La ponencia presenta los resultados de la investigación Memorias del Exilio Político en Colombia 1980-2010. Ésta buscó comprender el exilio como parte de los hechos victimizantes del conflicto, reconociendo la memoria oral como eje articulador del recuerdo y la acción política. La investigación se orientó desde el enfoque cualitativo, acudiendo en el proceso metodológico a herramientas como el registro documental, entrevistas y grupos focales. El examen y procesamiento de la información se realizó a partir del análisis crítico del discurso, recurriendo a matrices de análisis. El documento pone en discusión los resultados del proceso de investigación vinculados a la coyuntura actual, en la que existen tensiones en el cumplimiento e implementación del acuerdo de paz firmado entre las FARC y el gobierno nacional.
El exilio político en Colombia continúa siendo un tema relegado en la agenda nacional e incipiente en la agenda académica, los estudios sobre éste fenómeno no presentan el mismo volumen y profundidad de los existentes en países latinoamericanos con larga tradición de migración como Chile o Argentina durante las décadas de la dictadura, y aunque ha sido constante en el país principalmente en momentos álgidos o picos de violencia durante los últimos 30 años, no ha recibido la misma atención que la migración interna (o desplazamiento), la violación de derechos humanos, las incursiones armadas u otras consecuencias del conflicto.
La inclusión de su participación en la tercera ronda de negociaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC, es producto del trabajo de varias organizaciones de exiliados en el exterior, entre ellas el Foro Internacional de Víctimas, la Comisión de Migración Forzada, Exilio y Reconciliación y otras expresiones organizativas que agrupan a las víctimas del exilio político en mesas y capítulos en sus países de acogida y de forma transfronteriza; éstas, han insistido en la necesidad del reconocimiento del exilio como hecho victimizante en el marco del conflicto, así mismo en la afirmación de garantías de retorno para quienes quieran regresar y la verdadera posibilidad de participación política e inclusión democrática.
La intervención en las discusiones que se generan en la actualidad sobre verdad, justicia, reparación y no repetición, de quienes fueron forzados a migrar, y el reconocimiento de éste como hecho victimizante del conflicto social y armado en Colombia, es otro de los reclamos históricos que están en mora de concretarse pese a la presión ejercida por las organizaciones de víctimas y los esfuerzos emprendidos por instituciones como el Centro de Memoria y la discusión en otros escenarios académicos y políticos. Sin embargo, dicha participación debe garantizarse en el marco de la implementación de los Acuerdos de la Habana, que actualmente pasa por una crisis profunda; el escenario de la coyuntura política ante las elecciones gubernamentales de 2018 deja en vilo dicha implementación, y por ende el reconocimiento y la contribución efectiva de las víctimas del exilio, aunado a la inexistencia de un reconocimiento gubernamental de los exiliados políticos y la escasa voluntad política para garantizar su participación.
El vacío jurídico de la Ley de Victimas que no reconoce el exilio como hecho victimizante, los obstáculos de su inclusión en el Registro Único de Víctimas, y la nula legislación sobre garantías de retorno y no repetición de los hechos consecuencia del conflicto, se suman a la lista de incertidumbres que rodean el marco del retorno colectivo o individual. El temor que representa la existencia de paramilitares y bandas criminales que siembran terror, amenazan, persiguen y asesinan líderes sociales, sin que el Estado colombiano pueda garantizar su vida y sus derechos, hace más lejana la posibilidad de retorno de quienes salieron del país a causa del conflicto.
Los marcos jurídicos actuales, tanto los de la Justicia ordinaria, como los de la Justicia Especial (aún en una etapa incipiente), están en mora de reconocer los derechos de las víctimas del exilio. El Estado ha tardado en incluirlos en la participación política con efectividad y garantías de vida, la academia tiene una gran deuda histórica con estos indeterminados millares de Colombianos que abandonaron el país, de quienes no se escuchan sus voces ni se cuentan sus cifras con exactitud; y en general la sociedad colombiana no solamente debe entenderles como parte de la historia reciente, sino acogerles, re-conocerles, y abrir todos los escenarios de participación para su re-integración a la vida social y política.
Lo mencionado anteriormente deriva de los resultados de la investigación que se han agrupado en tres nodos: en el primero se logró establecer que las victimas del exilio político contaban con proyectos personales y políticos configurados alrededor de su participación en grupos, colectividades, asociaciones y demás formas de expresión democrática; es decir, el exilio puede considerarse en un primer momento como parte de los hechos victimizantes del conflicto armado, dado que se trató de una estrategia sistemática y planeada para resquebrajar los potentes proyectos políticos que existían en ese entonces y de los cuales participaban los exiliados.
Un segundo resultado, se refiere a la experiencia del exilio, que va desde el preciso momento en que deben abandonar el país, los significados de su cambio de vida en otra sociedad, y si continúan la dinámica política fuera de Colombia. En general se estableció que el exilio es un último recurso, al que le anteceden otros hechos victimizantes como las amenazas, intentos de homicidio, extorsiones, secuestros o desplazamientos internos. Todos los entrevistados concuerdan en que el exilio se consideraba en un primer momento como un asunto temporal o pasajero, que se sobrellevaría pronto y que el retorno a Colombia era inminente
Por último, se estableció que el retorno de los exiliados aún está sembrado de grandes mantos de escepticismo. Los exiliados políticos se hacen escuchar cada vez con más fuerza en distintos escenarios de la vida nacional, su participación política como candidatos en partidos de izquierda en las actuales elecciones y el retorno de muchos que fueron importantes representantes en su momento de sus luchas sectoriales antes de partir, permite prever que están dispuestos a continuar batallando por la inclusión política y la vida democrática; que pese a las adversidades sus voces no han languidecido, que siguen siendo actores políticos de una lucha que aún no cesa, exigen un reconocimiento de sus subjetividad política y de su propia condición como exiliados, pero además permite prever que el silencio al que fueron sometidos por décadas dejando consecuencias nefastas en sus procesos organizativos y en sus propias vidas, ya no será más el camino.
El exilio político entonces constituye en la historia del conflicto social y armado, un capítulo aún por escribir. Colombia debe asumir una deuda histórica con sus víctimas, con sus voces, con sus narrativas; tiene un reto ante la verdadera apertura democrática y la garantía de no repetición de los hechos que enmarcaron el conflicto, un compromiso social, moral, cultural, académico, jurídico, económico, político con quienes por pensar diferente, por reivindicar sus derechos, por organizarse exigiendo justicia y participación fueron amenazados, hostigados y obligados a partir.
Esta investigación, que en un principio pretendía recoger narrativas sobre el exilio político y perspectivas frente al retorno, ha permitido además, hacer reflexiones acerca de la restitución de derechos de los sujetos de estudio y su participación en el actual estado de las cosas. Esto supone, por una parte una necesidad de recuperación de las “voces silenciadas”, como se denominaron en el transcurso de la investigación, pero además una preocupación por el devenir de los exiliados y sus apuestas de futuro en el marco de la actual implementación del proceso de paz, pues puede ser éste otro momento frustrado de la consolidación de la democracia en el país, o, el escenario para saldar la deuda de justicia social y equidad propias de un Estado Social de Derecho.