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Resumen de ponencia
"Comunicación popular, la lucha de radio Sutatenza"

Grupo de Trabajo CLACSO: Derechos Humanos, luchas y territorialidades

*Jose Ignacio Chaves Gil



En el principio
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero (1916-1979)
La radio es a la comunicación lo que la fotografía al cine.
Hablar de radio no es practicar “radio macuto”, aquella emisora ficticia que servía de base para propagar chismes y rumores y que, durante la guerra civil española, minaba la moral del enemigo a base de mentiras; un claro antecedente de las hoy famosas fake news. Hablar de radio es asumir el valor de la comunicación y entender que, como decía Brecht, puede ser el medio de comunicación más maravilloso si además de escuchar permitiera hablar al oyente.
La radio, por supuesto no todas las emisoras pero sí esa parte de ellas que se constituyen alrededor de títulos como ciudadanas, comunitarias, alterativas, populares, indígenas, campesinas…, está en la base del diálogo y la participación. En esas radios se promueve la transformación social.
Somos de países sonoros, de memorias orales e historias narradas, somos hijas e hijos de la radio. De las voces y de los sonidos de una radio que, en unas realidades en blanco y negro, nos llenaba de colores. La radio nos permite oír y ver de otra manera, algo que ya adelantaron algunos “iluminados” como Gómez de la Serna o Brecht.
“La radio sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de la vida pública, un sistema de canalización fantástico, es decir, lo sería si supiera no solamente transmitir, sino también recibir, por tanto, no solamente oír al radioescucha, sino también hacerle hablar, y no aislarle, sino ponerse en comunicación con él” (Brecht).
“El diablo envidia la radio como el órgano ideal para la tentación: ´¡qué lástima!, ¡qué lástima!` - suele exclamar sintiendo haber dejado escapar la patente” (Gómez de la Serna).
Es, aunque algunas lo olviden, el lugar de la palabra, donde se permiten los disensos, las opiniones y las otras voces. Decía el periodista Matías Prats sénior “Tengo fe en la palabra sin fin, en la palabra interminable. Tanta que no creo que la llegada revolucionaria de las nuevas tecnologías, ¡tan abundante!, vaya a suponer el menoscabo de la palabra o su retirada hacia plácidos cuarteles de invierno.”
En ella y por ella se han recogido gran parte de las acciones y los hechos de la historia. Al menos de los últimos 125 años de nuestra historia común. Grandes hitos de la humanidad han sido conocidos y difundidos gracias a la radio.
Entre esos hechos destacados mencionaría cinco momentos: la emisión, el 30 de octubre de 1938, de la adaptación llevada a cabo por Orson Welles de “La guerra de los mundos”, obra de H.G. Wells; la retransmisión, en la voz de Rómulo Guzmán, del asesinato en Bogotá del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, 9 de abril de 1948; el discurso de Martin Luther King que puso sobre la mesa de la política mundial el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos el 28 de agosto de 1963; la llamada “noche de los transistores”, las veinte horas ininterrumpidas que la cadena SER ofreció en directo del intento de golpe de Estado en España el 23 de febrero de 1981, y la primera emisión de Radio Sutatenza, el 16 de octubre de 1947, desde el pueblo homónimo del valle boyacense en Colombia.
Este último suceso no tuvo apenas oyentes y tampoco un fuerte impacto, ni radiofónico ni social, pero supuso el inicio de un proyecto novedoso que forma parte de la historia de la comunicación en el mundo y que ha sido objeto de estudio y mencionado por una parte destacada de personas estudiosas del campo.
Si está más que probado que la radio ha transformado la historia y ha cambiado nuestras vidas; que sus emisiones han hecho que el mundo entrara en el hogar, que se “rompiera” la “intimidad” de la casa pero que “saliéramos” al mundo desde ese lugar tan personal, Radio Sutatenza supuso todo eso y más en un campesinado que apenas contaba en una sociedad como la colombiana de la segunda mitad del siglo pasado.
La radio ha sido, y aún sigue siéndolo, una compañera fiel. Los días de radio, los domingos de la radio familiar. Los paseos con la radio por las plazas y los parques escuchando el programa deportivo, las noticias o la crónica cinematográfica. La radio nos ha acompañado en la soledad, en las alegrías y en las tristezas. Nos ha mostrado cientos de descubrimientos, nos ha hecho imaginar, viajar, soñar…
Con Radio Sutatenza llegaba, no la radio popular sino la más popular de las radios. Acá y en gran parte del mundo, al menos del que se dedica a estudiar la comunicación. Desde Sutatenza, Boyacá, el cura Salcedo sembró una semilla de formación educativa. Porque como rezaba su eslogan: “La educación nos hace libres”. Tras obtener, en 1951, el apoyo de la Unesco y la personería jurídica para las Escuelas Radiofónicas y para Acción Cultural Popular (ACPO), la radio y sus emisiones se propagaron por el campo colombiano alcanzando a una población excluida geográfica, social y políticamente.
Radio Sutatenza se constituyó como un proyecto educativo que luchaba por la educación del campesinado, que juntaba las historias, los mensajes y los consejos radiofónicos con unas apuestas formativas que hacían uso, además de la emisora, de recursos como las cartillas, una biblioteca específica con temas del campo y el periódico El Campesino.
Como decía el maestro LR Beltrán, la práctica ha antecedido siempre a la teoría, y en el caso de la emisora colombiana eso es más patente si cabe. Fue un vehículo para la transformación social, para mejorar las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas e ignoradas de la sociedad. Un proyecto social y educativo revolucionario. Una radio revolucionaria, lo que, como también decía Beltrán, no siempre ha de suponer un conflicto político o una confrontación violenta.
La propuesta del cura Salcedo fue una apuesta comunicativa por la autonomía y la emancipación de las clases populares, campesinas, frente a la dominación. Su Educación Fundamental Integral (EFI) se desarrollaba alrededor de cinco ejes: el alfabeto, los números, la economía y el trabajo, la espiritualidad y la salud. Publicando, por ejemplo, cartillas sobre “sexo y matrimonio” y llevando a cabo, incluso, campañas de concienciación para una procreación responsable. También es de destacar la iniciativa “un libro por un huevo” por la que cada campesina o campesino recibía un libro a cambio de la entrega de un huevo. De ahí el dicho tan colombiano “vale un huevo”.
Desde una perspectiva dirigida por la visión y la misión de un cura quijotesco, con una finalidad formativa claramente apegada a una mirada cristiana pero con unos abordajes novedosos y algo alejados de lo que la iglesia católica acostumbraba a impartir como doctrina; Radio Sutatenza significó una lucha social por la revolución cultural del campo colombiano que se extendió desde 1947 hasta 1994, aunque muchos estudiosos consideran que terminó como tal en 1989 al ser absorbida por la cadena radial comercial Caracol.
Ese ocaso pudo tener múltiples causas y muchas han sido analizadas en todos estos años. Además de poder culpar a su “excesivo” crecimiento y haberse “vendido” al capital privado comercial, se juntaron otras circunstancias que podemos o no compartir pero que consiguieron determinar el final de su proyecto.
Camilo Torres, el “cura guerrillero”, elogió Radio Sutatenza por su labor pero también cuestionó si sus propuestas de cambio eran realmente posibles y realizables: “el descontento se produce cuando las necesidades sentidas no encuentran cauces de solución”.
Tal vez se pudiera cuestionar si sus discursos fueron demasiado revolucionarios en un contexto de conservadurismo y desigualdad como era, y sigue siendo, el campo colombiano. O quizás ese a veces criticado doble discurso en el que se juntaban las arengas para la “reforma agraria” con las propuestas para “hacer cuentas” del eje de economía y trabajo más dirigido para propietarios que para sencillos campesinos.
Otra mirada crítica analizaba su posición frente a la iglesia, una institución que podría sentir su actividad como un menoscabo para su labor evangelizadora, junto con un incierto acercamiento a una incipiente Teología de la Liberación que no terminaba de cuajar en el país.
Sin entrar a debatir los cómos y los porqués, en la propuesta de ACPO y Radio Sutatenza había una clara búsqueda de dignidad y transformación social. Puso en las ondas la identidad desconocida y lejana del campo, planteando el reconocimiento de un país desconocido como era la Colombia campesina. Un sector que en un territorio todavía hoy netamente agrícola cuenta con tan sólo un 25 % de campesinado.
Hoy, una ganadería intensiva, unos cultivos extensivos y una minería a cielo abierto, junto a un elevado número de tratados de libre comercio y una economía neoliberal, capitalista y competitiva, hacen que la propiedad de la tierra siga siendo la base de un conflicto social sin visos de solución.
Radio Sutatenza no fue específicamente una radio comunitaria o una radio popular, fue más bien una radio educativa dirigida que reunía muchos componentes de lucha social y de comunidad. Fue, en cualquier caso, una apuesta revolucionaria por la transformación social.
Con todos los peros y los reparos que se le puedan poner, considero que Radio Sutatenza entra de alguna manera en esa categoría de radios que buscan y practican: “una comunicación que contribuya a una sociedad más justa socialmente, horizontal y participativa, para un desarrollo no economicista, un cambio social dirigido a la comunidad y un empoderamiento en el acceso y el uso del proceso comunicacional, (…) motivando la creación de una conciencia crítica.” (Chaves, 2012: 14).




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* Chaves Gil
Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO. Bogotá, Colombia