Resumen de ponencia
Devenir Caribes del mundo. Édouard Glissant y Ana Mendieta: poética de la relación y estéticas del afrofeminismo
Grupo de Trabajo CLACSO: Afrodescendencias y propuestas contrahegemónicas
*Karina Andrea Bidaseca
La “Puerta de no retorno” ubicada próxima a la ciudad de Dakar, en Senegal y el apartheid de Sudáfrica se actualizan como potentes metáforas de estos nuevos tiempos globales. En mi diario de campo registrado durante un viaje a la Isla de Gorée, en el mes de julio de 2014, guardo una imagen alegórica de la llamada “Puerta del no retorno” que se imprime como memoria en los muros en la ciudad medina. Como un límite franqueado por el ancho mar de las estrellas.. Esa puerta orientada hacia la inmensidad del Atlántico negro, es sin dudas el límite abismal con el llamado “Nuevo Mundo”. Se llega a ella en el último itinerario del recorrido de la Mansión de los Esclavos. La Mansión funcionó como enclave de la comercialización de seres humanos que han sido reclutados en África durante la trata esclavista del siglo XVI. Cuando los barcos anclaban allí, ya no había posibilidad de retorno desde América. Tampoco había retorno para nuestra humanidad.
Según Arendt, con motivo del reparto de África se recurre a la raza como principio del cuerpo político y la burocracia como técnica de atomización y automatización. El totalitarismo construye seres superfluos. El mal es para Arendt extremo, pues del mal no puede nacer el pensamiento. Y sólo el pensamiento nos hace libres.
El libro de Achille Mbembe “Crítica de la razón negra” (2016) ensaya una tesis respecto de si la raza, sus invariables y formas nuevas, siguen operando en este tiempo como principio de orden político, tal como funcionaba en el orden colonial. Las nuevas figuraciones de lo negro se depositan en los cuerpos de los inmigrantes o trabajadores esclavizados, que el autor llama el devenir negro del mundo. En el devenir histórico y político de los sistemas de la plantación a los campos de refugiados y asilos, sitios del trabajo precariedad o asentamientos de poblaciones excedente en las urbes, vinculadas a las violencia colonial que describe Fanon a partir de la alineación psíquica y sensorial es central pensar lo que llamo apartheidización del mundo. Según el autor, la raza ha sido aplicada de modo “más radicalizado en Sudáfrica en el largo período del siglo XVIII a siglo XX cuyo punto cúlmine es el apartheid” (p. 108): la conformación de Estados racistas con lógicas de “autoctonización” de colonos como los afrikáners.
En Sudáfrica, las secuelas del apartheid han sido narradas por varios escritores como Antjie Krog en “País de mi calavera. La culpa, el dolor y los límites del perdón en la nueva Sudáfrica” (2016) y John M. Coetzee en Desgracia.
Según Krog, a comienzos de 1990, tras la legalización del Congreso Nacional Africano y la liberación de Nelson Mandela los sudafricanos se propusieron redactar una Constitución provisional que permitiera celebrar elecciones democráticas y así retornar a los exiliados. Víctimas y perpetradores debieron enfrentarse al pasado de la nación. El ubuntu (concepción africana) se impuso a la victimización en un proceso de extrema vulneración de los derechos humanos entre el 1 de marzo de 1960 y la fecha que se estableció como límite. Se creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica que recibió veinte mil declaraciones de víctimas. Al final de su libro, la escritora describe una escena que me dejó pensativa:
“Voy al Morokka Café, donde solíamos ir en los recesos al mediodía, y recuerdo una apreciación de mi amigo Sandile: El mundo nunca aprenderá de nosotros. Las reacciones de las víctimas, la idea de la reconciliación, como parte de una humanidad más vasta, el hecho de que las víctimas den el primer paso en el proceso del perdón, todo esto les encanta, pero siempre que tenga puesta una máscara africana. Siempre que se tenga algo que se pueda elogiar y apoyar, colgar en la pared, pero que nunca será valorado como una nueva forma de tratar a las víctimas y los perpetradores, a los poderosos y a los débiles. Como es negro, no tiene valor para nadie más”. (2016: 548)
El desmantelamiento del apartheid en 1994, “cierra” una larga fase histórica de las luchas modernas por la emancipación, como expresa Mbembe. Según el autor, esta fase comienza con las grandes campañas por la abolición de la trata de negros y la esclavitud y prosigue con el movimiento por la descolonización en África y las luchas por los derechos cívicos en Estados Unidos.
“El negro es una figura posible de la emancipación, de la posibilidad de insumisión, de insurrección y de emancipación. La historia de la emancipación humana es, de alguna, manera, una historia negra, al mismo tiempo que una historia de negros, en la medida en que todo ser humano lleva en sí una parte de negro”, expresa. Este trabajo va a discutir esta idea acerca de la figura de la emancipación desde la propuesta del poeta y ensayista Édouard Glissant con el trabajo estético de la videoartista cubana Ana Mendieta.