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Resumen de ponencia
TLCAN MÉXICO: CAPITALISMO NEOCOLONIAL DEL SIGLO XXI, ENTRE EL DESPOJO Y LA SUPEREXPLOTACIÓN

*Josefina Morales Ramírez



Las características estructurales del capitalismo del subdesarrollo y la dependencia son históricas, si bien mantienen su función dependiente en el desarrollo del capitalismo mundial éstas se reproducen con diversas modalidades en las diferentes etapas del imperialismo.
Los clásicos del pensamiento latinoamericanos enfatizaron varias características del capitalismo del subdesarrollo y la dependencia: la acumulación expoliadora, parcial, desnacionalizadora, con bajas tasas de crecimiento, y entrelazada subordina y estructuralmente a la acumulación imperialista, al mercado mundial. Una utilización despilfarradora del excedente, rentista, en gran medida improductiva y enviada hacia el exterior. Proceso que señala con énfasis Alonso Aguilar, por ejemplo.
Para Marini, una característica del proceso de acumulación dependiente es la fractura del ciclo de reproducción del capital al definirse aquí la fase de producción y generación de valor y ocurrir la realización, el consumo, en los países imperialistas. Característica que a su vez define la superexplotación del trabajo al pagarlo por debajo de su valor.
La estructura económica incapaz de satisfacer las necesidades de un mercado interno, fue definida en gran parte, en la primera fase del capitalismo latinoamericano, como primario exportadora y, en la mayoría de los casos, como monoproductora y monoexportadora con creciente participación del capital extranjero, ya en el petróleo u otros minerales, en plantaciones o en las industrias básicas.
Con el desarrollo industrial, con un capitalismo de Estado en la mayoría de nuestros países, se configura una industria agroalimentaria y de bienes de consumo sin desarrollar una industria básica de maquinaria y equipo. La dependencia se reproduce así en la base más dinámica del capitalismo con la fuerza de las empresas trasnacionales que controlan el mercado interno de nuestros países al tiempo que importan insumos y maquinarias industriales y se trunca, diría Fajnzylber, el proceso de industrialización capitalista tradicional.
La fase actual del imperialismo: crisis, trasnacionalización, financierizacion, depredación y despojo
En medio de la crisis de fase iniciada a principios de los años setenta, el gran capital monpolista empuja una serie de transformaciones en su proceso todo de dominación y explotación, multiplicándose las contradicciones en la competencia intermonopolista e interimperialista. Crisis cuyas dimensiones multidimensionales conforman una crisis civilizatoria.
Destaco tres características del proceso de acumulación monopolista:
1) La reestructuración del proceso productivo y del trabajo a escala global con la fragmentación y dispersión del proceso, definiendo cadenas monopolistas globales de valor y una división internacional del trabajo con nuevas características de la superexplotación que opera a diversas escalas.
2) La transformación de la célula del capital monopolista, la empresa trasnacional hoy convertida en una telaraña planetaria, al mismo tiempo que la financierización se vuelve determinante en el proceso de reproducción con características cada vez más rentistas y especuladoras, y su internacionalización avanza depredadora con nuevas formas de acumulación originaria, denominadas por Harvey acumulación por despojo.
3) Un proceso de acumulación criminal, mafioso, expresión extrema de la acumulación por desposesión.
El trabajo fragmentado y nuevas modalidades de explotación
La nueva división internacional del trabajo, particularmente en el sector manufacturero, con el proceso de fragmentación de la cadena de producción y el traslado de los eslabones intensivos en fuerza de trabajo hacia los países subdesarrollados con bajísimos salarios, conocidos desde hace más de medio siglo cono la maquila, se profundiza en la mundialiazación y, a partir de las dos últimas décadas, con la incorporación de China en el mercado mundial.
La maquila es un fragmento de la producción, caracterizado por el ensamble de partes importadas para su exportación, que agrega poco valor y que se realiza en diversas regiones del mundo en condiciones de superexplotación de la fuerza de trabajo y de liberalización extrema. Se localiza en los países subdesarrollados y adquiere expresiones de los viejos enclaves primario exportadores del capitalismo de principios del siglo XX, marcando una superespecialización a sus espacios industriales.
Tres son los ejes sobre los que descansa la actividad maquiladora en nuestros países: la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, las facilidades de acceso al mercado estadounidense adonde se destina su producción; y las políticas públicas que definen las condiciones de excepcionalidad fiscal y múltiples apoyos y subsidios y que a través de las devaluaciones abaratan el precio internacional de la fuerza de trabajo local.
Paralelamente se registran cambios fundamentales en el proceso de trabajo que afectan a los derechos de los trabajadores que fueron blanco de las transformaciones del capital desde la crisis de los años setenta.
Este ataque se va formalizando con la elaboración en los noventa de un nuevo código de conducta de las trasnacionales, un decálogo del trabajo, que reduce al mínimo los derechos del trabajo y que se va imponiendo en nuestros países con la maquila, acompañado de auditores externos, no estatal-nacionales, del trabajo.

El trabajo y la superexplotación en México bajo el TLCAN
El Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) es una de las respuestas del capital monopolista trasnacional (mexicano y extranjero) a la crisis. Bajo el TLCAN México consolida una reestructuración industrial marcada por la privatización de las empresas estatales que provocó la desarticulación de las cadenas productivas alcanzadas en la etapa de la sustitución de importaciones (agroalimentarias, minero-metalúrgicas, petróleo-petroquímica, incipiente industria automotriz, entre otras);la apertura al capital extranjero y el consecuente encadenamiento a la cola de las cadenas trasnacionales de valor.
La liberalización sin límite, la drástica caída de los aranceles, impone en gran parte un proceso maquilizador a la industria en su conjunto, paralelo a la migración de más de 12 de trabajadores mexicanos sin papeles a Estados Unidos.
Con el TLCAN también se polarizó y fragmentó, estratificó, aún más el mercado de trabajo, con cerca de las dos terceras partes de los trabajadores en la economía informal, sin prestaciones ni seguridad social y con uno de los salarios mínimos más bajos del mundo.
La maquila tradicional, creció significativamente en los primeros siete años del TLCAN: de estar localizada en los doce municipios de la frontera norte, a principios de los años ochenta, se dispersa hasta más de 180 a finales de siglo. En octubre de 2000 se registraron 3 590 establecimientos y 1 347 803 trabajadores.
Las condiciones de trabajo en la maquila son de una precariedad extrema y sólo pueden ser caracterizados como de superexplotación aconpañada de una baja productividad, por el bajo valor agregado, con una productividad creciente en términos del volumen físico de la producción.
El salario es una décima parte del estadounidense, por hacer una ilustración, y es insuficiente para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo. El salario está definido por una cuota básica de producción, que se eleva continuamente, más un bono de productividad por superar esa cuota, lo que lleva a extender la jornada de trabajo sin remuneración de horas extras. Desde hace más de una década se generaliza las jornadas de cuatro días de doce horas por tres días de descanso.
La maquila fue uno de los medios de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo industrial, ya que en sus inicios más del 80% de los trabajadores eran mujeres, cuando predominaba la industria de la confección y la electrónica. Al incorporarse, en los años ochenta la maquila de autopartes los hombres incrementan su actividad en el sector y actualmente prácticamente hay una participación igual por sexo.
Las condiciones de trabajo se destacan, además, por su parcial sindicalización, mayoritariamente con contratos de protección.
A partir de la crisis del 2008-2009 se inicia una nueva ofensiva del capital contra el trabajo a nivel internacional, y en México ésta se realiza con la contrarreforma a Ley Federal del Trabajo de 2012 y con sus leyes reglamentarias de hace dos años. Y hoy pende la amenaza de una precarización extrema y pérdida absoluta de derechos del trabajo con la más retrógada reglamentación del trabajo.




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* Morales Ramírez
Instituto de Investigaciones Económicas . Universidad Nacional Autónoma de México - IIEc/UNAM. México, D.F., México