El crecimiento muy significativo de la inmigración internacional en Chile en las dos últimas décadas, además de la diversificación de sus países de origen -aunque sigue tratándose de una migración eminentemente intrarregional-, han interpelado a la “sociedad chilena” -asumiendo el nacionalismo metodológico que está en la base de esta noción- a partir de ciertos procesos sociales invisibilizados por su naturalización. Esta interpelación ha instalado la palabra racismo en las conversaciones cotidianas, en las redes sociales, en los medios de comunicación, las discusiones académicas, y hasta en la agenda política, y no precisamente de la mejor manera esperable.
En efecto, el intenso crecimiento de la migración peruana primero, desde mediados de la década de 1990, acompañado además de su arribo a Santiago -en el norte del país se trata de una presencia histórica, vinculada además a la anexión de territorio peruano tras la Guerra del Pacífico (1879-1883)-, y el más intenso crecimiento, en los años recientes, de la migración proveniente de países con una importante presencia de población afrodescendiente -Colombia, República Dominicana, Haití y Venezuela-, han enfrentado a la “población nacional” con un espejo que devuelve una imagen incómoda: aquella que muestra el pilar eugenésico y blanqueador que ha estructurado la formación nacional de alteridad que está en la base de la construcción identitaria del Estado-nación.
La idea de formaciones nacionales de alteridad, un concepto central para el análisis que propone esta ponencia, alude al hecho que “los procesos de otrificación, racialización y etnitización propios de la construcción de los estados nacionales emanan de una historia que transcurre dentro de los confines, y al mismo tiempo plasma el paisaje geográfico y humano de cada país” (Segato, 2007:28). Es decir, cada formación nacional, “en tanto matriz idiosincrática de producción y organización de la alteridad interior de la nación”, presenta formas de racismo, prejuicios y discriminación étnica que son específicos de ese orden particular, construidas en una historia propia. Esa historia propia le da especificidad a los procesos de racialización y etnización que atravesaron los proyectos de nación latinoamericanos (Viveros Vigoya, 2006), inseparables del colonialismo y la colonialidad del poder (Quijano, 2000) que han marcado brutalmente a nuestro subcontinente.
Es justamente en esa especificidad que pretende explorar esta ponencia, a partir de la pregunta por las razones que están detrás del hecho que sea la llegada de población migrante afrodescendiente la que genere tensiones, debates y reflexiones en torno al racismo de la sociedad nacional, mientras que la población afrochilena y sus demandas han permanecido prácticamente invisibles, del mismo modo que el racismo que la afecta, al igual que el que pesa sobre la población indígena, e incluso más.
Aunque ha sido escasamente tematizada, desde diferentes ámbitos, Chile cuenta con una población afrodescendiente cuya magnitud se desconoce, precisamente porque una de las formas de esta invisibilidad es la estadística. Esta población está concentrada en el norte del país, en la región de Arica y Parinacota, que limita con Perú y Bolivia. Una encuesta realizada en 2013 desde el Instituto Nacional de Estadística (INE), junto con organizaciones afrodescendientes -la ENCAFRO (Encuesta de Caracterización de la Población Afrodescendiente)-, en las comunas de Arica y Camarones, reveló que un 4,7% de la población regional se considera afrodescendiente, y que un 6,2% de los hogares de esas regiones tienen miembros afrodescendientes (CELADE-CEPAL, 2017). Es precisamente en esta parte del territorio nacional que han surgido y se han ido desarrollando organizaciones sociales que están preocupadas por un rescate y fortalecimiento de esta identidad, y por un reconocimiento del Estado.
¿Por qué razón ha sido la presencia migrante, y no este proceso de autoafirmación identitaria, la que ha logrado problematizar una discriminación racial que ha llegado a tener desenlaces brutales en algunos casos? Una pregunta semejante, en todo caso, a la que se plantean algunos actores indígenas -sobre todo mapuches- respecto de la problematización del carácter nacionalista y colonialista del sistema educativo nacional que ha detonado la presencia de niños migrantes, mucho más que la que logró posicionar como demanda política el movimiento indígena, a partir del reclamo por una educación intercultural.
Esta ponencia se propone, entonces, explorar en los elementos de la formación nacional de alteridades de Chile que explican esta (aparente) paradoja. Lo hace a partir de un trabajo exploratorio sustentado en el análisis documental. Mediante la revisión sistemática de un corpus compuesto por publicaciones que se ocupan, por una parte, de la población afrochilena, y por la otra, de la migración internacional afrodescendiente presente en el país, este trabajo procura arribar a algunas hipótesis que pudieran considerarse explicaciones posibles de esta tensión, tanto para contribuir a ambos campos de estudio -el de la afrodescendencia y el de las migraciones- como para proponer vías de articulación de los movimientos sociales organizados en torno a las demandas de ambos “grupos” de la población.