En este ensayo me propongo presentar un marco conceptual que explique por qué, a pesar de los cambios que vemos en las sociedades y economías del Caribe éstas continúan ocupando un rol subordinado en la economía global. Mi objetivo es explicar la dinámica de transformación de las economías del Caribe en el contexto de relaciones asimétricas en el espacio de la política y la economía internacional. Quiero, además, adelantar algunas pistas para entender por qué la región ha sido marginada de las cadenas de valor global de producción manufacturera, qué explica e implica el surgimiento del turismo, los servicios y las remesas de emigrantes para las sociedades del Gran Caribe, y por qué no se ha logrado la integración regional a pesar de muchos esfuerzos. En síntesis, cuáles son los impactos del nuevo orden global sobre las economías y sociedades del Gran Caribe.
En tanto que la noción del Caribe como región emerge como parte de la formación del capitalismo moderno y los imperios europeos, la dinámica de estas sociedades ha sido dictada continuamente por la lógica de la expansión económica del capitalismo global. Por tanto, aunque la estructura económica y social del Caribe y su rol en la economía internacional han cambiado significativamente, las sociedades del Caribe continúan vulnerables y sujetas a la lógica e intereses del capital internacional, como demuestra el desenlace de la revolución cubana en el siglo veintiuno. Como Haití en el siglo dieciocho, en el siglo veinte Cuba desafió la lógica internacional del capital e intentó un desarrollo político-económico alterno y autosustentable. Ambas revoluciones, fueron castigadas con la marginación político-económica internacional frustrando los intentos de cambio radical en ambos casos (Pantojas García, 2005).
El Caribe fue el eje de acumulación de capital principal que apoyó el surgimiento de los imperios europeos. Si bien el Caribe fue el eje principal, África jugó un rol crucial como socio comercial de los traficantes de humanos europeos. La era del imperialismo europeo fue forjada en y desde el Caribe. Los puertos y plantaciones del Caribe proveyeron los recursos, mercancías y capital para financiar la expansión ampliada del capitalismo mercantilista europeo. El Caribe fue, pues, el eje esencial del infame triangulo comercial establecido por las economías de plantación donde bienes manufacturados en europa se intercambiaban en África por trabajo esclavizado, el cual a su vez era vendido en el Caribe para producir azúcar, mieles y ron, que se mercadeaban en Europa y el norte del Atlántico. Este trasiego triangular de mercancías incluía la venta de bienes de capital y de consumo de lujo (maquinaria, muebles, etc.) a la “plantocracia” caribeña, como atestiguan las casas de plantación hoy convertidas en museos turísticos (Giovanetti, 2009).
En las etapas iniciales de la conquista, colonización y asentamiento español, el Caribe sirvio de plataforma para el “descubrimiento” y colonización del continente americano y como punto estratégico para la recolección de oro y plata del continente. Para los poderes rivales de España, (Inglaterra, Francia, Protugal y Holanda), el Caribe fue un espacio estratégico utilizado para el comercio y el contrabando, así como plataforma militar para el saqueo de parte del oro y la plata extraído por los regentes españoles de los nuevos territorios. (Curtin, 2006: 77-78)
Algunos autores han caracterizado al Caribe como una “isla que se repite”, un complejo cultural y económico definido por la “economía de plantación” y la experiencia de la esclavitud como denominador común (Cf. Benítez Rojo, 1996; James, 1989, apéndice). Desde la conquista y colonización europea, la historia del Caribe como región y de sus islas y territorios continentales se ha definido por su rol como eslabones en la cadena “global” de intercambios económicos, sociales, políticos y culturales. No obstante, sería incorrecto pensar que este proceso de formación socioeconómica, cultural y política siguió un curso lineal y produjo y complejo regional homogéneo. El proceso de formación de las sociedades y economías del Caribe incluyó modalidades distintas que fueron desde la producción para la exportación de plantaciones azucareras en las pequeñas islas del Caribe británico y francés hasta la producción en haciendas de mercancías como café, tabaco y cacao predominantes en el Caribe hispano (Abello y Bassi, 2006; García Muñiz, 2005).
Asimismo, en el siglo veinte, los países de la región experimentaron cambios importantes a partir de la postguerra. El dominio de las plantaciones y la producción agrícola dio paso en el siglo veinte a procesos de industrialización mediante la sustitución de importaciones en el CARICOM, y a la industrialización orientada a la exportación mediante maquiladoras, en Puerto Rico y Jamaica, inicialmente.
En este desarrollo como ejes de acumulación en cadenas de producción e intercambio colonial, los países y territorios no independientes del Caribe han sido “receptores de precios” (price takers) en los mercados internacionales y “receptores de política” (policy takers) en las esferas de la política internacional. Los precios de las mercancías producidas en el Caribe para el mercado internacional son fijados en los centros financieros, industriales y comerciales metropolitanos. Los precios de las “mercancías tradicionales” asociadas a las economías de plantación del Caribe (azúcar, café, tabaco, cacao, banano y especias) se fijan en las bolsas de valores (commodities exchanges) de Londres, París Nueva York, u otros centros regionales dominados por empresas transnacionales. Los precios de otros bienes producidos para el mercado internacional (ron, textiles, petróleo, bauxita) son también fijados por empresas transnacionales o carteles internacionales que controlan las cadenas globales de valor para productos mercadeados globalmente. La condición de “receptores de precios” aplica también a los servicios internacionales que hoy constituyen el eje dinámico de las economías del Caribe (Ver Best y Polanyi Levitt, 2001).
En el ámbito político internacional, los países y territorios del Caribe son “receptores de política”. La pequeñez y la fragmentación política y lingüística han conspirado contra la formación de un bloque regional fuerte. Los esfuerzos de integración y cooperación regional no han sido efectivos como ilustra la marginalidad de la Asociación de Estados del Caribe en los escenarios de política internacional. Las negociaciones sobre tratados de libre comercio con Estados Unidos y sobre los acuerdos de sociedad económica (economic partnership agreements) con la Unión Europea demuestran esta condición de “receptores de política” (Ver, Clegg, 2002; Cooper, 2011).
A pesar de repetidos intentos de desarrollar modelos alternativos de desarrollo, la dependencia y la subordinación dentro de las cadenas de producción y valor global continúan definiendo y limitando las posibilidades de crecimiento y desarrollo de las economías y sociedades del Gran Caribe. La pregunta que trato de contestar aquí es, precisamente qué factores explican la persistencia de esta subordinación y vulnerabilidad en la economía y la política internacional.
Abello Vives, Alberto. y Bassi Arévalo, E. 2006. Un Caribe por fuera de la ruta de la plantación. En Alberto Abello Vives (comp.) Un Caribe sin plantación. San Andrés: Universidad Nacional de Colombia.
Best, Lloyd. y Polanyi Levitt, Kari Ponlany. 2009. Essays on the Theory of Plantation Economy: A Historical and Institutional Approach to Caribbean Economic Development. Kingston: University of the West Indies Press.
Benítez-Rojo, Antonio. 1996. Repeating Island: The Caribbean and the Postmodern Perception. Carolina del Norte: Duke University Press.
Cattaneo, Olivier, Gereffi, Gary y Staritz, Cornelia. 2010. Global value chains in a postcrisis world: a development perspective. Washington, D.C., World Bank.
Clegg, Peter. 2002. The Caribbean Banana Trade: From Colonialism to Globalization, Londres: Palgrave.
Cooper, A. F. 2011. Internet Gambling Offshore: Caribbean Struggles over Casino Capitalism, Londres: Palgrave.
Curtin, P. D. 2006. The Rise and Fall of the Plantation Complex, Nueva York: Cambridge University Press. (second edition).
García Muñiz, Humberto. (2005). La plantación que no se repite: Las historias azucareras de la República Dominicana y Puerto Rico, 1870-1930. Revista de Indias. LXV, 233: 173-192.
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Pantojas García, Emilio. 2014. “Las Dos Grandes Revoluciones del Caribe, Haití y Cuba: ¿Ejemplos o Escarmientos?” América Latina Hoy (Universidad de Salamanca). 66, (abril): 169-180