"Que toda escuela, que todo colegio, que toda universidad, que todo centro educativo, constituyan nodos de una gran Red Nacional que haga posible la convergencia entre los colombianos. Que la escuela y la educación sean gestoras del tránsito de la vieja cultura de la guerra a la cultura de la paz, la convivencia y la solidaridad humana."
NIÑO DÍEZ, Jaime, Ministro de Educación de Colombia,
La presente pieza de la investigación que adelanto pretende dar cuenta de una problemática que no ha sido tratado ampliamente como se esperaría, buscando visibilizar el impacto que tienen las relaciones establecidas entre los jóvenes participantes de la investigación y los planteles educativos a los que están inscritos, su la relación con la sociedad y la posibilidad de generar desde estas experiencias política pública pertinente que responda a sus necesidades, no como una crítica al sistema sino como una oportunidad para motivar cambios y mejoras sobre los efectos que se generan en los que intervienen, promoviendo formas más incluyentes, coherentes con el momento actual del país transitando un cambio de la cultura de la guerra a la construcción de la paz
Ahora bien, las distintas formas de violencia propias del conflicto armado que han estado presentes en Colombia han convertido en victimas a miles de familias, generado un proceso deshumanizador tan profundo que las consecuencias de estos eventos se normaliza y sencillamente se les invisibiliza de tal manera que ellos mismos en muchas ocasiones temen reconocerse como tal, pese a esto se ha desarrollado durante los últimos años una normativa que les brinda una serie de beneficios que busca llevarlos a un punto de superación de la condición de víctima y les permita recuperar de alguna manera una anhelada calidad de vida.
El trasegar de estas familias un considerable porcentaje de ellas terminaron migrando a Bogotá en busca de esas ayudas o sencillamente a la casa de alguna oportunidad que les permita dejar atrás esas tan arraigadas experiencias de violencia.
Se encuentra entonces que al interior de estas familias estas presentes jóvenes que han sufrido de forma directa e indirecta los efectos de la guerra y al estar en la ciudad sus familias por lo general los vinculan a colegios distritales con miras de cursar estudios que les den herramientas para tener alguna oportunidad en el futuro o sencillamente mantenerles ocupados durante el día.
En el caso ideal dicho contexto educativo tienen una serie de condiciones que buscan atender de manera “preferencial” a estas poblaciones víctimas desde el supuesto de la existencia de procesos y protocolos que cumplen con dichas condiciones que están determinadas por la ley LEY 1448 DE 2011 “Por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno y se dictan otras disposiciones”.
Sin embargo en un escenario real ni los mismos planteles educativos ni las direcciones locales de educación (DILE) hacen un verdadero proceso de identificación y de caracterización de estos jóvenes estudiantes quienes terminan llegando a la institución en las mismas condiciones que los demás estudiante, perdiendo así su derecho a recibir la atención requerida por ellos al hacer parte de un conflicto que no pidieron.
Al no identificarse su condición de víctima en los colegios no se conoce como ha sido para ellos su relación anterior con la escuela y las cargas positivas y negativas que los acompañan en relación a la misma, las personas importantes que estuvieron presentes, los sentidos impartidos y encontrados, los aprendizajes obtenidos y sus pertinencias y una serie amplia de arraigos que estos jóvenes desarrollaron en muchas ocasiones.
Así mismo no se conoce cuál es la experiencia que acompaña a los jóvenes al ingresar a estos colegios que de muchas maneras configurara la relación que entablaran nuevamente con la institución educativa. En esta nueva relación se comparten otras formas de reciprocidad, de enseñanza, de comunicación, de evaluación que pueden convertirse al no ser tratadas de manera adecuada en un obstáculo para asimilarse a este nuevo entorno cultural y entablar choques hacia la idea de sociedad que desde la escuela les serán inscritas, en este sentido “La liberación de los instintos libertarios pasa por hacer pedazos cualquier forma de autoridad, especialmente la del docente” (Roca, 2010), como reacción al deseo de buscar en ellos una determinada forma de actuar. Sobre lo anterior, Urraco-Solanilla y Nogales-Bermejo (2013) siguiendo las ideas de Focault refieren en relación a la escuela que allí se desarrollan “procedimientos para dominar y manipular (…) Unas veces más o menos visibles, otras veces bajo la apariencia de bien común, pero todas buscando la instauración de la disciplina sin que parezca algo impuesto o que viene de fuera, sino como algo natural y necesario” (p.154) y la exigencia de un rendimiento esperado. Se ve entonces la inscripción del joven en el dispositivo de la escuela, que se puede aplicar según lo planteado por Focault entendida como una red con su discurso que les exige el uso de sus instalaciones, la aplicación de sus leyes y sus reglas, la imposición de sus principios y lo implícito y lo explicito que es propio del programa de la institución que los constriñe a prácticas particulares con un juego específico de nuevas posiciones que requieren de modificar sus propias funciones como respuesta a una urgencia distinta a la que ellos mismos pueden requerir (Garcia, 2011).
En este marco la investigación presetada es importante para conocer si se puede identificar la existencia de una diferencia de este grupo de jóvenes estudiantes victimas en comparación con los demás respecto a sus experiencias en la relación con la escuela, es decir, si la condición de víctima cambia de alguna manera el sentido dado al colegio, a la interacción con los compañeros, al plan de estudios impartido, al usos de los escenarios, a las actividades no curriculares, a sus maestros y demás aspectos, se busca por tanto llegar a identificar la existencia o no de lo que es específico para este grupo en su relación con la escuela.
Al encontrarse aspectos específicos propios de los estudiantes es preciso determinar las relaciones implícitas en las practicas del saber “Las prácticas se extienden entonces desde el orden del saber al orden del poder” (Hellemeyer, 2012) que son propias de la escuela y si aquella relación es identificada como tal por los estudiantes, pues con esto se podría entablar la discusión respecto a si la aplicación de dicho dispositivo realmente es lo requerido por los jóvenes para llegar a superar su condición de víctima y la supuesta construcción de un futuro.
Igualmente es pertinente entender que con la supuesta desaparición de la guerra tras la firma del acuerdo de paz con las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC), la búsqueda de un acuerdo con el Ejército de liberación nacional (E.L.N.) y la aparente embestida contra las Bandas criminales (BRACRIM) por parte del gobierno Colombiano se presentara un cambio en las formas de conflicto interno armado por la probable aparición de otro tipo de organizaciones o actores a partir de la no atención de las problemáticas estructurales de la violencia en Colombia, propiciando la llegada de más víctimas por esta nueva dinámica del conflicto al sistema educativo, lo que reclama comprender las formas propias de la interrelación entre los jóvenes víctimas y la escuela, buscando aportar al campo de conocimiento y análisis insumos para la búsqueda de alternativas o estrategias que los atienda y soporte de manera incluyente en una articulación pedagógica o en la generación de política pública para esta población en específico.
Como se puede evidenciar la interrelación en los planteles educativos de quienes han sido parte del conflicto es compleja y mediada por diversidad de problemáticas relacionadas con la convivencia que a su vez se articulan con un ejercicio de memoria por parte de las víctimas del conflicto atravesado por el dolor y la culpabilizacion. En diversidad de artículos se evidencia la importancia de dicha memoria como estrategia de reconocimiento y como instrumento pedagógico para entender el conflicto vivido y pender por la superación del mismo como se ve en la publicación de los investigadores Absalón Jiménez, Raúl Infante y Ruth Cortés que plantean la memoria como un “dispositivo” de intervención pedagógica en la generación de actividades escolares que pretenden identificar las diversas relaciones de poder entre los relatos oficiales y la construcción de los nuevos relatos que surgen desde la escuela a partir de la recuperación de los mismos en la cotidianidad de los actores escolares, obtenidas por diversidad de metodologías como ayudas didácticas y guiadas desde el docente.
Esta memoria involucra lo simbólico que no surge desde el currículo sino desde las habilidades de quienes participan en el ejercicio de construcción de la memoria que aborda “entre otros temas, el conflicto social y político por el cual han atravesado los colombianos” que busca “valoramos la memoria como parte de las relaciones de significado del sujeto, como una construcción simbólica y subjetiva, y como un ejercicio de evocación del pasado y representación de lo ausente” (Jiménez, A. Infante, R. y Cortés, R. p291) que en la actualidad es pertinente a las luces de un ejercicio académico pertinente en términos sociales y políticos para la ciudad de Bogotá. Es indicado articular dicho ejercicio al desarrollo de políticas públicas que aborden de manera más eficiente la realidad vivida por las víctimas y por quienes han sido parte del conflicto desde la creación de una particular forma de memoria.