Las últimas décadas hemos presenciado un cambio en la estructura demográfica, caracterizado por un aumento progresivo del porcentaje de personas mayores de 60 años, en relación a la población total a nivel mundial, siendo América Latina y el Caribe la región donde se proyecta el incremento más acelerado (Naciones Unidas 2015).
Las desigualdades sociales se acentúan al envejecer, considerando desventajas y privaciones que se han acumulado a lo largo de la vida (CEPAL, 2016). La mayor expectativa de vida no siempre se condice con un aumento en los sistemas de seguridad y protección social, asistencia sanitaria, pensiones y/o jubilaciones, donde los recursos económicos y sociales influyen de forma importante en el goce de la vejez.
A nivel Latinoamericano, ha habido un avance progresivo tendiente a estudiar los procesos de envejecimiento y condiciones de vida de las personas mayores, desde una fase inicial donde se enfatiza en gran medida, en los procesos biológicos y el abordaje biomédico – geriátrico de la vejez y envejecimiento, para posteriormente ampliar hacia el abordaje biopsicosocial e interdisciplinar, es decir, gerontológico.
Esta apertura hacia lo gerontológico, ha permitido identificar no sólo los procesos de envejecimiento en cada país de la región, considerando su respectiva respuesta institucional, sino además ha permitido poner atención y ampliar, a través de distintas redes universitarias y equipos de investigación, una gama de temas, necesidades e intereses, todos presentes en una categoría de sujeto tan amplia como lo constituye la población a partir de los 60 años de edad.
Desde ese escenario, surge una temática con menor abordaje desde el campo gerontológico: la sexualidad de las personas mayores. Los estudios existentes exploran la frecuencia de la actividad sexual, como los impedimentos orgánicos funcionales que la limitan (Tessler, Schumm, Laumann, Levinson, O’Muircheartaigh, 2007). A su vez, encontramos percepciones negativas acerca de la sexualidad en la vejez, por parte de jóvenes y adultos, que han naturalizado una construcción de las personas mayores como asexuadas y carentes de deseo sexual. (Allen & Robert, 2009).
La creencia que el avance en la edad cronológica y el declinar de la actividad sexual, son elementos que están inexorablemente unidos, han provocado que no se preste atención suficiente a una de las actividades que provee mayor calidad de vida: el ejercicio de la sexualidad. Sin embargo, la mayoría de las personas de edad avanzada, son capaces de tener relaciones y de sentir placer en toda la gama de las actividades como sucede en las personas más jóvenes.
En ese marco, existen palabras como erotismo, placer, deseo, las cuales parecieran formar parte de clasificación “anormal, inmoral o inusual”, constituyéndose en ideas inmovilizadoras en torno al desarrollo pleno y ejercicio de los derechos de las personas mayores. Desde ahí, se plantea que las personas mayores deben iniciar con la comprensión que los cambios físicos y psicológicos que se producen en esta etapa evolutiva, que no significativa la renuncia al placer. (Can, Sarabia, Guerrero, 2015)
Entender el ejercicio de la sexualidad como algo natural, hoy día cobra mayor sentido al alero de la reciente incorporación de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos de la Personas Mayores, la cual emerge el 2015 en nuestra región, como una forma de visibilizar una gama de derechos humanos, que deben ser asumidos como garantías elementales por parte de los Estados. Dentro de este marco, la sexualidad no está ajena y hoy forma parte de un desafío institucional, dentro de la variedad de elementos declarados en el instrumento jurídico de carácter internacional.
En virtud de todo este marco, la ponencia abordará hallazgos preliminares de proceso de sistematización, realizada desde la reflexión académica del trabajo social y en colaboración con la Oficina Comunal del Adulto Mayor (OCAM), de la Alcaldía ciudadana de la comuna de Valparaíso, Chile.
El objetivo es recoger la experiencia de intervención en torno a talleres, sexualidad y vejez, realizados a partir de enero 2018, como el primer paso de un proceso investigativo, tendiente a develar significados y experiencias de la vivencia de la sexualidad de las personas mayores participantes de la OCAM.
Destaca en la experiencia el carácter transformador y provocador de la propuesta, utilizando el recurso pedagógico cinematográfico, para desnaturalizar y desmitificar mitos en torno a la sexualidad.
La relación que se establece entre Cine, Vejez y Sexualidad, también nos intenciona o promueve determinados estereotipos, pero la imagen, la fotografía, el guion, los planos secuencia, la estética, nos plantea formas de comprender, de sentir, de entender que van más allá de una naturaleza objetiva e inerte, se promueve a la interpretación subjetiva con conocimientos empíricos, racionales, culturales, contextuales, históricos, sociales, políticos y éticos.
Sin duda, el Cine es un motor de intencionalidades capaz de desarrollar espacios profundos de diálogos y nuevas interpretaciones de las realidades, en especial las de envejecimiento y más específica e íntegramente las de sexualidad.
Los investigadores en el campo gerontológico, debemos promover una lectura que deconstruya los estereotipos, y rompa con las clasificaciones binarias, que ubican a las personas mayores como seres asexudos, como aquellas que naturalizan y homogenizan la vejez, para impulsar políticas públicas que garanticen un mayor goce y calidad de vida para las personas mayores.
Desde ahí, se entiende la sexualidad como un derecho humano, nos plantea el desafío no sólo investigativo, sino desde la acción interventiva movilizadora y transformadora, proporcionando como base para la reflexión sobre el papel que deben cumplir los planteles de educación superior en la generación de condiciones para derribar estereotipos.