La realidad de América central y América del sur es triste. Podría ser alegre, formidable. Pero es triste. Después de un amanecer esperanzador el continente vuelve a sumirse en las tinieblas. Estamos al borde de un abismo que no es fácil de comprender y necesitamos crear categorías que nos permitan hacerlo.
En pleno siglo XXI, los habitantes de esta América vivimos desolados por la construcción de un pueblo de esclavos al servicio de los herederos de la primera conquista global del continente que vino desde Europa a finales de S. XV.
Hoy, ante la posibilidad de la consolidación de políticas a favor de los sumergidos, esos herederos de los conquistadores han comenzado, con puntillosa prolijidad, a llevar a delante una nueva conquista. Las herramientas parecen diferentes, pero no lo son tanto, a las de aquellos que bajaron de unos barcos de madera con espadas y arcabuces, petos y espaldares que se oxidaban con el agua salada ( hierros contra piedras) y masacraron a millones de personas. Los objetivos siguen siendo los de aquel entonces, el robo es su meta. Pero esta vez no hay objetos de oro y plata, sólo recursos naturales, fuerza de trabajo y millones de consumidores.
Esta vez, cuando los pueblos empezaban a reconquistar sus espacios y los “indios”, los “Cabeza negra”, los maldecidos del continente se animaban a levantar los ojos, los “sin tierra” creían otra vez en la posibilidad de ser dueños, los herederos del S. XV llegan a sangre y fuego. La sangre de un Cristo devaluado y el fuego del infierno del hambre y la marginación
Pero no empezaron hoy a armar esta reconquista los nuevos conquistadores. Ya habían empezado a armar sus ejércitos de mercaderes de la fe, sus parodias de iglesias y religiones. Muchos de ellos vienen desde el norte del continente y desde mediados del S. XIX están urdiendo el tejido de sus redes. Otros en la misma meso y sur América con los mismos dioses que Cortez, Almagro, Garay.
Ya no hay bandos proclamando la justicia divina, ahora televisión y redes sociales gritan a los oídos y los ojos de la gente la imperiosa necesidad de creer en sí mismos, en sus méritos, y creerse únicos culpables de sus propias desgracias y dejar en manos de los que los visitan casa por casa, que les hablan de la felicidad que algún día vendrá y del desempleo como oportunidad, la construcción de un futuro venturoso.
No es la intención de este trabajo, juzgar a las religiones como tales, ni poner en duda creencias o rituales que como partes de alguna cultura son constitutivas de sus individuos.
Mi hipótesis es que la religión, rediseñada a la manera del mercado, “marquetinizada”, usada como arma y como grillete del alma es, otra vez, la herramienta para concluir con el trabajo iniciado hace seis siglos.
Intentaré entonces hacer visible que ahora desde América del Norte, con el mismo discurso de Joe Smith (N.Y, Libro del Mormón, 1830), con nuevas reuniones religiosas nacidas en ese país que dan la herramientas para los discursos a personajes políticos se está desarrollando una nueva conquista , volviendo a utilizar la relación de los pueblos con sus creencias.
Tomaré como ejemplos entre otros: Los Testigos de Jehová (Pennsylvania, 1870) aparecen a partir de distintos grupo de cristianos que formaban un movimiento de Estudiantes de la Biblia, organizados por Charles Taze Russell, 1870., la Ciencia Cristiana (Massachusetts, 1879), la Iglesia Pentecostal ( Kansas en 1901) o la Cinesiología Fundada por Mary Baker Eddy (nombre original: Mary Ann Morse Baker) y un grupo de sus estudiantes de las teorías sobre la salud, a partir de sus propias revelaciones. (Nueva Jersey, 1953)
Para esto intentaré hacer comprender los antecedentes de esta realidad. Empezaré por caracterizar la conquista original, con sus particularidades históricas en función del origen religioso, social y político de cada grupo de invasores europeos a nuestro continente.
Trataré de demostrar que estos grupos religiosos actuales, son herramientas similares a las utilizadas hace seis siglos para la primera conquista .