Puerto Rico, nación caribeña y territorio no incorporado de los Estados Unidos, no contribuye significativamente al cambio climático, sin embargo, se ve significativamente afectado por él. La temporada de huracanes en el Atlántico de 2017 causó una destrucción récord y produjo una tragedia evitable en la empobrecida región caribeña. Con el cambio climático, la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos va en aumento. De acuerdo estudios del National Climate Assessment, la cantidad de fuertes tormentas y huracanes de Categoría 4 y 5 aumentará durante el próximo siglo. Antes de la temporada de huracanes de 2017, Puerto Rico ya sufría una crisis económica, política y social sin precedentes que habían provocado un aumento de pobreza, violencia, desempleo, migración y fuga de cerebros. Después del huracán Irma y el huracán María, Puerto Rico enfrentó un colapso masivo de infraestructura y una crisis humanitaria exacerbada por problemas de injusticia ambiental que afectan a una población pobre, sub-representada y considerada “minoritaria”, la cual está cada vez más expuesta a desechos tóxicos peligrosos. A través de lentes de estudios de globalización crítica, estudios de justicia ambiental y análisis crítico del discurso, esta sesión explora los discursos históricos de la respuesta al desastre climático en Puerto Rico post-huracanes, enfocando en los huracanes de mayor impacto como San Ciriaco (1899), San Felipe II (1928) y María (2017).
Poco después de la ocupación estadounidense de Puerto Rico en 1898, la isla fue devastada por el huracán San Ciriaco, un huracán de fuerza extraordinaria en 1899 tras el cual murieron tres mil personas y se niveló la isla, destruyendo miles de granjas y cosechas. En una ilustración ejemplar de la llamada “doctrina del shock” de Naomi Klein, Puerto Rico sufrió ataques económicos inmediatos tras el huracán. En lugar de enviar ayuda, el gobierno de los Estados Unidos subió los impuestos y devaluó la moneda de la isla en un 40 por ciento. Los agricultores puertorriqueños, quienes eran dueños de 90% de las plantaciones y fincas en 1899, pronto perdieron sus tierras. Para 1928, el 80 por ciento de las plantaciones de caña de azúcar de Puerto Rico eran de propiedad de monopolios estadounidenses. En 1928, los puertorriqueños sufrían hambruna, desempleo, enfermedades rampantes y la expectativa de vida promedio era de 46 años cuando azotó el huracán San Felipe 2 durante la Presidencia estadounidense de Herbert Hoover. El líder nacionalista puertorriqueño Pedro Albizu Campos comentó en relación al huracán que el desastre climático aceleraría la penetración económica de Estados Unidos en Puerto Rico, permitiendo a los estadounidenses adquirir bienes públicos, tierras y empresas a precios bajos y desplazando la riqueza de la nación puertorriqueña a los intereses estadounidenses (Rivera Matos: 1930).
Para 2017, luego de 100 años de ciudadanía estadounidense, con un 45% de la población de Puerto Rico bajo el nivel de pobreza y una deuda de $72 billones, las agencias federales estadounidenses controlan la moneda, el sistema bancario, el comercio internacional, las relaciones exteriores, las leyes marítimas y mercantes, la televisión, la radio, el sistema postal, la inmigración, la seguridad social, la aduana, el transporte, el ejército, el comercio, la importación y exportación, los controles ambientales, las operaciones costeras, el espacio aéreo, las apelaciones civiles y penales, y el código judicial en Puerto Rico. El paso del huracán María sobre el archipiélago puertorriqueño provocó el colapso masivo en la decaída infraestructura, incluyendo la electricidad, el agua, las redes de telefonía celular, la televisión, el cable, el internet y las líneas telefónicas. La destrucción causada por el huracán se agravó por una crisis política y humanitaria que puso al descubierto la relación colonial de la isla con Estados Unidos, cuyo gobierno bloqueó la entrada de ayuda internacional y priorizó el pago de la deuda financiera antes que las necesidades médicas urgentes y el acceso necesario a agua limpia, electricidad y comunicaciones en Puerto Rico, generando cientos de muertes evitables y una migración masiva de puertorriqueños a los Estados Unidos. Los diversos memes sobre el acto del presidente Donald Trump al lanzar papel toalla a la población puertorriqueña en crisis tras el huracán María critican los discursos dominantes de injusticia ambiental en los últimos cien años. Demuestro cómo el impacto del desastre climático se ha exacerbado por las políticas económicas del norte global, indiferente a la situación del sur global necesitado de paz positiva y acceso a una economía sustentable y democrática para hacer frente a las crisis huracanadas del próximo siglo.