Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
Ciudadanía, participación y representación política en la escuela secundaria: notas para una discusión en torno al concepto de cultura cívica, a partir de un estudio de casos en la ciudad de Córdoba (Argentina)

*Andres Hernandez



¿Nuestro punto de partida? El supuesto de que ciertos grupos sociales no tienen actualmente un real (¿tampoco un virtual?) acceso a la «plaza pública». Esto es, no pueden ni tienen los recursos necesarios para canalizar –ni mucho menos satisfacer– sus demandas, lo cual pone inevitablemente en tensión el «carácter universal de la ciudadanía».
Pues bien, si entendemos a la ciudadanía como el conjunto de derechos y obligaciones reconocidas por una forma estatal específica –el Estado-nación–, no podemos prescindir de la figura del ciudadano, su sentimiento de pertenencia y su identificación para con una comunidad en tanto que persona pública. La ciudadanía en estos términos se nos presenta como una posibilidad, y el reconocimiento como una aspiración. Ambas, navegan en una suerte de sustrato cultural en el cual opera el fenómeno de la representación y la participación política. Pues bien, creemos que apelar a este sustrato puede ayudar a compensar ciertas visiones sesgadas acerca de la ciudadanía, mitigando su carácter homogéneo (y homogeneizante) y evitando vectorizaciones demasiado deterministas (y por lo tanto reduccionistas). En otras palabras, partiremos aquí de la consideración de que hay dos problemas que se desprenden del ejercicio efectivo de la ciudadanía: i)La no pertenencia (los vacíos en la plaza), y ii)las diferentes y desiguales formas de participación y representación (el lugar que se ocupa en la plaza y la correlación de fuerzas).
La permanente apelación al «ciudadano», bajo las condiciones actuales, parece parte de una tendencia más general a alejarlo y reducirlo a un lugar privado (apenas orientado hacia lo público), en el cual queda tan solo como un espectador, apartado de la vida política propiamente dicha. Su opinión se demuestra mediada por un sinnúmero de instancias previas, que lo exceden y están fuera de su alcance y control. Esta es la información que le es llevada y ofrecida en la comodidad de su hogar, a través de los medios masivos de comunicación. Esto configura probablemente un escenario de desmovilización, en el marco de un sistema que solo aspira a la instancia electoral como momento plebiscitario profundo. En definitiva, la política transcurre a modo de una serie de esfuerzos dirigidos a gestionar apoyos en el seno privado, donde la vigilancia y control coinciden con un poder de veto, aunque no utilizado (al menos públicamente), dado que solamente es citado y encarnado en la escena pública por medios y dirigentes. De este modo los ciudadanos son interpelados como individuos aislados. Las categorías sociológicas tradicionales se diluyen ante los «vecinos» o los «jóvenes», quienes son presentados como los nuevos destinatarios (al menos abiertamente citados). Detrás, el negocio de la bigdata se muestra como una caja negra de las verdaderas identidades, consumidores de información a los que hay que ofrecerles la información adecuada, on demand.
Esta perspectiva sumamente pesimista, por muy convincente que pueda parecer, es apenas un punto de partida. La ciudadanía no se agota en tal o cual forma o manifestación política propia de un período histórico determinado. Antes que eso –tomando prestadas las palabras de Isidoro Cheresky– la ciudadanía “designa la arena de individuos y grupos fluctuantes, es decir, el proceso de subjetivación, incluyendo la construcción de lazos representativos y la emergencia de movimientos sociales” (Cheresky, 2015, pág. 104). Cabe preguntarse entonces: ¿Cuáles son esas experiencias de movilización y organización de los ciudadanos que están ocurriendo hoy?¿bajo qué condiciones se llevan adelante esos procesos de participación y representación política?
En las páginas siguientes intentaremos poner en juego una perspectiva de análisis que, a partir del hecho de ubicarse en medio del cruce de algunas de las principales avenidas teóricas que se corresponden con las distintas disciplinas (antropología, sociología, ciencia política), pueda dar cuenta del diálogo, los puntos en común y las diferencias que existen entre ellas. Gabriel Vommaro y Mariano Salomone (Vommaro & Salomone, 2017) han destacado recientemente la falta de diálogo entre dichas disciplinas, luego de la inflexión provocada por la crisis de 2001 en nuestro país. Una primera alternativa de análisis ha resultado de pensar cómo los ciudadanos logran dar cuenta de un pasaje de la esfera privada (a partir de determinado capital social) a la esfera o espacio público, tomando incluso contacto o accediendo a ciertas esferas de toma decisiones (ámbito institucional). Esta forma de estudio de la política construida “desde abajo”, si bien se ha apoyado fundamentalmente en los estudios sobre movimientos sociales, identidades y formas de organización y participación política, también dio lugar a estudios enfocados especialmente en la dimensión moral de las prácticas (Frederic, 2004; Quirós, 2011). Una segunda perspectiva de análisis recalaría en los modos en que se concibe y se construye la representación de las demandas de determinados sectores sociales, incluyendo toda una gama de instancias intermedias. En este caso se imponen otras líneas de análisis enfocadas más bien en la ingeniería institucional propia de la democracia representativa, incluyendo el sistema de partidos y los públicos electorales, además de otras audiencias posibles (incluyendo el rol que ocupan los nuevos medios de comunicación y las encuestas de opinión).
Ahora bien, ¿es posible hacer confluir ambas perspectivas? Enrique Peruzzotti se refiere a este intento, en su apuesta a entender el vínculo de la representación como política mediada (2008). Sin embargo, su definición de la democracia representativa insiste en hacer foco en el marco institucional. En sintonía con su propuesta, que privilegia el carácter mediado –y por lo tanto asociativo– de todo proceso político, intentaremos a continuación poner a prueba algunas estrategias de análisis que nos permitan compensar aquellos sesgos más recurrentes, que se explican tanto por apuestas teóricas como por el devenir y las contingencias que son propias de cada una de las disciplinas que integran las ciencias sociales. Si bien este es un problema que encontrará distintas clases de respuestas en virtud de la riqueza y la especificidad de los escenarios y entramados de relaciones que por distintas razones integran una muestra o recorte empírico, consideramos necesario estar abiertos a múltiples posibilidades. Es posible que participación y representación se superpongan de modos más complejos y diversos de lo que estamos acostumbrados a aceptar. En este sentido resulta preciso identificar esos modos posibles de articulación y construcción de la ciudadanía. No como un proceso vertical con una u otra direccionalidad, sino como parte del entramado de prácticas y representaciones que constituyen y dirimen los diferenciales de poder que en mayor o menor medida se ponen en juego en la vida cotidiana.
Nos basaremos fundamentalmente en los datos que hemos recogido a partir del trabajo de campo que venimos realizando desde 2010 a la fecha. Dicho trabajo incluye una primera aproximación etnográfica en asambleas, movilizaciones, intervenciones y «tomas de escuelas» secundarias durante las protestas estudiantiles que tuvieron lugar entre los meses de septiembre y diciembre, en el marco del llamado «estudiantazo» de 2010. Durante 2011 se realizaron unas 25 entrevistas en profundidad a estudiantes, docentes, directivos y padres de tres escuelas de la ciudad de Córdoba que atienden a sectores populares, medios y medios-altos. En años subsiguientes se realizaron otras 10 entrevistas a estudiantes en el contexto de las sucesivas «tomas» que se fueron dando, haciendo especial foco en las protestas de 2015. A lo largo de 2016 se reinició el trabajo etnográfico en otras tres escuelas, asistiendo especialmente a las asignaturas denominadas Ciudadanía y Participación (CYPA) y Ciudadanía y Política (CYPO) de 2° y 6° año, respectivamente. Finalmente, se realizaron unas 40 entrevistas más a alumnos y docentes.




......................

* Hernandez
Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Villa María - IAPCS/UNVM. Villa María, Argentina