Desde el siglo XX, con la aparición de las tecnologías de registro y proyección de imágenes en movimiento, el indígena se ha constituido en un predilecto y “exótico objeto de consumo” (Carreño, 2007). De la mano primero de la antropología, y luego de la industria cultural en general, el cine y la televisión han ido de manera sostenida, configurando una cierta idea del indígena.
El estudio que se propone, se sitúa en una doble preocupación. Por una parte el foco de indagación son artefactos de la cultura audiovisual, pero por otra, se vincula a una reflexión problematizadora respecto del “uso” de los indígenas como objetos de representaciones audiovisuales. Dicho de otro modo, el problema de investigación se circunscribe en la interrogación de artefactos culturales audiovisuales y sus condiciones de producción y circulación, en la medida que estos vehiculan intencionalidades, que suponemos responden a programas estéticos e ideológicos sobre el indígena y sus condiciones de vida. No es por tanto interés de este estudio, una reflexión sobre el indígena en sí, es una investigación sobre aquellos que concibieron, produjeron y pusieron en circulación artefactos culturales audivisuales cuyas narrativas se centran en la figura del indígena, y en particular, del pueblo mapuche williche.
Varias producciones audiovisuales del siglo XX, bastante desconocidas, fueron elaboradas a partir de la imagen de comunidades mapuche williche de la Fütawillimapu, territorio que en la cartografía occidental abarca desde el sur de la Región de La Araucanía hasta la Isla de Chiloé. Algunas de dichas piezas son posibles de visionar hoy, desde diversos sitios en internet, pero algunas otras son prácticamente inaccesibles, aunque sepamos de su existencia.
La Fundación Radio Escuela para el Desarrollo Rural, FREDER, ha sido una agencia de trabajo en la zona costera de provincia de Osorno desde hace más de cincuenta años. De la mano de la órden católica capuchina, han intervenido en dicho territorio con diversos programas de formación redioeducativa, sobre todo en los años 70’ y 80’, en dicho marco, es posible por ejemplo visualizar dos producciones que ejemplifican el tipo de material y sus potenciales valores investigativos:
“San Juan de la Costa” (blanco y negro, 9 minutos) es un registro documental que se inicia en Lafquenmapu, comuna de San Juan de la Costa, de autoría de Leonardo Kocking, realizado por el taller de cine de la Universidad de Chile, sede Osorno y Chile Films, en 1971. Muestra, además del entorno, una multitudinaria peregrinación religiosa, imágenes de prácticas agrícolas, intercambios en la feria de Rahue, entre otros aspectos de la vida y cultura mapuche williche; el registro se construye desde un tono políticamente reivindicativo, enfatizando aspectos de la historia de abuso con los indígenas, sosteniendo así, un sentido de lucha social. Hay una crítica explícita a la política de Radio La Voz de la Costa, de entregar a las comunidades rurales de San Juan de la Costa, aparatos receptores de radio, con dial fijo. Ante esto, uno de los testimonios señala que tras la orden del cacique, se abrieron los receptores y se desbloquearon. “Manipulación de conciencia” señala un cartel que se inserta como título, en el documental. Radio la Voz de la Costa pertenece a la Fundación Radio Escuela para el Desarrollo Rural – FREDER.
“Blanca Azucena” (Color, 23 minutos) es un trabajo audiovisual producido y dirigido por David Benavente, video realizado en 1984, que protagonizan participantes del Programa PPH (Padres e Hijos) que ejecutara, por esos años el CIDE (Centro de Investigación y desarrollo de la Educación) y FREDER, en diversas localidades de la comuna de San Juan de la Costa. Mezcla documental y ficción, esta última asociada a la simulación de lo que fuera el programa PPH. El video se realiza desde un enfoque más bien laudatorio hacia el programa PPH y crítico hacia las autoridades locales de la época; da cuenta de las vicisitudes de un grupo de vecinos por avanzar en el desarrollo del programa, a pesar de la resistencia de autoridades locales y de algunos vecinos.
El 1 de marzo de 1968 aparecía, dentro de la programación televisiva del canal Nederland II, publictado en un periódico holandés, la exhibición de un documental: Plaats Voor Nieuwe Mensen. “El lugar para la nueva gente” podría traducirse el título. La historia (pese a que no dispongo de la traducción desde el holandés), narra el trabajo que desarrollan los recién llegados hermanos capuchinos a las comunidades indígenas de Quilacahuín (comuna de San Pablo, provincia de Osorno). ¿Qué interés podría tener la televisión holandesa por trasmitir en señal abierta, en horario estelar este documental? ¿qué interés en producirlo? Son justamente estas interrogantes preliminares las que comienza a hilar el problema. Esta producción audiovisual sobre los mapuche williche no es la primera del siglo XX pero sí, probablemente es una de las más desconocida hasta ahora; tras una revisión de literatura específica no se ha encontrado registro de una potencial proyección pública en Chile, ni hay referencias de este material en los textos consultados (Mouesca, 1998; Mouesca, 2005; González, 2008; Liñeros, 2010).
El trabajo más antiguo corresponde, probablemente a inicios de los años 50. Armando Sandoval Rudolph, fue un pionero cineasta de Río Bueno, en esa década. Su producción fue restaurada en el 2010, con apoyo de Fondart. Una de sus producciones se sitúa también en el marco de los intereses de esta investigación:
“Lepún Aborigen” (Color, 11’04’’). Situado probablemente en la zona de Lago Ranco, este registro documental con narrativa laudatoria indianista, logra captar la intimidad de un ritual, que aunque no tiene data, debiera ser de la década de los años 50’, pues es justamente esta década dónde Sandoval Rudoplh circunscribe su producción, desde su empresa Cine Sur.
Es posible, además de los artefactos ya referenciados, mencionar otros: “Rogativas del pueblo huilliche” (Contreras y Alvarez Santullano, 1989); Rogativa Huilliche Lepun (Contreras y Alvarez Santullano, 1990); Abuelito Huenteao Creencia y Ritual. Una peregrinación a la casa del Abuelito Huenteao de Pucatrihue (Moulian y Valdés, 1999); Lepún de Pitiruco (Moulian y Valdés, 1999); Huilliche Ta Inchen (Forno, 2000).
Las imágenes siempre han estado presentes en la vida del ser humano. Son, de alguna manera, inmanentes a éste tanto en su valor de producción como en su valor receptivo; desde la época de las primeras impresiones rupestres hasta la emergente y así llamada ‘era digital’ todo un cúmulo de información, técnicas y teorías se han convocado para avanzar en la producción, comprensión e implicancias de ellas en la vida humana. Se intentará aquí, avanzar igualmente en dicha dirección, con una focalización en los sentidos que operan tras el registro y producción de discursos audiovisuales a propósito de la imagen mapuche williche. Tras estas producciones es posible dar cuenta de ciertos programas o intereses presentes en la sociedad desde la que son creadas (como discursos) y que además contribuye a recursivamente a producirlos. En este sentido, las imágenes adquieren valor a través del proceso social de acumulación, posesión, circulación, que permite una cierta práctica de legibilidad entendida como “formas de producción de conocimientos que devienen en el control, gobierno y la regulación de sujetos y territorios. Estas prácticas son vehiculizadas preferentemente por los grupos dominantes, no obstante, los sujetos subalternos también desarrollan prácticas de legibilidad como parte sus obstinadas formas de lucha, resistencia y negociación cotidiana de las relaciones de poder.” (Nahuelpán, 2013).
Desde un punto de vista teórico, resulta pertinente una aproximación de doble entrada: por una lado situar el trabajo en la tradición de los estudios culturales, particularmente desde la mirada de Stuart Hall (2010), por cuanto es justamente la etnicidad uno de los campos que le ocupan. Hall, proporciona una definición y problematización directa sobre la idea de la representación, central para el estudio que se propone; dirá (2010) “La representación es una parte esencial del proceso mediante el cual se produce el sentido y se intercambia entre los miembros de una cultura. Pero implica el uso del lenguaje, de los signos y las imágenes que están en lugar de las cosas, o las representan”. Operativamente identifica tres posibles tipos de representaciones: reflectiva, intencional y construccionista (pág 447), categorías que eventualmente pueden ordenar el repertorio de representaciones que se logre develar en el corpus de trabajo.
Por otra parte, Bhabha (1994:92), desde una mirada postcolonial, aporta una reflexión interesante y provocadora respecto a la construcción de subjetividades, estereotipos y ambivalencias, señala “Mi lectura del discurse colonial sugiere que el punto de intervención debería pasar del reconocimiento rápido de imágenes como positivas o negativas, a una comprensión de los procesos de subjetivación hechos posibles (y plausibles) mediante el discurso estereotípico. Juzgar la imagen estereotípica sobre la base de una normatividad política previa es descartada, no desplazada, lo que sólo es posible al comprometerse con su efectividad: con el repertorio de posiciones de poder y resistencia, dominación y dependencia que construye al sujeto de la identificación colonial (tanto el colonizador como el colonizado).” Es en esta dirección, en la idea de poner en interrogación los modos en que se construyen ciertas imágenes a veces esterotípicas del sujeto mapuche williche, que el estudio postcolonial permitiría la contextualización en programas políticos mayores, a los meramente locales, y desde allí entonces, la posibilidad de construir una explicación que dé sentido a las elaboraciones narrativas de estudio.