Frecuentemente en la historia del pensamiento sociológico se ha entendido al conflicto como un fenómeno contrario y hasta antagónico con respecto al orden social, especialmente, cuando este último es observado como un equivalente al consenso. Dicha situación ha propiciado un acercamiento diferenciado a ambos fenómenos dificultando un tratamiento unificado. Aquello que resulta útil para explicar el orden no lo es para el caso del conflicto y viceversa. La teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann busca trascender este abordaje dualista proponiendo una imagen de orden social que resulta compatible con el conflicto, sin que esto implique reducir el campo de ocurrencias sociales a este último. Dicha alternativa teórica encuentra sus fundamentos en los presupuestos de complejidad y contingencia de los que parte esta perspectiva sistémica. Todo sistema social opera en entornos que poseen más complejidad de la que pueden abarcar. Esto lleva a que el sistema deba seleccionar estrategias de reducción de complejidad que, inevitablemente, se presentan como contingentes. De esta manera, todos aquellos acontecimientos que impliquen algún tipo de desviación o desafío con respecto a dichas selecciones son contemplados como alternativas siempre disponibles y, por tanto, plenas de sentido para los sistemas sociales. Por esta razón, el conflicto no puede concebirse como un acontecimiento contradictorio u obturado por el orden social. El mismo aparece como una alternativa siempre disponible en el proceso de su producción y reproducción, sin que esto propicie su disolución.
En el siguiente trabajo analizamos críticamente el tratamiento del conflicto que se desprende de esta maniobra conceptual. Básicamente, observamos que la compatibilidad planteada entre orden y conflicto es parcial en tanto éste último no puede ser explicado por el primero. Así, no es el orden social el que viabiliza al conflicto, sino que es la complejidad y la contingencia propia de los sistemas sociales la que lo hace. El conflicto aparece como aquello que escapa al orden, aunque pueda ser asimilado por éste. La hipótesis que deseamos desarrollar sostiene que, si bien el conflicto es formalmente integrado en la teoría de los sistemas sociales de Luhmann, el mismo se haya deficientemente explicado al no poder ser entendido más que como una alternativa cuya ocurrencia es siempre posible y, en el mejor de los casos, más o menos probable.
Adelantando un poco nuestro argumento, consideramos que las razones de este déficit se hayan en una concepción de orden social que se encuentra asociada al problema del control. La particularidad de la teoría de los sistemas a la que suscribe Luhmann no subordina el control a la eliminación de la contingencia. De hecho, se entiende que el control no requiere necesariamente de la reproducción de las estructuras sistémicas. Si éstas controlasen todos los sucesos del sistema no habría lugar para el conflicto (al menos sin que éste amenazase la supervivencia del sistema). Sin embargo, esto no implica que las estructuras carezcan de importancia. De hecho, resultan instructivas para el reconocimiento de desviaciones, variaciones, decepciones y perturbaciones, permitiendo incorporarlas al sistema como informaciones útiles para la continuación de las operaciones. Ahora bien, más allá de reconocer a estos acontecimientos como constitutivos de los procesos sistémicos surge la pregunta acerca de las razones de su ocurrencia. Desde una teoría que entiende al orden social como control, sólo pueden aparecer como hechos generados por la incertidumbre e inestabilidad (complejidad) en la que operan los sistemas y por el carácter contingente de sus estructuras.
En conexión con esto, el conflicto tiende a aparecer como algo que escapa al control de las estructuras o, mejor dicho, que exhibe sus límites. Gracias a ello, configura una “señal de alarma” para el sistema, el cual puede detectar la pérdida de la capacidad coordinadora de las estructuras. En este sentido, a pesar de que efectivamente se entiende que el conflicto no resulta antagónico con el orden es claro que tampoco puede ser acabadamente explicado por éste. El mismo es habilitado por la contingencia de la estructura, pero no puede ser explicado por ella. Si las estructuras lo explicaran, en los sistemas sociales no habría otra cosa más que conflicto, es decir, no habría contingencia. Debido a esto, consideramos que la visión del orden como control termina constituyéndose en un obstáculo epistemológico para una integración acabada del conflicto en la teoría del orden social. El conflicto tiene que presentarse, inevitablemente, como un acontecimiento residual, o sea como un acontecimiento que es reconocido por la teoría, pero cuyo origen resulta incierto.
En este espacio pretendemos desarrollar este problema a partir del análisis de la conceptualización del conflicto que Luhmann elabora, principalmente, en el libro “Sistemas Sociales” en donde se encuentra más acabadamente formulada su teoría general. No obstante, también recuperamos otros textos del autor en donde se retoma directa o indirectamente la temática del conflicto. Presentamos nuestro argumento en cinco momentos. En primer lugar, reconstruimos las dimensiones básicas de la teoría del orden social, elaborada por Luhmann, en conexión con los desarrollos de la teoría general de los sistemas. En segundo lugar, analizamos el modo en que el conflicto es integrado en esta teoría del orden. Luego, en tercer lugar, atendemos a los procesos sociales que desencadenan los conflictos; entre ellos, la construcción de un tipo de sistema social particular. En cuarto lugar, describimos los mecanismos que, para Luhmann, viabilizan la reproducción y, en algunas ocasiones, la institucionalización de los conflictos en la sociedad. En todos estos niveles de la teorización luhmanniana buscamos justificar nuestra hipótesis interpretativa. Finalmente, a modo de cierre, en el último apartado, proponemos algunos desafíos que deberá enfrentar una teoría del orden social que desee reconocer la contingencia del conflicto y que, a la vez, pretenda no descuidar su capacidad explicativa e interpretativa.
En el siguiente trabajo analizamos críticamente el tratamiento del conflicto que se desprende de esta maniobra conceptual. Básicamente, observamos que la compatibilidad planteada entre orden y conflicto es parcial en tanto éste último no puede ser explicado por el primero. Así, no es el orden social el que viabiliza al conflicto, sino que es la complejidad y la contingencia propia de los sistemas sociales la que lo hace. El conflicto aparece como aquello que escapa al orden, aunque pueda ser asimilado por éste. La hipótesis que deseamos desarrollar sostiene que, si bien el conflicto es formalmente integrado en la teoría de los sistemas sociales de Luhmann, el mismo se haya deficientemente explicado al no poder ser entendido más que como una alternativa cuya ocurrencia es siempre posible y, en el mejor de los casos, más o menos probable.
Adelantando un poco nuestro argumento, consideramos que las razones de este déficit se hayan en una concepción de orden social que se encuentra asociada al problema del control. La particularidad de la teoría de los sistemas a la que suscribe Luhmann no subordina el control a la eliminación de la contingencia. De hecho, se entiende que el control no requiere necesariamente de la reproducción de las estructuras sistémicas. Si éstas controlasen todos los sucesos del sistema no habría lugar para el conflicto (al menos sin que éste amenazase la supervivencia del sistema). Sin embargo, esto no implica que las estructuras carezcan de importancia. De hecho, resultan instructivas para el reconocimiento de desviaciones, variaciones, decepciones y perturbaciones, permitiendo incorporarlas al sistema como informaciones útiles para la continuación de las operaciones. Ahora bien, más allá de reconocer a estos acontecimientos como constitutivos de los procesos sistémicos surge la pregunta acerca de las razones de su ocurrencia. Desde una teoría que entiende al orden social como control, sólo pueden aparecer como hechos generados por la incertidumbre e inestabilidad (complejidad) en la que operan los sistemas y por el carácter contingente de sus estructuras. Fuchs (2002) plantea acertadamente que, para Luhmann, “El orden social no radica en la exclusión del malentendido, del conflicto, de la desviación o de la decepción, descansa más bien en los sistemas comunicativos que deciden cómo manejar la desviación, el conflicto y el malentendido” (209).
En conexión con esto, el conflicto tiende a aparecer como algo que escapa al control de las estructuras o, mejor dicho, que exhibe sus límites. Gracias a ello, configura una “señal de alarma” para el sistema, el cual puede detectar la pérdida de la capacidad coordinadora de las estructuras. En este sentido, a pesar de que efectivamente se entiende que el conflicto no resulta antagónico con el orden es claro que tampoco puede ser acabadamente explicado por éste. El mismo es habilitado por la contingencia de la estructura, pero no puede ser explicado por ella. Si las estructuras lo explicaran, en los sistemas sociales no habría otra cosa más que conflicto, es decir, no habría contingencia. Debido a esto, consideramos que la visión del orden como control termina constituyéndose en un obstáculo epistemológico para una integración acabada del conflicto en la teoría del orden social. El conflicto tiene que presentarse, inevitablemente, como un acontecimiento residual, o sea como un acontecimiento que es reconocido por la teoría, pero cuyo origen resulta incierto.
En este espacio pretendemos desarrollar este problema a partir del análisis de la conceptualización del conflicto que Luhmann elabora, principalmente, en el libro “Sistemas Sociales” (1998) en donde se encuentra más acabadamente formulada su teoría general. No obstante, también recuperamos otros textos del autor en don