El trabajo de casa particular, pese a su importante rol como primer eslabón de cualquier proceso productivo de la sociedad actual, posee una baja valoración social y económica. Esto ha permitido que, a lo largo de su historia, las personas que han desempeñado esta labor deban someterse a situaciones precarias, solitarias y en muchos casos vejámenes que se relacionan con las dinámicas mismas del empleo: trabajo solitario, donde predominan casi únicamente mujeres (99% son mujeres, según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional –CASEN- de 2015) de baja calificación, migrantes internas o internacionales que se van a vivir a su lugar de trabajo en condiciones informales, lo que facilita situaciones de abuso.
Esta desvalorización y precarización laboral tienen su correlato con la nula legislación que existía sobre el tema. No existía un contrato que regulase horario de trabajo, ni sueldo ni funciones fijas, lo que atentaba directamente en el bienestar de estas trabajadoras. Recién en el año 2009, y gracias a las distintas movilizaciones del gremio, estas mujeres lograron igualar en ciertos aspectos las condiciones de su trabajo a la norma laboral del país. Se adoptaron medidas dirigidas a la fiscalización de los empleadores, la obligatoriedad del contrato laboral, la definición salarial, la distribución horaria, entre otras temáticas, que mejoraron algunos espacios donde antes estaban desprotegidas.
No obstante lo anterior, si bien se reconocen los avances en este empleo, en muchos casos no se constituyeron como mejoras directas en el bienestar de las mismas, debido a la propia organización del trabajo: una labor solitaria desarrollado en la casa del empleador, el cual por condiciones estructurales –básicamente económicas y culturales- representa una amplia asimetría con respecto de la trabajadora.
Uno de los elementos fundamentales para la reducción de esta asimetría laboral, y del poder de negociación, son las organizaciones gremiales o sindicales. Diversos estudios dan cuenta de la importancia de los sindicatos para mejorar las condiciones de empleo de las y los trabajadores, como también de aumentar y proteger los derechos de las y los mismos.
Actualmente, Chile presenta una de las tasas de sindicalización más bajas de la región. Según datos de la (CASEN) 2015, esta cifra asciende al 13,3% de las personas ocupadas en el país, cifra que nos posiciona solo sobre los países centroamericanos en el continente según la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA).
Para el caso de las trabajadoras de casa particular, el panorama es aun más desalentador: solo el 0,3% de sus trabajadoras señala participar activamente en un sindicato, constituyéndose como el empleo con menor tasa de sindicalización del país.
Por otra parte, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha propuesto una visión más integral de la salud, no solo remitiéndola a un estado completo de bienestar físico, mental y social. En este sentido, la perspectiva del trabajo adquiere un rol fundamental, posicionando las relaciones y el medioambiente de trabajo como dinámicas relevantes en la estructuración personal y social de las personas. Desde la investigación especializada, se han considerado diversos riesgos presentes en el ambiente laboral, que ponen en peligro la salud mental, física y social de los trabajadores.
Por tanto, en base a la organización laboral, se desprende que existen diversos factores riesgosos que, dependiendo del empleo, impiden o dificultan el desarrollo de las personas en el trabajo, lo que puede repercutir directamente en su bienestar y grado de satisfacción en el mediano y largo plazo. De hecho, diversos estudios revelan que las ocupaciones donde hay una mayor exposición a estos riesgos tienen que ver con aquellos abocados al retail y al servicio y cuidado de otros. En Chile, particularmente, Boccardo et al. (2015; 2016) han dado cuenta del alto grado de exposición a riesgos psicosociales de trabajadores subcontratados, específicamente relacionados al aseo, rubro similar al de las trabajadoras de casa particular.
Sin ir más lejos, la presente ponencia se desprende de una investigación mayor realizada entre el año 2016-2017 sobre la caracterización de riesgos psicosociales en trabajadoras de casa particular, ejecutada por el Departamento de Sociología de la Universidad de Chile y el Instituto de Seguridad Laboral (institución dependiente del Ministerio del Trabajo y Previsión Social). Este informe, de carácter mixto, encuestó a trabajadoras afiliadas al Instituto (organismo que vela por las condiciones y salud de los trabajadores del país) además de realizarse una profundización cualitativa en base a entrevistas y grupos focales a trabajadoras de diversas características (afiliadas o no a esta institución, inmigrantes, jefas de hogar, entre otras variables relevantes). En términos generales, se determinó que la exposición a los riesgos está por debajo de la media nacional establecida por la Subsecretaría de Servicios Sociales de Chile, sobre todo por la alta retribución emocional a las trabajadoras que resulta ser de doble filo: entrega cierto cariño y confianza a la trabajadora, pero también abre la puerta a los abusos laborales, basados en la sobre exigencia de estas mujeres.
Uno de los puntos nodales de la investigación, que no pudo desarrollarse a fondo en el informe, es cómo influye o no la participación en sindicatos en la reducción de estos riesgos psicosociales en el trabajo, apreciando el bienestar personal, social y familiar de estas mujeres. Por tanto, la siguiente ponencia, que es parte de una investigación en curso, presenta el impacto de la participación sindical en la exposición a estos riesgos, y las estrategias de las mismas trabajadoras sindicalizadas para su propia reducción.
La metodología empleada es de carácter mixto, realizando procesamientos estadísticos para determinar el nivel de exposición de las trabajadoras sindicalizadas y las que no lo están mediante la Encuesta mencionada anteriormente, junto con apoyar estos datos gracias a la profundización cualitativa. Se realizaron tres focus group a distintos actores de este trabajo (empleadores, sindicalistas e inmigrantes), junto con 8 entrevistas en profundidad a trabajadoras afiliadas o no al Instituto de Seguridad Laboral. Para el análisis cualitativo, se procedió a la generación de códigos y nodos mediante la teoría fundamentada, para luego comprender las trayectorias y condiciones laborales de estas mujeres, y el nivel de exposición a riesgos psicosociales.
Como resultados preliminares, se da cuenta que el sindicato aparece con una dimensión de acogida y empoderamiento, en la medida en que resguarda a las trabajadoras en un espacio donde pueden conversar sus experiencias y sentimientos, además de entregar herramientas blandas y técnicas para la negociación directa con sus empleadores, reduciendo las asimetrías que caracterizan su relación laboral históricamente. Sumado a esto, se facilita el empoderamiento que refuerza su condición de trabajadora, teniendo “mecanismos de defensa” para responder a los fuertes vínculos emocionales a las que están expuestas en su trabajo, sobre todo aquellas que han sacrificado los lazos familiares por el trabajo de casa particular. Por último, estos hallazgos se complementan con lo obtenido a nivel cuantitativo: los niveles de exposición a riesgos psicosociales son significativamente menores en aquellas que estaban sindicalizadas, con respecto a sus pares que no lo estaban.