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Resumen de ponencia
Los riesgos de ser joven

*Mariamne Crippa Méndez




La universidad, como señala Farah (2008) supuestamente se encarga de la tarea de renovación y cambio, fundamentados académicamente en una interpretación cultural de la realidad. Cumple así un compromiso y una función relacionados con su pertenencia a una colectividad que, al mismo tiempo, constituye. Para ello, resulta imprescindible recurrir a prácticas de autorreflexición plural y responsable.

Actualmente México es conocido por sus altos índices de violencia generalizada e impunidad; en lo que refiere a los jóvenes (de 10 a 29 años) el total de muertes por homicidios entre el 2000 y 2010 representó un 38.2% del total en ese periodo (Banco Mundial, 2010). Estas cifras se dispararon durante el sexenio de Felipe Calderón, quien declaró la guerra al narcotráfico. El año 2017 fue el más violento de las últimas dos décadas, y, según datos de la Secretaría de Gobernación, 29,168 de las víctimas de estos homicidios fueron jóvenes, de esta forma México se ha posicionado como uno de los países más letales para ser joven (Álvarez, 2015).

Estas cifras son impactantes, sin embargo, cabe considerar otras consecuencias de este clima de violencia, posiblemente menos evidentes, pero igualmente brutales, relacionadas principalmente con las violencias simbólicas. ¿Qué pasa con esas violencias que, en comparación con la crueldad de ciertas prácticas, pasan desapercibidas? ¿Con aquellas modalidades que por conocidas y repetidas se naturalizan y, además, se silencian?

Si retomamos lo señalado por Freud (1900 [1889]/1992) en La interpretación de los sueños cuando asegura que todo acto es pleno de sentido, es posible considerar que ciertos indicios, aparentemente aislados, en realidad entrañan significados latentes dignos de ser develados. Asimismo, dada la complejidad de todos los fenómenos relativos al ser humano (ya sea en su singularidad o en su pluralidad), es necesario partir del presupuesto de la sobredeterminación; es decir, en todo fenómeno influyen diversos factores en diferente medida.

Enfatizando el papel fundamental de las instituciones en la confección y transmisión de la realidad, es indiscutible que, en un país como México, y dadas las situaciones de violencias que se viven, es comprensible que haya ciertas consecuencias en la vida cotidiana. Un ejemplo de ello, es un evento que representa la culminación de una serie de violencias (cada vez más primitivas y explícitas) entre alumnos y, de forma muy discreta, de los directivos de una pequeña universidad privada del sureste del país.

El hecho: después de varios semestres estudiando en un ambiente muy tenso, persecutorio y violento (detonado por la unión de todos los grupos, con el fin de exigir el cumplimiento de sus derechos como estudiantes y su visibilización más allá de un número de matrícula con cierto valor económico, seguida por la intervención coercitiva de las autoridades universitarias y el fragmento de cualquier intento de grupalidad), dos alumnos comienzan a pelear a golpes a la mitad de una clase, bajo el pretexto de un desacuerdo en una actividad grupal, posteriormente, el mismo grupo reflexiona lo sucedido e interpreta ese hecho a la luz de la situación institucional.

En el presente trabajo se analiza dicha situación de violencia, haciendo una lectura historizada (es decir, tomando en cuenta ciertos antecendentes de la situación que coadyuvaron a que el hecho que se estudia se fraguara en las latencias) y contextualizada.

Este análisis permite encontrar algunas articulaciones entre la estructura organizativa y las estrategias de los propietarios de dicha institución, con una situación socio-histórica de violencia y con una situación de maltrato generalizado a los jóvenes con la mediación de una de las instituciones sociales que, supuestamente, debería brindar cierta protección, pero que, en realidad, producen y reproducen injusticias y violencias que excluyen, desigualan y oprimen (Farah, 2008).




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* Crippa Méndez
Universidad Anáhuac UAX. Xalapa, México