“A nosotros nos interesará otra cosa: por qué, en qué condiciones y determinadas situaciones culturales un texto ajeno se hace necesario” (Lotman, 1996:64)
¿Se pueden visibilizar las marcas de la colonialidad y las posibles resistencias a ellas en testamentos de “indios” de la Colonia o en cualquier otro texto? ¿Son los testamentos de “indios” de la colonia textos colonizados que invisibilizan el discurso de resistencia?, ¿Por qué razón los “indios” testaron, si su cultura era diferente a la europea? Para responder, abordamos el problema de la colonialidad y sus consecuencias justificando una forma de lectura semiótica para el análisis e interpretación de los testamentos que nos permitiera visibilizar posibles resistencias y consecuencias de la colonialidad, lo que podría aportar a la urgente necesidad de dilucidar el problema sobre el que se funda la colonialidad y sobre el cual se fundamentan las injusticias a las que fueron sometidos los “indios”. Al releer parte de la historia del periodo colonial de Chile se vio la posibilidad de “desenmascarar” (Rivera Cusicanqui, 2010) las distintas formas de colonialismo presentes en ellos y dejar visibles las formas que lograron escapar de él. Pudimos leer al testamento como un texto con memoria y se reconoció que, en sí mismos, son una muestra de la colonialidad del poder y que en ellos es posible evidenciar las marcas de la colonialidad, tanto en su estructura como en la descripción y análisis de sus elementos, pudimos ver que los elementos culturales (Bonfil Batalla, 1972) que los “indios” testaron, no tenían coherencia con el propósito del instrumento jurídico impuesto, esto nos llevó a pensar que existe la posibilidad de que los “indios”, mediados por el miedo a la muerte o por la presión del encomendero, testaron, pero evidenciando en estos documentos la escasa apropiación cultural del mismo y el posible uso de éste como medio de preservación de su propia cultura. Para poder demostrar lo anterior, fundamentamos la necesidad de analizar los testamentos con la lupa de la semiótica, en cuya disciplina amparamos la propuesta de “traducir” los textos legales y así poder ofrecer actualización de su contenido.
Sabemos de la necesidad de visibilización del “indio” en la historia, así como diferenciarlo discursivamente y desnaturalizar la violencia a la que fue sometido, reconocemos también el valor que estos textos tienen como portavoces de los oprimidos-colonizados de nuestra historia. Para poder visibilizar al “indio” y su perspectiva, pudimos argumentar sobre la posibilidad que los testamentos tienen de guardar memoria y que su rescate permite evidenciar una episteme invisibilizada gracias a la traducción semiótica. Supusimos que, al develar al “indio” y su perspectiva en los testamentos, se podrían revelar aquellos espacios de resistencia a la dominación de los europeos.
Esta propuesta evidencia la urgente necesidad de recuperar la memoria histórica con respecto al pasado de los sujetos que testaban en el periodo colonial, en particular, de los que están invisibilizados bajo la categoría de “indio”. Lo anterior evidenció la impostergable necesidad de disponer de una especie de actualización crítica del pasado a través de la lectura-traducción semiótica. Tener memoria común entre los testamentos y sus lectores-interlocutores permitiría visibilizar el contexto, la información contenida (como la posible resistencia), el espacio simbólico precolombino oculto, entre otros. El problema es justamente el de la memoria común, si no hay memoria común o, peor aún, si esta se funda en falacias, mitos, mentiras o falsas historias, si se basa en historias hegemónicas impuestas por razones ajenas a los “indios”, su memoria y su cultura no podrán estar presentes en la memoria colectiva. Develar la voz del “indio” permitirá develar la resistencia a la imposición colonial. Es urgente la necesidad de darle rostro al discurso de la resistencia, el que adquiere un carácter metafórico como sustituto del contexto y también adquiere un carácter metonímico al ser parte de una cultura a través del contexto, o los contextos, que lo representan. Los textos, como formaciones estables y delimitadas, se mueven de un contexto cultural a otro, comportándose como informante cuando se trasladan a un nuevo contexto, a una nueva situación comunicativa: “Actualizan aspectos antes ocultos de su sistema codificante” (Lotman, 1996:81-82) se hace visible la analogía: el texto, como las personas tiene una conducta sígnica: adquiere más importancia que él en sí mismo adquiriendo rasgos de un modelo de cultura y, por otro lado, adquiere una conducta independiente como una persona autónoma (1996).
Al revisar una pequeña muestra de testamentos coloniales de “indios”, pudimos comprobar que hay espacios en ellos que quedaron fuera de la colonialidad heredada y que hay que rescatarlos de la ceguera histórica en la que han permanecido. Para lo anterior, concluimos que es necesario partir interrogando a la historia acerca de quién habla y dónde está el sujeto de ella. Al encontrar esas voces, encontraremos los espacios que resistieron a la imposición. La neutralidad de la historia dominante, su supuesta objetividad y cientificismo han amparado el mito occidental que pone énfasis en la razón por sobre el sujeto, en las diferencias y en las relaciones de poder. La historia se constituye como un operador de la dominación. Cuando una comunidad es inducida a concordar una interpretación de la historia determinada, se crea un significado intersubjetivo. Lo anterior adquiere relevancia si entendemos que el contexto de producción de los testamentos considera que la inducción, más bien imposición, para el uso y función de un elemento cultural de función jurídico-social-económico como lo es el testamento de “indios” de la colonia, produjo que su lectura tuviese un significado centrado en este aspecto funcional-impuesto y no se motivara la extracción de más información contenida en ellos. A su vez, la comunidad ha sido formada por un sistema de enseñanza que ha traspasado la historia con los sesgos eurocéntricos y occidentales que no permiten ver al pre-colonizado,
“Uno de los problemas examinados tiene relación con las maneras en que la investigación se institucionalizó en las colonias, no solo a través de las disciplinas académicas, sino también a través de sociedades científicas y de eruditos, como también de redes académicas. El trasplante de instituciones de investigación desde los centros imperiales de Europa, incluidas las Universidades, permitió que los intereses científicos locales se organizaran y arraigaran en el sistema colonial” (Tuhiwai, 2016:29)