En un país como Colombia, donde se ha iniciado un proceso de transición del conflicto armado a la paz con uno de los actores históricos, ha emprendido un viaje en el sistema educativo a través de la creación de la Cátedra para la Paz en los colegios públicos y privados del país desde el año de 2015
Hoy después de un año de la firma del acuerdo final y tres años después de la aprobación de la Ley 1732 de 2014 surge una pregunta fundamental, ¿la implementación de la cátedra ha sido útil para iniciar procesos de construcción de culturas de paz que le permitan a los niños niñas y jóvenes gestionar sus conflictos pacíficamente o la cátedra se ha convertido en una estrategia de fortalecimiento del discurso estatal?
Por lo tanto, surge la inquietud por comprender cómo ha sido el proceso de implementación de la Cátedra para la Paz en los colegios, pero especialmente cuáles han sido las estrategias que se han realizado en las aulas para lograr que los niños, niñas y jóvenes asocien los contenidos orientados en sus clases como elementos determinantes de su realidad en la vida cotidiana.
A partir de estos elementos se plantea la siguiente hipótesis de trabajo: los estudiantes tienen una baja capacidad de apropiación de la Cátedra para la paz al ser orientada como una asignatura ocasional, es decir, desarticulada de la estructura de la malla curricular, adicionalmente sus temáticas especificas pueden llegar a ser consideradas principalmente como ejes doctrinarios estatocéntricos y no como herramientas de construcción de valores multiculturales en torno de la paz.
La implementación de cátedras de paz ha sido una constante en naciones que han iniciado procesos de transición a la paz posterior a conflictos armados especialmente de carácter interno (intraestatal), se considera como un elemento sustancial para lograr difundir nuevos valores democráticos, de reconciliación y de reconstrucción de tejidos social en los procesos de construcción de paz; entonces, es necesario contar con el apoyo de las bases sociales para cumplir con esta tarea y en el caso colombiano con una perspectiva optimista el postconflicto que se está construyendo en el país se extenderá por lo menos a lo largo de los próximos 20 años, donde los niños, niñas y jóvenes de hoy serán quienes han de liderar una sociedad que actualmente está dividida por la polarización causada por discursos de odio y de exclusión. Ellos serán quienes deban dinamizar, oxigenar y dar relevo generacional a los líderes actuales, por ello es vital saber cuál es la formación que están recibiendo en las aulas dentro de sus competencias cívicas y sociales.
Tras un proceso de intervención encabezado por los integrantes del Semillero Liberpensado de la Fundación Universitaria Uninpahu en el Colegio Lazarillo de Tormes ubicado en la localidad de Kennedy en la ciudad de Bogotá, con niños y niñas entre los 9 y 12 años de los grados quinto y sexto bajo la metodología de investigación acción participativa se obtuvieron una serie de resultados que se han sido el eje central de análisis de la ponencia.
A partir de la evidencia empírica es clara la necesidad de implementar estrategias pedagógicas alternativas basadas en los contenidos obligatorios delimitados por el Decreto 1038 de 2015 (reglamentario de la Ley 1732 de 2015) para la Cátedra para la Paz, generando una ruptura con la estructura curricular tradicional de una asignatura regular debido al potencial que tiene para la construcción de nuevos entramados sociales basados en la paz y la reconciliación; como respuesta a dos dimensiones que se evidenciaron en la intervención realizada frente a la estrategia de enseñanza y la forma de apropiación por parte de los estudiantes: la primera es el aprendizaje a repetición de conceptos y la segunda es la normalización de situaciones sociales conflictivas.
Como resultado del proceso de intervención se prioriza la necesidad de estructurar las estrategias formativas a partir de tres lineamientos transversales que hacen parte del corazón de las iniciativas de construcción de paz no-violentas, pero que tienen la posibilidad de ajustarse y aplicarse en los procesos de la práctica pedagógica de forma flexible gracias a su adaptabilidad de acuerdo con las características académicas y sociales de la institución.
Los lineamientos, permitirán procesos de apropiación profunda por parte de los niños y niñas que reciban la orientación de la Cátedra para la Paz, no solo como un ejercicio curricular obligatorio sino como una herramienta para la construcción y consolidación de la paz:
1) La afirmación positiva entendida desde tres momentos específicos: primero, la comprensión de las normas establecidas socialmente para una vida en comunidad armónica; segundo, la expresión positiva de los resultados de acciones asociadas al cumplimiento de las normas o de la manifestación de elementos para la convivencia armónica; y tercero, la expresión de las características positivas propias de las personas en los contextos sociales y comunitarios.
2) Comunicación: Herramienta para garantizar la transmisión asertiva de los conocimientos resultantes de los procesos de las afirmaciones positivas de una forma clara, que permita su comprensión de forma sencilla y concisa, pero con todo su contenido ético y teórico.
3) Creatividad: comprendida como el intercambio de saberes basados en las afirmaciones positivas que permitan encontrar soluciones alternativas a los conflictos en las diferentes dimensiones de los estudiantes y sus relaciones con sus semejantes; permitiendo nuevas formas de comunicación y acción en el marco de afirmaciones positivas.
Por lo tanto, se propone que se orienten las acciones de implementación de la cátedra a partir de seis elementos básicos que garanticen una mejora en los niveles de apropiación con los estudiantes de los diferentes grados:
Primero. Para lograr un mejor ejercicio en la práctica pedagógica es determinante que los docentes tengan procesos de formación adicional en educación inclusiva que les permita diversificar su quehacer diario, promoviendo ejercicios de ajuste en sus asignaturas a partir de los contenidos curriculares estandarizados, especialmente por la redefinición del aula como un espacio colaborativo de dialogo y de intercambio
Segundo. Los docentes en las aulas a través de la Cátedra tienen un rol adicional de gestores en la construcción de paz, en las aulas se crean espacios de conciencia colectiva donde los estudiantes están en la capacidad de definirse en un contexto e identificar los cambios en los que ha transitado el país para la construcción del futuro en paz donde ellos serán los protagonistas; por lo tanto es determinante que los docentes sean formados a profundidad en los contenidos de la Cátedra para lograr idoneidad en la orientación de los contenidos.
Tercero. Implementación de iniciativas extra-aula desde la Cátedra y lograr la articulación con otras asignaturas a partir de sus contenidos específicos, permitiendo la creación de otro tipo estrategias pedagógicas que permitan la construcción de habilidades académicas y sociales que permitan el desarrollo mancomunado de las instituciones educativas, las familias de los estudiantes y el territorio.
Cuarto. Aplicación de estrategias con enfoque diferencial dentro del aula, no solamente en instituciones que se dedican a la atención de población con necesidades educativas espaciales, se espera que se acoja en las aulas regulares, permitiendo la inclusión de estudiantes que son considerados en condición de algún tipo de vulnerabilidad.
Quinto. Definición de estrategias de reducción de brecha digital, permitiendo a los estudiantes a conectarse de forma segura con el mundo, dando la posibilidad de acercarse a la información existente en el mundo sobre el país, el conflicto y la construcción de paz.
Sexto. Promoción de espacios culturales y sociales que vinculen a la comunidad educativa en general, porque la paz no solamente se construye en el aula con una asignatura, se fundamenta en espacios donde la diversidad de opiniones confluya a través del dialogo, la expresión, las artes y diferentes representaciones que promuevan la alteridad y la otredad.
Séptimo. Visibilizar las experiencias educativas que se han orientado en ejercicios de restitución de derechos que promuevan la participación de la comunidad educativa, promoviendo la escuela como escenario de construcción de paz en el territorio.
A modo de conclusión se determinaron una serie de propuestas centrales que recogen los resultados del ejercicio y que son ejes problematizadores en sí mismos de la implementación de la cátedra:
• Los contenidos obligatorios de la cátedra están orientados bajo la perspectiva de estabilización institucional del Estado, fenómeno que no sorprende pues responde a las perspectivas liberales (tradicionales) de construcción y consolidación de la paz.
• Es necesario que se extiendan las temáticas obligatorias en los contenidos orientándolas con prioridad a elementos que permitan la construcción de culturas de paz, como eje prioritario para la recuperación de la confianza no solamente en las instituciones sino en el tejido comunitario de la sociedad.
• El nivel de apropiación de los conceptual es bajo debido a la estrategia clásica de enseñanza y la complejidad de los conceptos orientados por docentes que en su formación básica no necesariamente están familiarizados con las temáticas asignadas.
• Los grupos de estudiantes que no cuentan con la presencia de algún niño o niña víctima del conflicto armado tienen menores niveles de sensibilidad frente al fenómeno de la violencia, reduciendo el alcance de la alteridad.