretensiones que tuvo la teoría crítica en el contexto de estas producciones teóricas y hacer una propuesta basada en los estudios del joven Hegel en Jena. Son “La Lucha Por El Reconocimiento” y “Patologías De La Razón” las obras que principalmente recogen la preocupación por el replanteamiento de la teoría crítica y la nueva fundamentación ética para la resolución de los conflictos que surgen de los intereses morales.
El reconocimiento debe leerse en clave del pluralismo social, a partir de la imposibilidad de muchos sujetos para realizarse en condiciones de vida buena y lograda, lo cual ha llevado a una lucha de estos actores por ser reconocidos dentro de las sociedades a las cuales pertenecen pero en las que históricamente se les ha negado y despreciado. Es el reconocimiento, una teoría que devela los interrogantes sin resolver de la inclusión social y las demandas de derechos que proclaman las acciones colectivas de los grupos de interés y los movimientos sociales alrededor del mundo, en pro de la reivindicación de un pluralismo étnico-cultural, que en síntesis es una pretensión no alcanzada por los Estados modernos y el dinamismo social.
En las reflexiones de la teoría del Estado y la teoría política, la satisfacción de demandas de derechos por parte de las instituciones políticas y de la sociedad se había superado con la adopción de la teoría de la justicia distributiva de John Rawls, pero finalmente estas habían reducido la justicia y el conflicto a una dimensión materialista del Estado-Nación, dejando de lado la diversidad e interculturalidad, así mismo como las responsabilidades de todas estas instituciones en el marco pluridimensional de la globalización, la novedad de la lucha por el reconocimiento es que aborda los conflictos en el plano de la moralidad.
Es así como el reconocimiento, se constituye como una búsqueda de la justicia social, abarcando esencialmente la dimensión ético-moral que propende por la configuración de un sistema de reglas sociales mínimas, para la solución de los problemas en los cuales está sumergido el mundo actual. La ausencia de dicho reconocimiento, ha desatado profundas crisis en todas las estructuras humanas. Referirse a la estructura política, es asociar la corrupción y el gobierno en pro de los beneficios propios; la estrutura económica, nos lleva a considerar y la insatisfacción de derechos básicos; la estructura social las profundas desigualdades.
Al analizar las implicaciones educativas de la lucha por el reconocimiento de Axel Honneth en dos sentidos, el primero obedece a la problematización de los sujetos de la práctica pedagógica y el segundo, ligado a la educación como un campo de lucha por el reconocimiento en el cual los conflictos educativos también surgen del no reconocimiento de determinadas pretensiones de autonomía.
Respecto de la problematización de los sujetos de la práctica pedagógica, es de gran riqueza la preocupación que inunda a la tradición pedagógica germánica, porque el sujeto es un ser indeterminado que comienza un proceso de determinación inacabado, pero es precisamente la educación el camino por el cual se atraviesa constantemente, la subjetividad comienza a tomar forma a constituirse y fundarse a partir de la relación y construcción con los “otros”.
En este sentido, hoy se lee la escuela como un aparato reproductor de la lógica capitalista. Se sabe que durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la escuela era aparato de estado y su sentido era justamente la determinación de ciudadanos para la República. Sin embargo parte de esta escuela ha muerto y ha dado paso, a una escuela que considera su accionar desde las competencias, la inclusión al mercado laboral y sobretodo desconociendo al sujeto que desde su experiencia en la escuela se constituye y emancipa.
La pedagogía continúa siendo un asunto instrumentalizado (Zuluaga: 2003), porque la perspectiva curricular subyugó la posibilidad constitutiva de saber de esta, lo que impide una perspectiva humanizante y heterogénea de la escuela. La noción de currículo anglosajona como se implantó en Latinoamérica y en general en el mundo, obedece fundamentalmente a una noción homogenizante, unidireccional e invisibilizadora del sujeto.
En este sentido si apropiaramos la noción de reconocimiento de Honneth (descrita anteriormente), la pedagogía se consolida como la posibilidad de entender la lectura de otro como yo; no por el mero goce del compartir, sino para poder crear universos de significación de aquello que sucede, tan válidos, que puedan ser, para aquel otro, una lectura válida del texto, o de los muchos textos de la cotidianidad (Aramburo y Hortúa, 2005). La pedagogía es el encuentro de dos universos de significado, es decir, de dos lecturas de un mismo texto. Este encuentro arroja a su vez una nueva lectura que mezcla rasgos de cada una de las anteriores. Y es allí donde justamente la perspectiva ética del sujeto en dicho diálogo se elabora, comprendiendo su lugar y valor en el mundo. La escuela entonces sería prisma para la condición ética del sujeto. Una escuela heterogenizante, una educación para la justicia social, un sujeto ético.
La educación como un campo de lucha por el reconocimiento, es un reflejo de las luchas en América Latina, y el surgimiento de movimientos sociales, la intersubjetividad de los individuos necesita del reconocimiento de sus demandas de derechos y la generación de una estima social por parte de los otros. La carencia del reconocimiento recíproco e intersubjetivo es generadora de conflictos escolares morales que se profundizan con la concentración de la riqueza, si asistimos a instituciones educativas donde los sujetos tengan una igualdad de oportunidades por su acceso a bienes materiales como se explican los conflictos, si existe una satisfacción de una justicia distributiva. Es la educación, un escenario de lucha por el reconocimiento, esa lucha de la cual se empoderan los sujetos cuando no son reconocidos.
Hoy nada mas ajeno a la escuela que el amor, el derecho y la estima social. Tal vez el asunto no es el presente de la escuela, sino la forma escuela desde su emergencia parafraseando a Pineau (2007) es una máquina, una maquila de personas en pro de un estado nación y unas lógicas de desigualdad social y económica. Nada diferente cabe en la escuela, hoy señalamos el matoneo como práctica de relación con los demás, una escuela que nos confronta, una escuela que en últimas es el espejo de la sociedad.
Puede ser utópico, pero vale soñar con una escuela que reconozca al otro, que el sujeto sea visibilizado, una escuela amorosa, justa y con estima social. Una escuela que posibilite la ética del cuidado. ¿Será esto posible? La historia lo dirá.