Esta ponencia abre la polémica sobre la hegemonía como una estrategia usada en la disputa del poder político. El texto analiza tres categorías fundamentales: hegemonía, populismo y lo popular. Las líneas teóricas del artículo están fundadas en la historia, la filosofía política y la crítica marxista a la modernidad capitalista.
La primera parte de estas páginas resumen cuatro argumentos teóricos del estudio de la hegemonía de Karl Marx en el caso de Luis Bonaparte, como el documento clásico que analiza la construcción de la hegemonía política. La segunda parte aborda la categoría hegemonía después de Marx, en Mao, Lenin y Gramsci, desde los cuales surge el debate de las condiciones sociales para las situaciones críticas y revolucionarias. La tercera hace énfasis en la crítica al esquema abstracto de hegemonía de la obra de Ernesto Laclau, La Razón Populista, como un esquema abstracto que representa la hegemonía pero que se limita a lectura populista. En la tercera parte se propone la categoría de lo popular como contradictoria al populismo, aspecto que confundió Laclau, de la cual surge un nuevo sistema categorial de análisis político. Aquí se utiliza la categoría de lo popular como una categoría que abarca el valor de uso y el populismo como valor de cambio, mercantil, enajenado en la institucionalidad del Estado.
El populismo es lo popular mixtificado, fetichizado. El populismo funciona como el valor de cambio en las relaciones sociales políticas del sistema electoral mercantil. El populismo se revela como una forma, como un fetiche que entró representando a lo popular, a todas las demandas populares, democráticas y parte de las heterogéneas (valores de uso), aunque en el vaivén de la lógica del populismo se acerque o se aleje de estas. El populismo en el poder no se sostiene ya sólo por la cadena equivalencial, sino por el poder mismo y las condiciones institucionales que permiten la existencia del populismo en el Estado dan paso a un Estado populista .
Ahora bien. Lo popular como espacio de constitución social se sustenta en un primer orden en los modos de vida de las masas productivas e improductivas. Las dimensiones económicas de lo popular se difuminan en el proceso de proletarización en las diferentes estrategias de sobrevivencia . El campo popular es un espacio diverso de configuración política y no tiene ideología definida. Las izquierdas han articulado las demandas populares y otras necesidades básicas a través de las dimensiones interseccionales (clase, género, etnia, etc.) en el conflicto social y la misma institucionalidad estatal. Para las derechas esta articulación política es un peligro y estas ingresan en esta configuración a su modo. El populismo surge de la comprensión de estas condiciones sociales pero como un hijo degenerado, corrupto, con ideología difusa, como una forma de hacer política.
En lo popular hay intersecciones de ideologías y teorías que en el contexto de la lucha política y social se concilian o subordinan de modo consensuado unas a otras (consciente o inconscientemente), de forma total o parcial, pero siempre de modo temporal. En tanto el populismo entiende bien lo popular sus formas conviven como un animal en su entorno natural. Sin embargo, el populismo y sus formas rompen con lo popular porque su conciliación y subordinación excede los límites del consenso. Las formas populistas tienden a romper con lo popular porque se concentran más en la dominación y la coerción, aunque el consenso no sea anulado del todo. El populismo simboliza lo popular pero es una forma enajenada, una forma fetichizada de lo popular.
Lo popular frecuentemente se asocia a la barbarie, a lo primitivo, mientras las clases dominantes enfatizan en su superioridad económica, cultural. Las identidades de lo popular están atravesadas por las condiciones sociales, políticas, culturales, emotivas del trabajo. Las condiciones del trabajo se subsumen a la lógica del capital de forma homogénea o heterogénea. La homogeneidad y la heterogeneidad se combinan como dos momentos dialécticos. En la sociedad capitalista actual el pueblo como sujeto y objeto revolucionario no es constituido por la burguesía y los capitalistas. Sin embargo, el campo popular como espacio de disputa política es flexible a integrar históricamente a ciertas fracciones de la burguesía.
La categoría de lo popular mirado desde la movilización crea el movimiento popular en el que tienen predominancia, en distintos momentos, distintos actores del espectro popular . Las crestas del sujeto popular, que es un sujeto de sujetos, se presentan cuando los sectores subalternos pasan a la acción, a la movilización, en las situaciones críticas. Estas situaciones críticas pueden tener como desenlace situaciones populistas o situaciones revolucionarias. Para tomar la segunda situación, de la que no hemos hablado, lo popular encabezado por el proletariado (no como significante vacío, sino como contenido que desborda la frase, dice Marx) como en el caso ruso permite las situaciones revolucionarias. Cuando el Estado moderno capitalista supera estos momentos críticos absorbe o institucionaliza las demandas sociales (democráticas y populares) con el objetivo de institucionalizar lo popular y precautelar el orden político constituido, el populismo ha triunfado .
La operación hegemónica de lo popular revolucionario requiere estudiar a fondo las demandas sociales y sobre todo sus adscripciones populares. La estructura política de lo popular revolucionario tiene como eje las demandas populares radicales, pero no se circunscribe sólo a estas. En el caso de las demandas sociales parcialmente institucionalizadas, su parte extrainstitucional puede ser articulada en la cadena popular revolucionaria. Al parecer, es imposible impedir que lo popular se refleje en una sola organización o persona, el problema es que esto que debería ser transitorio, relativo y contingente se vuelva permanente, absoluto y necesario. Por ejemplo, el proceso de nominación de lo popular que enfrenta al populismo latinoamericano actual se ha convertido en plural, como una crítica social que necesita una colectividad dirigencial. Las fuerzas que enfrentan al populismo se sostienen en que las particularidades de las demandas populares y heterogéneas cuestionan las formas enajenadas populistas y sus particularidades sostenidas en un sólo individuo.
Las tesis teóricas resumidas en este ensayo permiten estudiar el ascenso, auge, permanencia y crisis de los llamados gobiernos progresistas desde la categoría hegemonía de Marx, criticar al populismo y extender los horizontes teóricos en la estrategia de la izquierda y de los comunistas hacia una alternativa popular revolucionaria.