En las últimas dos décadas, América Latina conoció una importante expansión de sus políticas de asistencia social, que se materializó tanto en la creación incesante de nuevos programas, cuanto en la extensión de la población atendida por intermedio de dichas políticas.
Entre los países que más ampliaron los alcances de su política asistencial se encuentran Argentina y Brasil. Aunque ambos pueden considerarse pioneros en materia de protección social en la región y más allá de que ambos han organizado sus sistemas de protección social sobre la base de las contribuciones efectuadas por los trabajadores asalariados, su trayectoria histórica ha sido diversa. Así, Argentina ha tenido mayor expansión de sus servicios públicos sociales de educación y salud a la vez que su mercado de trabajo ha tenido mayor nivel de formalización de las relaciones asalariadas, motivo por el cual la protección social asociada a la regulación de la condición salarial tuvo un desarrollo mayor, en detrimento de las políticas asistenciales. A su vez, la Constitución brasilera de 1988 dio un impulso notable a la configuración de la asistencia social, en especial aquella orientada a los ancianos y los discapacitados. Como consecuencia de estas diversas características de sus mercados laborales y de sus sistemas de protección, las condiciones socioeconómicas también tendieron a ser diferentes, de modo tal que en Argentina las brechas de bienestar fueron más leves mientras que Brasil se instituyó como un claro ejemplo de la desigualdad social a nivel regional.
Sin embargo, en los dos últimos decenios, luego de las reformas neoliberales aplicadas en ambos países en la década de los noventa, ambos países coincidieron en brindar una cobertura cada vez mayor a la población de mujeres con niños, adultos mayores y personas con discapacidad. Más allá de los diferentes formatos institucionales que asumieron los programas respectivos, el Programa Bolsa Familia y el Beneficio de Prestación Continuada en Brasil, por un lado, y la Asignación Universal por Hijo, la política de inclusión previsional y el crecimiento del número de pensiones por discapacidad en Argentina, por otro, han sido las herramientas más destacadas mediante las cuales se ha materializado la nueva intervención asistencial en este período.
Como resultado de estos procesos y en un contexto de recomposición económica y aumento de los niveles de empleo, esta nueva oferta de programas sociales se tradujo en una mejora de los indicadores socioeconómicos, en especial, en una disminución de los niveles de indigencia y, en menor medida, de la pobreza moderada y la desigualdad.
En el presente trabajo se analiza la evolución de los programas asistenciales más relevantes gestados e implementados en ambos países durante los dos últimos decenios hasta la llegada al gobierno de las fuerzas políticas de centro derecha, en los años 2015 y 2016. Se presta especial atención a las transformaciones históricas que ambos experimentaron y se analizan comparativamente los mismos. En particular, el interrogante que orienta el presente trabajo apunta a determinar en qué medida la extensión de la cobertura y los cambios institucionales que produjeron algunas de las nuevas formas de intervención –en particular, su configuración como derechos sociales- permitieron una trasformación de las condiciones de vida de los sectores populares y, a la vez, como las mismas implicaron una ruptura del modelo de intervención social del neoliberalismo en la región. Asimismo, la indagación busca determinar en qué medida la formulación de las políticas asistenciales en términos de derechos desde el punto de vista institucional resultaron decisivas respecto de las modificaciones de las condiciones de vida y de la transformación del paradigma neoliberal.
En el marco de presente trabajo argumentaremos que más allá de las diferentes configuraciones institucionales de los programas y políticas, las mismas estuvieron prioritariamente orientadas a reducir la extrema pobreza. También sostendremos que la prioridad otorgada a la extrema pobreza en detrimento de la pobreza moderada tuvo que ver con la centralidad asignada por los gobiernos de ambos países a la preservación de aquello que consideraban como la dinámica “genuina” del mercado de trabajo. Por todos ello concluiremos que, estas intervenciones, aunque implicaron cambios de importante envergadura contuvieron limitaciones a la hora de transformar con el paradigma de intervención neoliberal en materia de asistencia social.