La Dictadura Cívico Militar chilena, comprendida entre los años 1973 y 1990 (plebiscito en el año 1988) tuvo por consecuencias la polarización de la sociedad, la represión de los grupos opositores y una serie de violaciones a los derechos humanos. La posterior transición de la democracia permitió recoger los relatos de quienes fueron víctimas de la violencia política de forma directa, se fomentaron programas de reparación y reconciliación en tanto se entiende que estas memorias, las que durante mucho tiempo fueron sistemáticamente silenciadas, ahora son retomadas para dotar de complejidad la comprensión de la Dictadura y sus efectos sociales, así como para hacerse cargo de las profundas secuelas que el terrorismo estatal provocó.
De esta manera, es fundamental precisar que una de las razones, entre muchas otras, por la que la memoria aparece en el ámbito académico fue debido la preocupación de los Estados por reparar, llenar los vacíos y saldar sus cuentas con un pasado cargado de violencia, y con ello asegurar una buena convivencia dentro de la sociedad. En ese sentido, durante el periodo de transición se comenzó a instalar una memoria hegemónica, anclada en la nueva institucionalidad recién recuperada, y que por efecto tuvo una especie de deslegitimación de las memorias alternas, como las de los grupos armados que continuaron ejerciendo la violencia como instrumento de lucha social. Esto en términos académicos, al menos en el contexto chileno, ha tenido un incipiente desarrollo, dejando estas memorias legadas a un olvido institucionalizado, amparado bajo lógicas de poder que se han enmarcado en los procesos de socialización de la información, como los medios masivos de comunicación.
La memoria entonces, aparece como un conjunto heterogéneo de relatos del pasado que confluyen, tanto en sus tensiones como sus apoyos mutuos, y que por lo tanto, posibilita rastrear memorias colectivas que por hegemónicas han dotado de sentido el presente y permiten la re memorización individual y colectiva bajo ciertos marcos referenciales. De la misma manera, la existencia de una memoria hegemónica permite reconocer la existencia de otras memorias presentes en la sociedad, memorias que además han sido legadas a un sitial secundario, o simplemente negadas como válidas. Es bajo este contexto de construcción de una memoria hegemónica respecto al proceso de transición, en donde los medios oficiales de comunicación, como la prensa escrita, comenzaron a construir discursos en referencia a este proceso y los grupos revolucionarios armados, configurando así una determinada forma de entender la violencia revolucionaria y la violencia estatal, posicionándolas como ilegítima y legítima respectivamente. Desde una perspectiva crítica e histórica es necesario reconocer que con la transición hacia la democracia no se resolvieron de forma inmediata los conflictos sociales, y consecuentemente, tampoco la violencia de ambos grupos, sino que ésta debió tomar nuevos matices para acoplarse a un contexto diferente, y en ese sentido, la prensa y los medios de comunicación tuvieron una poderosa influencia en la construcción de un discurso legitimador del poder del Estado, mientras criminalizaba las acciones de grupos armados.
En la ponencia se presenta un análisis correspondiente a la Prensa Escrita referida al periodo de transición y los grupos revolucionarios armados de dicho periodo: MAPU- Lautaro, FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez) y MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), donde el objetivo es comprender los discursos sobre la violencia política desde el Estado y los medio masivos de comunicación. Lo anterior a partir de un análisis documental de la Prensa Escrita comprendida entre 1988 y 1998. La metodología de la investigación es Análisis de Discurso y el posicionamiento de la investigación es a partir de la Psicología Social Crítica, la cual concibe la violencia política como una construcción social, es decir, que desde diversos grupos sociales se van construyendo distintas perspectivas de entender la violencia política, tomando acción respecto de ello, generando así memorias hegemónicas y minoritarias.
Al concebir la violencia política como una construcción social, planteamos que los discursos sobre la violencia durante la transición se significaron de distintas formas por parte del Estado y por parte de los grupos revolucionarios armados. La violencia ejercida desde el Estado es concebida como legal, mientras que por otra parte, desde los grupos revolucionarios es considerada como ilegal. Permitiendo así la reproducción y legitimación de la violencia estatal en contraposición a la violencia revolucionaria. Es de esta forma en que los documentos de prensa escrita nos permiten identificar y comprender cómo el Estado instauró estos discursos hegemónicos a través de los medios masivos de comunicación, para así legitimar el uso de las nuevas modalidades de represión y la violencia política estatal durante la transición, deslegitimizando la violencia política revolucionaria como herramienta válida para el cambio de la estructura social.