“Soy mujer síntesis, soy muchas mujeres, soy y no soy madura, soy y no soy mamá, soy y no soy esposa, soy y no soy amante, soy y no soy texto sobre una piel territorio. Soy acción, soy persona, soy política, soy insurrecta y soy una polifonía insurgente”. Red de Mujeres Excombatientes de la Insurgencia.
Desde el antecedente del proyecto de investigación, “Luminiscencia, voces, historias y memorias de las víctimas de violencia sexual por el conflicto armado”; se entiende la realidad de las mujeres que han vivido en sus propios cuerpos el conflicto y cuyas violencias han marcado sus vidas, entorno y nuevas generaciones. Es una nueva mirada a un crimen que ha sido silenciado y que es necesario poner sobre la mesa para aportar a la reconstrucción de la memoria histórica, para reparar simbólicamente desde el reconocimiento de historias de vida la capacidad de resistencia y de reconfiguración de nuevas realidades.
Cabe resaltar que, estas mujeres han decidido reemprender sus proyectos de vida integrándose a la esfera pública para aportar a la construcción del tejido social y a la lucha por el reconocimiento de sus derechos sin importar el momento histórico que se estuviera viviendo en el país en ese momento. Muchas en tiempos de guerra, entendieron que el camino no es continuar la espiral de venganza sino transitar por la escarpada travesía de construcción de paz de aportando a los procesos de reconciliación.
Desde esta inquietud, surge el aporte de los discursos de las mujeres excombatientes a la cartografía de la reconciliación, más allá de su rol pasado como víctimas y/o victimarios. Entendiendo que, en el devenir de las mujeres que decidieron tomar las armas y salir a luchar, es necesaria una comprensión de sus historias de vida, ya que ellas han tenido que soportar el peso de la guerra en sus cuerpos y hoy han decidido reemprender iniciativas que contribuyen a la consolidación de prácticas de reconciliación desde los territorios.
La mirada desde lo femenino en la guerra como en la construcción de paz tienen un detonante especial, como lo decía Svetlana Aleksiévich en La guerra no tiene rostro de mujer, "sus recuerdos son distintos, su forma de recordar es distinta. Son capaces de ver aquello que para los hombres está oculto. Repito: su guerra tiene olores, colores, tiene un detallado universo existencial" (Svetlana, pág 21). Esta, es una habilidad culturalmente desarrollada desde el ser femenino. La intuición, el detalle y la posibilidades de expresar sus emociones sin ser juzgadas.
Desde los adelantos de esta investigación, a nivel teórico y empírico,se encuentra una relación intrínseca de la corporeidad con la maternidad; entendiendo así mismo que esta posibilidad no define la feminidad. Pero sí, el acontecer de ser sujetos dadores de vida les da un significado trascendental al entender al otro como un humano, que puede ser sangre de su sangre. Por los hijos, muchas mujeres combatientes resistieron a los vejámenes de la guerra. Pero, hoy también, por ellos mismos resisten a la estigmatización y todas las dificultades que el hecho de haber sido parte activa de una guerra las margina de la sociedad.
Es por ello que, con las ideas, los hilos y las agujas, con el propio cuerpo como instrumento de batalla, las mujeres han ido a la guerra y han logrado salir de ella para contarla. Entre las mujeres excombatientes entrevistadas, está Clara, exmilitante del M-19, reincorporada a la vida civil desde hace más de veinte años, ella expresa que fue a la guerra con la ilusión de tener participación política, y salió de ella con la desilusión de ver que la guerra no tenía sentido para tener incidencia en la sociedad. Aún así, siguió preparándose para trabajar en proyectos comunitarios y trabajar desde lo simbólico temas de memoria.
Otras mujeres como Ederlinda, con sus manos como instrumento de guerra, puntada tras puntada, con el hilo y la aguja vestía a los militantes de las AUC. Ella inicialmente llegó a ser parte de esta organización sin saberlo, luego por sus hijos resistió a todo aquello que le implicaba estar allí. Diez años después de su desmovilización, desde el arte de la costura, es la columna vertebral de un taller de confecciones que ayuda a otras mujeres desmovilizadas, y víctimas de la violencia.
El testimonio de Diana, una mujer que engañada por una compañera de la universidad quien le vio potencial negociador, se la llevó a la guerra. Su cuerpo como motín de guerra hizo parte de tareas de inteligencia y sufrió todo tipo de violencias, entre ellas la sexual. Consecuencia de ello, un par de embarazos que la guerra no le permitió dar a luz, como dice Diana “la guerra no está hecha para la maternidad”. Paradójicamente, el hecho de ser madre fue la mayor fortaleza para enfrentar la vida en la selva. Hoy, Diana tiene una fundación que apoya a las mujeres desmovilizadas y a las mujeres que ejercen la prostitución.
Finalmente, Nayra una excombatiente de las FARC, quien siendo una niña tuvo que ver la guerra como un juego real. Hoy a sus 24 años, ha encontrado en el teatro una forma de orientar su proyecto de vida y sobretodo ser una voz para contar la memoria de un conflicto que necesita ser narrado para humanizar a todos aquellos que hicieron parte de este.
Estos testimonios de vida recopilados durante la investigación le dan sustento a la afirmación de la Corporación Descontamina, en el informe ejecutivo Cuerpos vulnerados, cuerpos violentos: que expone la Filosofía de la Corporeidad, “permite concebir el cuerpo no solo como una materialidad sino como una serie de interacciones complejas que componen la experiencia de vida de un sujeto, tratando de ir más allá del dualismo cuerpo-mente preponderante en la filosofía occidental (Cuerpos vulnerados, cuerpos violentos, página 11). Para entender que, en este tipo de contextos se busca anular la feminidad desde el componente emocional, reproductivo, entre otros.
Finalmente, este proyecto de investigación busca ser un vehículo para que otras personas accedan a estas voces, las voces de las mujeres excombatientes. Entender a las mujeres que han dejado las armas más allá de los estigmas y prejuicios. Como explica Elvira Sánchez B. en el artículo De actores armadas a sujetos de paz: Mujeres y reconciliación en el conflicto colombiano*
“Al igual que los múltiples procesos de guerra y paz inconclusos, el de las mujeres que escriben sobre sus experiencias como sujetos, agentes y víctimas de la violencia continúa con nuevos retos y desafíos en la búsqueda de comprender y articular las variadas y múltiples dimensiones de este fenómeno que se puede resumir en un enunciado: los actores de la guerra pueden convertirse en agentes culturales de paz a través de procesos transformadores que encaucen cambios de mentalidad y de actitud a nivel de sociedad”.
A partir de la cita de Sánchez, es preciso resaltar el valioso papel que tienen las mujeres en este proceso de post-acuerdos, donde el país necesita una esperanza y sobretodo el compromiso de escribir entre todos una nueva historia de Colombia. A pesar del estigma de que la guerra no es para las mujeres, ellas en tiempos de guerra fueron una táctica imprescindible para llevar a cabo sus funciones. Hoy, las mujeres excombatientes son estrategia para construir una paz desde el empoderamiento de sus ideas y la capacidad de dar a luz sueños, proyectos y acciones reconciliadoras.