El trabajo indaga sobre la articulación entre modernidad y colonialidad, cuestión que nos interpela tanto desde el interés teórico por la formación de los estados nacionales modernos, como desde la demanda ética y política de la emancipación. Hannah Arendt afirma que hubo formas de colonialismo en otros momentos de la historia, pero sólo el colonialismo moderno ha producido una clasificación y jerarquización racial de las poblaciones, conjugado con el proceso de dominación económica mundializada. Las raíces de un pensamiento racial se arraigan profundamente durante el siglo XVIII y aparecen simultáneamente en todos los países occidentales durante el siglo XIX. (Arendt, 1948)
Nos proponemos en esa clave analizar las tensiones que atraviesan la realización del proyecto político moderno en los antiguos dominios coloniales hispanoamericanos e indagar en el discurso político de inicios del siglo XX la fábrica de la "raza argentina" y el tratamiento de la alteridad. Finalizadas las guerras de la Independencia, el término raza aparece en los discursos políticos de las elites letradas en referencia a los obstáculos para instaurar las formas republicanas de gobierno en los antiguos territorios coloniales. El tratamiento en términos raciales del conflicto de poblaciones, producto del mismo proceso de colonización, provee una base natural a las narraciones que, a través de consignas como “civilización y barbarie”, marcaban una fisura en las nociones modernas de ciudadanía y de nacionalidad. Esta tensión, reiterada y extendida a un amplio arco político (no sólo liberales, sino republicanos y socialistas se valieron de esta noción), expresa la ambigüedad propia del republicanismo americano que oscila entre el ideal universalista de los principios modernos herederos de la Ilustración y la imposibilidad de conformar una identidad nacional que se quiere homogénea. Por el contrario, la heterogeneidad social heredada del mundo colonial, con la manifiesta presencia de indios, negros y mestizos -al decir de la época- despertaba todo tipo de desconfianzas. Así, las preguntas que Sarmiento se formula en Conflicto y Armonía de las Razas en América: “Quiénes somos? ¿Somos europeos, somos indígenas, desde cuándo, hasta dónde?” [1883] serán retomadas y resignificadas en el proceso de construcción discursiva de la nación a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Si bien esta cuestión atraviesa la experiencia revolucionaria en toda Sudamérica -Simón Bolívar ya la expresaba en su discurso de Angostura [1819] considerando nuestro caso como “el más extraordinario y complicado”-, el momento constitucional argentino es particularmente representativo de esa voluntad homogeneizadora de la nacionalidad. La guerra por la conquista del territorio ocupado por las tribus indígenas nativas de América y la construcción de un paradigma racial en el marco de la cultura científica que se consolidaba en el país a principios del siglo XX, son la base del mito de una Argentina blanca. La segunda inmigración, en el cambio de siglo, dará el perfil poblacional definitivo de la nacionalidad, tanto institucional como social, invisibilizando el componente indígena.
¿Qué es la raza? ¿Cuál es su genealogía en tanto concepto? ¿Qué uso se hizo de esta noción al momento de la instauración de la república? Entendemos que el período post revolucionario representa un laboratorio donde se elabora la identidad de los nuevos ciudadanos en contextos adversos. La ruptura independentista de la metrópolis no comporta el fin de las formas de dominación colonial, por el contrario, perdura la minoridad jurídica y social. Sostenemos que el denominador común de la historia post-colonial de las naciones en Sudamérica ha sido la exclusión del otro: los pueblos autóctonos, los descendientes de esclavos o las distintas formas de mestizaje que complicaban las identidades hipostasiadas y homogéneas de la nacionalidad del imaginario republicano. Nuestra interrogación se dirige entonces al proceso de racialización de sectores de la población originaria de América, causa primera de su posterior despojo y marginación del todo nacional.