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Resumen de ponencia
América Latina como problema para la teoría social

Grupo de Trabajo CLACSO: Teoría social y realidad latinoamericana

*Kathya Araujo



El objetivo de los llamados autores sociológicos clásicos a fines del siglo XIX y principios del siglo XX era identificar los rasgos emergentes que sus sociedades (sociedades nacionales principalmente) estaban adquiriendo debido a la aguda transformación de la condición histórica a la que se enfrentaban y la nueva conciencia nacida de sus impactos en la vida cotidiana (Nisbet, 2004). En consecuencia, se centraron en el estudio de las características específicas de este nuevo momento histórico: la base transformada de la organización social (modos de producción, reproducción social, etc.), los significados y sentidos emergentes sobre el mundo y el Ser, y la reconfiguración de formas de convivencia social. Las producciones de ciencias sociales (así como las de las humanidades, por supuesto), de una manera no concertada pero confluente, proporcionaron contenido a la narración de la era recién llegada. A pesar de las variaciones importantes, se logró un amplio consenso sobre el marco general de esta narración. Es de este modo que se produjo una versión canónica de la nueva condición histórica, que terminó por ser aceptada colectivamente bajo el nombre de Modernidad.

Pero esta tarea fue acompañada por un hecho muy importante: el universalismo era una orientación principal para el trabajo desarrollado por estos autores. En su entendimiento, ellos no solo estaban destinados a producir un conocimiento interpretativo de los procesos sociales que enfrentaban, sino que además consideraron que debían construir conceptos que pudieran dar cuenta de las tendencias en desarrollo en el largo plazo, con un alto nivel de abstracción, y con un alcance universal (Domingues 2014), (diferenciación, individualización, secularización, burocratización). Por lo tanto, a pesar de que sus marcos teóricos y herramientas conceptuales se basaban en las experiencias de un número limitado de sociedades, ellas fueron propuestas como generales y universales. Éste es un hecho que, por supuesto, debe entenderse íntimamente ligado a su posición dentro del paisaje de relaciones de poder geopolíticas más amplias, y esto desde el comienzo de las disciplinas y en adelante (Connel, 2007; Patel, 2006).

La modernidad como narración de un proceso histórico, y, sobre todo, como fuente para la construcción de un conjunto de herramientas conceptuales, tomó un carácter normativo excepcional (y problemático) puesto que se constituyó como una referencia a la comparación, una medida ideal para los juicios de valor y un modelo hegemónico para el análisis en ciencias sociales.

Como consecuencia, los conceptos que se crearon basándose en el humus socio-histórico de las sociedades occidentales centrales continúan sirviendo de referencia para el estudio de otras sociedades. En ese sentido, las soluciones estructurales, normativas e interaccionales para el problema de la convivencia que encontraron las primeras se han exportado a las últimas y han trabajado en ellas con frecuencia como definiciones de lo que debería "esperarse" cuando no de lo que debería ser "deseable". Una consecuencia muy importante ha sido que este traslape ha terminado contribuyendo a confundir la comprensión e interpretación de otras sociedades. Otra no menor: que una región como América Latina ha terminado constituyendo sus “aires de familia” principalmente desde lo que puede considerarse la narrativa del déficit (sujetos no sujetos, sociedades con débil relación a la ley, etc.).

La toma de conciencia de estos hechos ha llevado a un saliente e importante debate contemporáneo en el cual una pregunta central es cuáles son las tareas prioritarias para la teoría social y la investigación sociológica en la actualidad para alcanzar sus objetivos de precisión, pertinencia y coherencia en un mundo que no se restringe a las sociedades centrales del norte.

Quizás una de las vías más importantes para abordar esta problemática ha sido emprender el escrutinio y la renovación de la noción de Modernidad como una de las tareas prioritarias básicas para la teoría social y la investigación sociológica actual. En esta línea se han vinculado analíticamente ambos problemas: la noción universalista y hegemónica de la Modernidad y el monopolio teórico de las teorías y categorías promovidas desde las sociedades occidentales centrales.

Tras una revisión de estas posiciones (decoloniales, postcoloniales, modernidades múltiples) y una discusión de sus límites, esta presentación argumentará que la tarea principal de la teoría social latinoamericana hoy más que centrarse exclusivamente en un desmantelamiento crítico de la modernidad, exige revisar e impugnar categorías analíticas generales que han funcionado como fundamento para las tareas sociológicas. Una tarea que solo puede ser llevada a cabo partiendo de evidencia empírica, y que supone la generación de programas de investigación orientados en última instancia a contrastar la capacidad de las nociones teóricas vertebrales hegemónicas para dar cuenta de las realidades en estudio.

En breve, esta presentación propondrá que las tareas de la teoría social en América Latina, para poder pensar América Latina, y propugnar una concepción de estas realidades sociales más allá de la narrativa del déficit hoy implica una doble estrategia: olvidar estratégicamente la modernidad y hacer sistemática y consistentemente de América Latina un problema, porque una objeción, a la teoría social y los pilares fundamentales que la han sostenido ahora ya por más de un siglo.




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* Araujo
Instituto de Estudios Avanzados. Universidad de Santiago de Chile - IDEA/USACH. Providencia, Santiago, Chile