Una de las tareas educativas para representarnos en el escenario del uso educativo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) es construir y reconstruir los caminos teóricos y prácticos para definir y validar nuestro quehacer educativo y eminentemente pedagógico, de manera que el camino que se emprenda para incorporar a las TIC en lo escolar siempre esté orientado al servicio del despliegue de los escenarios y de las capacidades para preguntarnos la realidad y buscar juntos y juntas las respuestas en aras de favorecer la formación integral e intercultural de quienes nos encontramos para enseñar, aprender y transformarnos en comunión, sobre todo cuando las tecnologías de información y comunicación se están distinguiendo como el instrumento que forja las oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida.
Esta necesidad por repensar lo que hacemos al encontrarnos como maestras y maestros con la red, surge de la clara convicción de que no es posible ignorar un asunto tan crucial y problematizante como el fenómeno emergente de las TIC, la hiperconectividad, la hipertextualidad, la interactividad, la asincronía, la identidad digital, las redes sociales, las nuevas formas como se construye el tejido cibersocial y, por supuesto, cómo estos se integran para resignificar muchos aspectos de la educación y de las formas de encuentro y desencuentros de la humanidad en general, en tiempos en donde la singularidad tecnológica avanza y las contrareformas educativas asechan.
De igual manera acontece en la medida en que damos cuenta que esta convergencia entre las telecomunicaciones, la radiodifusión y la informática, hibridadas en lo que muchos denominan el Internet de las cosas, evolucionan a un ritmo trepidante en un modelo político en particular desde el cual son propuestos, lo que nos hace estar en medio de una gran revolución informativa, tal vez el mayor fenómeno que la humanidad haya experimentado, permeada indudablemente por los intereses de los grupos económicos y políticos más poderosos de carácter multinacional, presentes detrás de la industria de las TIC.
Esta realidad impone tener conciencia y posicionamientos críticos y éticos para asumir que cualquier acercamiento con fines educativos con las TIC ameritan partir de reconocerlas como un artefacto cultural, pues lo que para muchos puede ser entendido como un concepto técnico referido a metadatos, lenguaje NET, códigos y CLS, para otros como Fiorello, C.1, citado por Guido Scorza (2009), las distingue como un artefacto cultural creado a partir de entramados políticos, psicológicos y sociales que trascienden a la esfera meramente tecnológica de los bits, lo que es una muestra, desde la perspectiva sociotécnica, que el sentido de la tecnología no está en sí misma sino también en los usos y los sentidos que alrededor de ella tejemos. Desde este lugar de enunciación se hace ineludible pensar este tema desde los marcos lógicos desde los cuales se emprendieron proyectos para el uso educativo de las TIC, lo que nos permitirá dar cuenta de las concepciones que sobre su inserción han acompañado el devenir de este tipo de experiencias educativas en Latinoamerica.
En ese sentido la ponencia recrea la tendencia mundial relativa a la incorporación de las TIC en la política educativa latinoamericana, distinguiendo en especial la tendencia global de su uso desde una perspectiva tecnocentrista, logocentrista y centrada en la autoinstrucción y la autonomía del que aprende, que surge precisamente el modelo de pirámide invertida propuesto en el 2014 por el Banco Interamericano de Desarrollo, en el cual haciendo uso de las TIC, con un modelo educativo centrado en el estudiante, el aprendizaje y basado en contenidos establecidos para ser “adquiridos” como un paquete de cereal, las y los docentes no harían falta y las escuelas servirían solo como espacios de evaluación y certificación de saberes, lo que disminuiría considerablemente los gastos del erario público destinado a la educación y facilitaría la asunción de los discursos de vida necesarios para garantizar lo que el mercado y el orden hegemónico mundial requieren.
Esto, que parecería un amenazante escenario futurista, forma parte de las propuesta gubernamental de homeschooling, que la secretaria de Educación de EEUU, en la actual gestión de Donald Trump, propone como parte de la reforma educativa posicionando la idea de la educación en casa en oposición a la escolarización y en sustitución de la escuela pública. Desde esta realidad se invita a dar cuenta que las Reformas y Políticas Educativas globalmente en marcha que posicionan al uso de las TIC en Educación para la masificación y la inclusión, pueden formar parte de otra vía más para finalmente apagar a la escuela, a la universidad como lugar para la creación y uso de conocimiento al servicio de lo bueno y lo justo, a la pedagogía como dinámica que facilita la pregunta crítica y no solo da respuesta sobre el mundo y a las y los educadores como los que se encuentran en primera fila para enseñar y aprender sobre ello.
Ante este escenario quienes apostamos no solo por el derecho a acceder a la educación universitaria sino a la Educación con Mayúscula, sabemos que no se trata de negarnos y satanizar las importantes posibilidades de la Educación a Distancia y del uso educativo de las TIC, sino que llamamos al debate necesario desde la imperiosa necesidad de constituir nuevas subjetividades y objetividades, a sabiendas que, tal como reseña Bijker et al (1995) el diseño y la evolución de los artefactos y del conocimiento tecnológico, no sigue una trayectoria “lineal” que depende de su inventor, sino que depende fuertemente de los contextos en los cuáles se desarrolla y de los grupos sociales relevantes que se encuentra en interacción continua con el mismo, sobre largos períodos de tiempo, como puede ser el caso de instituciones, educadores(as) y estudiantes que usen la TIC para la formación socialmente pertinente.
En este sentido, se presentan reflexiones, en clave de resistencia pedagógica virtual, para hacer un uso educativo, crítico y apropiado de las TIC, ampliando los temores de la inclusión excluyente, como artfacto social que posibilite la creación de conocimientos otros destinados a hacer del hecho educativo un verdadero encuentro para formar ciudadanos éticamente comprometidos para actuar y transformar los problemas de la base social, productiva, cultural y política presentes en su entorno, como acto de responsabilidad social personal o empresarial.