En el mundo contemporáneo, la incorporación masiva de amplios territorios y sus poblaciones a la economía global (China y Europa del Este, por mencionar dos ejemplos emblemáticos), los procesos de integración económica regional en distintos niveles y geografías del planeta (Unión Europea, Tratado de Libre Comercio de América del Norte, MERCOSUR, Comunidades Económicas Regionales de África), así como las transformaciones ocasionadas por las tecnologías de la información y las comunicaciones en un espacio económico mundial cada vez más interconectado, han ampliado considerablemente los horizontes de la movilidad humana y modificado la estructura y localización de los mercados laborales.
Contrastando con el intenso y fluido dinamismo de mercancías, capitales, servicios e ideas que traspasan fronteras y circulan por todo el planeta, en las primeras dos décadas del siglo XXI tres acontecimientos replantearon el escenario de la movilidad humana a través de las fronteras internacionales: los ataques de septiembre 11 de 2001, la crisis económica iniciada en los años 2007-2008 y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en noviembre de 2016. Aunque esos tres sucesos tuvieron su epicentro geográfico en Estados Unidos, su trascendencia ha sido global, y han situado a las migraciones internacionales en el ámbito de la seguridad nacional.
La gestión de la movilidad humana con un enfoque de seguridad nacional conlleva el precepto de intensificar y extender la vigilancia de las fronteras, así como restringir el ingreso, asentamiento y tránsito de personas extranjeras, modificando legislaciones, políticas y acciones en materia migratoria. Adicionalmente, la historia ha mostrado que en momentos de recesión o crisis económica, los inmigrantes se convierten en "chivos expiatorios" de los males que aquejan a las economías y sociedades receptoras –aunque también a las de origen cuando se ven obligados a retornar.
A pesar de este adverso escenario para la movilidad a través de las fronteras internacionales, en el año 2000 el número de personas que residían fuera de su país de origen se estimaba en 175 millones de personas, cifra que en el año 2010 ascendió a 214 millones de personas y en 2015 su número se estimaba en 244 millones de personas. La Organización Internacional para las Migraciones considera que “En general, la migración internacional ha demostrado su resistencia a las recesiones económicas y cabe esperar que siga aumentando en volumen y en complejidad en los próximos decenios”.
Ni las políticas restrictivas destinadas a controlar las fronteras y gestionar selectivamente las migraciones internacionales ni la crisis económica reciente han impedido la movilidad de quienes buscan mejores oportunidades laborales y de vida fuera de sus países de nacimiento. Lo que sí ha ocurrido es que las condiciones en que acontece esa movilidad se han dificultado de manera creciente, especialmente cuando los desplazamientos migratorios ocurren sin la autorización formal para el ingreso, tránsito o asentamiento hacia otro país. Los costos materiales de la movilidad en situación no autorizada y los riesgos humanos de diversa índole se han incrementado críticamente, particularmente para las personas que migran en condiciones o situaciones de mayor vulnerabilidad, ya sea por su precariedad socioeconómica, su edad, sexo o condición étnica, la carencia de redes sociales de apoyo y otras circunstancias adversas que no les son propias, pero lo son de las sociedades de origen y de aquellas otras por las que transitan o a las que se dirigen, en una gama que se extiende desde el no reconocimiento de sus derechos humanos hasta la violencia, la discriminación, el racismo y la xenofobia
En este trabajo se presentan distintos escenarios y condiciones profundamente adversos a la movilidad humana asociados a las migraciones internacionales en las décadas recientes. En primer término, se hace referencia a las políticas de control de flujos y de control de fronteras que desde la década de los años 1990 se han implementado en América del Norte y Europa del Sur con la finalidad de limitar, disuadir y contener los ingresos de inmigrantes no autorizados. En una segunda sección se refieren las consecuencias que ocasionó la crisis económica en la movilidad de las poblaciones migrantes. Un tercer escenario hace referencia a la condición de los países de tránsito y la vulnerabilidad que implica para los migrantes desplazarse por ellos, con referencia especial al caso de México, pues en años recientes el tránsito de migrantes por su territorio ha sido considerado por los defensores de los migrantes, aunque también por los hechos, como una crisis humanitaria.