RESUMEN
Un famoso estribillo de una canción borinqueña que narra: y en un país tan hermoso, ¿quién no se siente patriota?, inspiró a investigar la evolución de un patriotismo plasmado de una manera digital en la red social facebook, antes y después del huracán María. Se consideró la bandera puertorriqueña como un símbolo de nostalgia, sentimiento y patriotismo que ha constituído una representación simbólica de la nacionalidad que persiguen los puertorriqueños y se descifró como en la era digital, la sociedad puertorriqueña de clase alta vs la clase media o baja está consumiendo y construyendo vínculos sociales e interpersonales a través de movimientos “culturales” enlazados a la promoción del turismo o la venta de un producto o servicio.
Para el desarrollo de la investigación se optó por un abordaje cualitativo, de naturaleza exploratoria y método etnográfico a través de la red social Facebook con el propósito de documentar como las nuevas tecnologías han reconfigurado el turismo descrito por Molina (2005) como post-turismo. El mismo es definido como una amplia gama de cambios sociales y culturales, materializados en nuevos estilos de vida, que terminan a su vez en emergentes patrones de consumo.
Las manifestaciones o eventos evaluados que dieron luz a los resultados de la presente investigación fueron: “Sigue la bandera; 78 Pueblos y una bandera”, “Open Mobile pinta de oro a Puerto Rico”, “Puerto Rico se levanta” y “Dinner en Blanc, PR”. Como expresa Senabre (2007), se demostró que el usuario se lanza a la consecución de la aparente felicidad mediante un producto manipulado o abreviado de la auténtica esencia histórica de una civilización, sin percatarse del engranaje mercantilista al que pasa a formar parte, o aceptándolo como una parte más de sí mismo.
En Puerto Rico particularmente varios sistemas económicos han trazado su esencia sobre sus consumidores que quizás ni siquiera lo sospechan. ¿Quién se lucra?, ¿Quién lo organiza?, ¿Quién lo aprueba?. Desde esta perspectiva, el puertorriqueño valora, protege, persigue y se vincula con eventos que involucren su patria. Por ejemplo: en el mes de septiembre de 2016 inició el proyecto “78 pueblos y una bandera” el cual resalta distintos lugares de la isla. El mismo fue creado por un joven de 25 años de edad del pueblo de Villalba llamado Héctor Collazo que decidió pintar la bandera en lugares turísticos o que con la bandera se pudiese promover. El mismo intentó valorar las calles, playas, ríos, montañas, la gente e historia de Puerto Rico. Cada vez que finaliza una obra, coloca la foto en el álbum de su página de Facebook (@HectorPR16) con la dirección exacta y exhorta a sus seguidores a que se tomen fotos frente al mural y se las envíen colocando el hashtag #HectorPR16 para compartirlas en su página. El proyecto inspiró a la ciudadanía a darle la vuelta a la isla, a consumir y a conocer lugares pocos visitados por la mayoría de los boricuas. El interés ciudadano se desbordó palpablemente al punto de contar actualmente con más de 78,369 seguidores en sus redes sociales.
En definitiva, las experiencias están siendo llenadas por un particular modelo humano de vida sometido a un ritmo estructurado por el mercado. A menos, que como expresa Senabre (2007) seamos consciente de ello, en libertad donde las operaciones simbólicas culturales en que se está estructurando la oferta del turismo con este sesgo no son, en modo alguno,representaciones de la herencia cultural de la humanidad, por mucho que la publicidad insista en ello, son toscas simplificaciones que adquieren un cariz de calidad y de distinción al añadirles atributos culturales.
La verdadera esencia del testimonio de lo que ha sido la humanidad Puertorriqueña tiene otro perfil: es la acumulación de la experiencia cultural humana. Y en esa misma circunstancia es formar parte de la experiencia, lo más alejado que pudiéramos imaginar de los formatos en que se está presentando “lo cultural” arraigado a un ícono y sostenidos a palabras como: turismo, patrimonio y cultura. Por tal razón, es necesario desautorizar el planteamiento que trata de reducir y manipular el significado trascendente de la cultura puertorriqueña vendiendo una felicidad disfrazada de consumismo y sesgada de acuerdo a intereses consumistas por empresas y comercios del país.