En la última década, han proliferado las críticas a la tecnología en las ciencias sociales. En este sentido, la crítica a la modernidad incluye describir los vicios del capitalismo, y cómo este enajena a su población a través del consumo. Entre los filósofos que han abonado en este sentido encontramos las aportaciones de Slavoj Zizek, Sygmunt Bauman y Byung-Chul Han.
Aunque las aportaciones de estos y otros filósofos contemporáneos son de suma importancia para el pensamiento social contemporáneo, el propósito de la presente ponencia en primer lugar, busca rescatar el pensamiento crítico de la modernidad de Iván Illich. Conocido y muy leído en las décadas de los 60 y los 70 del siglo XX, el pensamiento de Illich ha permanecido solo marginalmente en el ámbito de las Ciencias Sociales en América Latina.
Illich mismo era un ejemplo de pensador crítico y de frontera. Croata, criado entre Italia y Austria se convirtió en sacerdote católico y ejerció los ministerios entre la comunidad latina de Nueva York para después afincarse en Costa Rica y México, lo cual aportó su visión elementos muy heterogéneos, convirtiéndolo no solo en un pensador crítico, sino también en un polemista que puso en tela de juicio instituciones consideradas “sagradas” por la mentalidad colectiva contemporánea.
El pensamiento crítico de Illich, su visión de la ruptura de los paradigmas a partir de los monopolios radicales creados desde la consolidación del cristianismo ofrecen una visión nada ortodoxa del análisis social.
En este sentido, y a partir de poner en relieve la importancia de las ideas de Illich en torno a su visión crítica de la modernidad, se desprende un segundo objetivo de la exposición que aquí me ocupa: retomar las ideas que desde principios de los 90, cuando el uso de la computadora comenzó a masificarse. La crítica de Illich no solo se ocupa de la máquina y su creciente incorporación a la cotidianidad humana, sino que rastrea en el cambio cognitivo a partir de los estímulos sensoriales y su interacción con la tecnología
Después de escribir, como él mismo los llamaba, sus principales “panfletos” entre los que se cuentan La desescolarización, Hacia una historia de las necesidades, Némesis Médica donde desmontaba los grandes mitos sacros de la modernidad y el progreso como la tecnología, la medicina, la escuela y el automóvil, Illich indagó en la historia de los sentidos y sus relaciones con el entorno.
El cambio de paradigma descrito por Illich se ubica en el espectro cognitivo de los individuos y sin embargo, el impacto es colectivo, social y duradero. Como lo señala acertadamente Gustavo Esteva en Repensar el Mundo con Iván Illich
El mundo cae a pedazos a nuiestro alrededor. Caen con él las ideas que formaron la mentalidad moderna en los últimos doscientos años, tanto las que condujeron al desastre actual como las que intentaron la emancipación.
Illich anticipó con lucidez espeluznante el desastre actual, la decadencia de todas las instituciones, la forma en que una tras otra empezaron a producir lo contrario de lo que pretende justificar su existencia. Hizo ver con precisión la manera en que la corrupción de lo mejor es lo peor. Y anticipó también la forma en que la gente reaccionaría ante el desastre.
Iván Illich logró un análisis sumamente acabado de la realidad. La tecnología y el cambio de paradigma a partir de ella, la rastrea como una transición entre dos formas de percibir y construir el mundo: el self libresco y el “sueño” cibernético. El self libresco es la mentalidad surgida durante la Edad Media, después de la invención del texto y la página, que llevan a un plano superior la codificación y abstracción del lenguaje. El pensamiento complejo solo puede desarrollarse a partir de la abstracción que permite la escritura y la ordenación de ideas en un texto; así, el self libresco dio paso al surgimiento de la racionalidad, la ciencia, la ilustración entre otras tendencias de gran importancia para la historia de la humanidad desde el punto de vista del pensamiento dominante (occidental).
Como todo cambio de paradigma la transición entre el self libresco y el sueño cibernético no es tajante, es un proceso de largo alcance, a veces imperceptible e inasible; no obstante, el sueño cibernético llegado primero con las pantallas de la televisión, y posteriormente con las computadoras, cambia la forma en que las personas utilizamos nuestros sentidos y nos relacionamos con la información, la abstracción comienza a diluirse en un show permanente en que la conciencia individual, característica de la racionalidad humana empieza a fundirse con las inteligencias artificiales que nos acompañan de forma progresiva en la realidad cotidiana. Así parecemos no darnos cuenta de las habilidades que perdemos al fusionarnos con las máquinas: nuestra capacidad de orientación con el GPS, la de memorizar sucesos y datos con el almacenamiento infinito de las “nubes”, asimismo, la capacidad de recordar eventos de nuestra vida confiados en las “líneas de tiempo” de las redes sociales. Nos acomodamos a vivir con la “comodidad” de incorporar las herramientas a nuestra vida sin pensar en que renunciamos a nuestra propia mente, conciencia y capacidad de reflexión en el camino.
El de Illich es también un pensamiento revolucionario y de frontera que invita al diálogo inter epistémico, me atrevo a decir, que su pensamiento llevaba a una epistemología alternativa a la occidental (no necesariamente opuesta pero sí divergente) cuando esta discusión aún no se constituía como tal en las Ciencias Sociales. Su formación en la academia europea, combinada con su biografía que conjuga elementos eslavos y latinos, además de su poco ortodoxo ejercicio del sacerdocio que lo llevó a nutrir su pensamiento de colegas latinoamericanos, europeos, asiáticos entre otros, nos habla de la riqueza de su perspectiva.